Uso problemático de las tecnologías y personas mayores

4 min
¿Cómo podemos hacernos cultos digitales? Una guía da claves para conjugar longevidad y tecnología (Bigstock) Miia

Las TIC (Tecnologías de la información y la Comunicación) se han implantado con fuerza en nuestras vidas y van cambiando progresivamente la forma de entender el  mundo y de relacionarnos. Además del acceso a la información total en tiempo real, nos facilitan las cosas y nos abren todo un abanico de posibilidades en múltiples campos: social, laboral, formativo, ocio y entretenimiento. En principio todo son ventajas siempre que las utilicemos de forma controlada, racional y saludable en cuanto al tiempo de utilización, contenidos y contactos que establecemos a través de ellas.  

Así pues, estas nuevas herramientas vienen acompañadas de oportunidades y recursos, aunque suponen una gran transformación y cambios a los que es preciso  adaptarse. En este sentido, no conviene olvidar que todo cambio entraña también una serie de problemas o riesgos asociados. Casi siempre asociamos los riesgos a niños/as o adolescentes, pero hay que tomar conciencia del daño que puede ocasionar también a  la población adulta. En el caso de las TIC en personas mayores uno de esos problemas está relacionado con las dificultades de adaptación de algunas personas adultas a estas nuevas herramientas ya sea por miedo, desconocimiento o rechazo, pero también se  puede dar el fenómeno opuesto consistente en hacer un uso abusivo o problemático capaz de generar una dependencia respecto a las mismas cuando se convierten en el  centro de sus vidas descuidando otros aspectos vitales importantes. En este sentido, asistimos a un preocupante abuso del móvil y las redes sociales por parte de los  mayores de 70 años susceptible de generar adicción, detrás del cual se esconden otros problemas como depresión o soledad no deseada.  

¿Son los mayores un grupo de riesgo antes estas adicciones tecnológicas? 

La eclosión de las TIC ha alterado la gestión del tiempo y de las emociones en  todas las edades. Pero a diferencia de otras franjas de edad, la falta de estudios  epidemiológicos sobre el uso que hacen las personas mayores de estas herramientas impide cuantificar con exactitud cuántos mayores de 70 años sufren este patrón  adictivo. Sin embargo, los testimonios de los clínicos de primaria ya muestran un incremento de casos en los que la queja principal –insomnio, tristeza persistente,  apatía– oculta una dependencia tecnológica no diagnosticada. Para que no siga siendo un fenómeno que pase desapercibido es necesario que en las consultas de atención primaria se introduzcan en la anamnesis preguntas específicas sobre el uso de las TIC en la población mayor para detectar posibles usos problemáticos que puedan estar asociados a la sintomatología que presentan. 

"El fraude digital no se centra solo en la tecnología: ataca también la confianza de las personas"

¿Qué mayores especialmente? 

Estudios europeos han relacionado el uso excesivo de pantallas con un  incremento de los sentimientos de soledad en la población mayor de 65 años, un colectivo especialmente vulnerable tras la pandemia.  

Refiriéndonos a nuestro país, según el informe Envejecimiento en red de diciembre 2024 publicado por el CSIC, la brecha digital se ha reducido notablemente en España de 2006 a 2023. En 2023, más del 96% de los mayores de 60  años usaban teléfono móvil. El 80% de las personas entre 65 y 74 años utilizó internet. También lo hacían el 41% de los mayores de 75 años. Que se reduzca la brecha digital  generacional es una buena noticia, pero no a costa de un mayor riesgo de adicción por lo que se hace necesaria una adecuada educación digital en colectivos de personas mayores. En este sentido, varios servicios autonómicos de salud están empezando a  pilotar programas de “alfabetización digital responsable” en centros de mayores, aunque aún están lejos de ser una política generalizada.

Por su parte, OCU a través de una subvención otorgada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, está llevado a cabo un estudio para comprender la relación de la población sénior (60 años o más) con la tecnología digital, explorar su percepción de riesgo y sus actitudes hacia la ciberseguridad. 

En cuanto a la afectación, lo que se observa en general es que se trata de personas mayores que viven solas, se sienten abandonadas o sufren un malestar  emocional no detectado. 

¿Qué consecuencias pueden tener en este colectivo un uso abusivo de pantallas? 

Centrándonos en los riesgos asociados al uso problemático de las TIC en  personas mayores, conviene destacar aquellos que comprometen la salud tanto física como psicológica de las personas usuarias de las mismas. Entre las posibles consecuencias cabe mencionar: 

  • Es bastante frecuente que aparezcan trastornos del sueño (insomnio,  somnolencia diurna…) y del estado de ánimo, ansiedad, depresión, así como  dificultad para el manejo y control de los impulsos, acompañada de baja tolerancia a la frustración e irritabilidad. 
  • Sedentarismo con deterioro de la salud física y riesgo cardiometabólico. 
  • Trastornos visuales, auditivos y músculo-esqueléticos que dificultan la movilidad. 
  • A nivel cognitivo, problemas de memoria y atención lo que favorece los procesos degenerativos. 
  • Siendo herramientas interactivas, paradójicamente, en algunos casos, pueden llevar al aislamiento social (Hikikomori) al priorizarse las relaciones virtuales a las presenciales. Para las personas mayores que viven solas, la  pantalla se convierte en una ventana constante al exterior que, en lugar de aliviar el aislamiento, lo cronifica. Ya sabemos que las TIC nos acercan a lo lejano, pero pueden alejarnos de lo cercano. 
  • En el peor de los casos un uso abusivo reiterado puede generar dependencia y adicción.

¿Puede ser también una herramienta positiva a estas edades? 

Por supuesto que sí, siempre que se haga un uso razonable de las mismas que no comprometa la salud biopsicosocial de las personas mayores que, obviamente, están en una situación de especial vulnerabilidades. Es indudable que pueden ser de gran utilidad para estas personas, especialmente para favorecer sus relaciones e inserción social en situaciones de soledad no deseada. 

A modo de resumen, y como recomendaciones generales: en primer lugar, no se trata de demonizar la tecnología sino de utilizarla adecuadamente sin descuidar otras actividades importantes en la vida como las relaciones presenciales y, en se gundo lugar, incorporar en las consultas clínicas preguntas sencillas y claras que den pistas sobre el bienestar emocional del paciente. Solo así el sistema público de salud podrá anticiparse a un problema que hoy crece en silencio.