Hace años en Suiza se iniciaba la costumbre de poner en las esquelas la causa de la muerte. No parece que la idea haya prendido entre la población. Sin embargo, da la impresión de que se trata de una información relevante. Sobre todo, cuando la edad del fallecido/a no concuerda con la lógica (como si la muerte tuviera de lógico algo más que la consecuencia obligada de haber nacido).

Si se trata de un fumador, no estaría de más añadir que la causa final fue un cáncer de pulmón, porque además de informar puede prevenir. ¿Por qué tenemos ese interés en ocultar la causa de la muerte? Es una información que interesa y la prueba es que cuando conocemos la muerte de alguien, siempre surge el mismo dialogo:

- ¿Y de qué?

La información sin la causa queda coja.

-Creo que tenía algo de colon.

(El eufemismo: ese “algo” esconde la palabra cáncer).

No ocurre lo mismo con las muertes de la carretera, en donde se llega a decir antes el por qué, que el qué:

-Fulanito tuvo un accidente. Fatal. El coche quedo destrozado.

En otros procesos la cuestión es más difícil. Pero convendría abrir ese debate. ¿Sería tan absurdo leer tras el nombre del finado, la causa de la muerte? Pronto nos acostumbraríamos a la coletilla, como la que se nos brinda continuamente el “habiendo recibido los auxilios espirituales y la bendición ”. Es verdad que ahora las esquelas suelen tener una redacción que viene directamente de la familia y no de la funeraria que obedece al patrón tradicional. Ya se puede leer simplemente: compañero, amigo. Nos diste alegría. Fue un honor conocerte…

¿Y en este cambio sustancial que se está dando, no habría un sitio para el diagnóstico?. Un ictus acabó con su vida. El tabaco le paso la factura en forma de cáncer de pulmón. Un infarto de miocardio le rompió el corazón. Una neumonía, una infección generalizada… Por otra parte, tampoco se trata de un certificado oficial; de manera que si por alguna razón se quiere ocultar la causa, en la necrológica se puede ignorar o citar otra cualquiera. O se añade “de forma inesperada”.

La pregunta sigue en pie: si se dice con el eufemismo de la “larga enfermedad", ¿por qué no ampliar las causas para proporcionar una mejor información? ¿No os parece?

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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