Experiencia

Arturo Fernández: "El día que me retire dejaré de ser joven"

Antonio Castillejo

Lunes 4 de marzo de 2019

9 minutos

El veterano actor, que acaba de cumplir 90 años, continúa cosechando éxitos sobre los escenarios

Arturo Fernández
Antonio Castillejo

Lunes 4 de marzo de 2019

9 minutos

Arturo Fernández (Gijón, 1929) acaba de celebrar su cumpleaños como lo ha hecho durante toda su vida, trabajando sobre un escenario. En esta ocasión en Sevilla, protagonizando la comedia de María Manuela Reina Alta seducción. Es un caso único en nuestro teatro. Los años le sientan cada vez mejor a este eterno seductor que monta sus producciones con su propio dinero, las dirige, las protagoniza y hasta controla el decorado. Hablamos con él de su vida, su carrera y hasta de política.

Acaba de cumplir 90 años y continúa sobre el escenario cosechando éxito tras éxito. ¿Cuál es su secreto?

En primer lugar, debo decir que mi profesión me gusta sobre todas las cosas y eso es muy importante y luego hay que saber elegir a los autores, digamos, de éxito. Estas son dos cosas que te hacen sentir joven. Las ganas y las fuerzas las saco del amor a mi profesión, del respeto que tengo a todas las personas y a mí mismo. El secreto es hacer feliz a los demás, me llena de orgullo. Con pensar que al salir del teatro el público que te ha estado viendo durante dos horas ha sido feliz, ya me siento compensado. El haber acertado es muy importante, que la gente te felicite y que te den las gracias por esas dos horas 'tan maravillosas que usted me ha hecho pasar', me hace feliz porque entonces es que ha merecido la pena todo el esfuerzo.

¿Es cierto que apuntaba maneras de futbolista y terminó siendo boxeador?

Bueno, sí. Fracasé en las dos cosas. Y también es cierto que como boxeador me arreglaron la cara, porque en aquel entonces los boxeadores eran cirujanos. Y como futbolista, la verdad, es que estaba mal alimentado y no aguantaba más de veinte minutos en el campo, eso sí que es rigurosamente cierto.

¿Cómo le llegó la vocación de ser actor?

En realidad me la trajo el destino, porque todos tenemos un destino. A lo largo de la vida resulta que eres aquello que no pensaste ser, dijiste quiero ser tal cosa y luego fuiste otra. Yo en realidad nunca pensé que fuera a ser actor, pero tal vez mi vocación estaba escondida. Un día surgió haciendo figuración, porque yo empecé haciendo figuración para poder subsistir en Madrid, a donde llegué con veinte años y con una maleta llena de ilusiones. Mis estudios habían sido elementales y alguien me dijo que con la buena planta tenía que hacer figuración y así fue como empecé. Estuve cinco o seis meses haciendo figuración hasta que un ayudante -que por cierto, era asturiano y los asturianos siempre nos hemos ayudado muchísimo fuera de nuestra tierra- me preguntó si yo podía decir una frase en la película y yo le contesté que podía decirle hasta el Quijote. Y efectivamente, dije aquella frase que fue en una película que tuvo muchísimo éxito, La señora de Fátima, y que aún recuerdo: "Pero todavía no has dicho en casa que te alistas hoy". Y así desde entonces hasta estar charlando ahora contigo, aquí estoy.  

¿Cómo fueron sus comienzos en el teatro?

Es a día de hoy y todavía no lo sé porque como ya he dicho mi vocación no era la de actor. Pertenezco a una generación perdida, tuvimos una guerra civil, una posguerra que fue aún peor que la guerra, una guerra mundial, una posguerra mundial, en fin que todos los palos nos cayeron a nosotros y fuimos una gente extraordinaria, fantástica. Mi generación ha sido única, nunca más habrá otra así. Entonces, unos nos tuvimos que dedicar a una cosa, otros a otra, pero todo estaba siempre un poquito en el aire por la desorientación generalizada que produjo una guerra civil que ahora es importante olvidar, no recordar.

ART. FER.

¿Cómo, cuándo y por qué decide formar su propia compañía?

Lo hice porque es la ambición, o al menos lo era, de todo actor en mi juventud, en mi época. Yo hice muchísimas películas, como 70 películas de protagonista, pero mi ilusión era tener mi propia compañía y lo conseguí en 1961 con Dulce pájaro de juventud, de Tennessee Williams. La estrené en el teatro Eslava, que ya no existe, dirigida por Luis Escobar e interpretada por Amelia de la Torre. Aquello para mí significó un gran éxito de crítica y entonces me decidí a salir a provincias con la obra. Recuerdo que Luis Escobar me regaló el decorado y gracias a esa ayuda empecé y hoy tengo el honor de tener la compañía que más tiempo ha estado sobre los escenarios desde que existe el teatro en España y posiblemente en Europa. No existe un actor que haya estado 58 años con su propia compañía.

Recibió entonces la ayuda de Luis Escobar, pero seguramente fue la única, porque no ha recibido una ayuda pública en su vida…

Jamás, porque en mi generación no había subvenciones y yo he seguido ese camino. Creo que en esta profesión si te dan dinero te conviertes en un vago, porque ya lo tienes y esta es una profesión de mucho sacrificio. Cuando se levanta el telón la gente piensa ¡qué bello decorado!, pero eso ha costado muchísimo esfuerzo, tiempo, quebraderos de cabeza, la labor del teatro de quitar de poner… Los éxitos no se dan con frecuencia y para que surjan tienes que saber verdaderamente lo que el público espera de ti, lo que le gusta de ti, que es al mismo tiempo lo que a mí me gusta. La única subvención que recibo es la amabilidad del público que viene a verme. He sido incapaz de pedir una subvención, no sé ni cómo se hace y además creo que si la hubiera pedido no me la habrían concedido.

Mucha gente sostiene que hacer comedia es más difícil que hacer drama. ¿Qué opina?

Efectivamente, la comedia es un género mucho más difícil que el drama y prueba de ello es que cuando empezamos en el teatro o en el cine lo que queremos es hacer un drama. Pon cara seria, suelta el diálogo y punto. Pero en la comedia se necesita una flexibilidad, unas condiciones que no es fácil tener. Se nace con ella, requiere una elegancia, una forma de decir el diálogo. Es muy distinto. Ahora no se hace comedia. Mientras que en mi época, cuando yo empezaba, la alta comedia era precisamente la que existía sobre el escenario en toda Europa. Ahora no, incluso los críticos tampoco le dan la importancia que tiene, no se sabe porqué. A hacer un drama no le doy ninguna importancia. Cuando veo una interpretación dramática en el teatro, repito, no le doy ninguna importancia porque sé que es muy fácil. Se la doy a la comedia, pero a la comedia elegante, no chabacana, ordinaria ni de diálogo fácil.

¿De qué se siente más orgulloso de lo que ha hecho en teatro?

De todas las comedias. En realidad he tenido muy pocos fracasos en teatro, porque he sabido elegir a los autores. Qué duda cabe de que hay comedias que han significado mucho para mi, por ejemplo ¿Quién soy yo? de Juan Ignacio Luca de Tena. Fue para mí un espaldarazo muy importante. Pero anteriormente la oportunidad me la dio el gran actor don Rafael Rivelles. Cuando te llegan las oportunidades en esta profesión tienes que tener los cimientos muy bien hechos para poder demostrarlo. Sí, realmente me siento muy orgulloso de todas las cosas que he hecho, como de la última, Alta seducción, porque jamás en la historia del teatro en Sevilla una compañía había estado 41 días. Las compañías que van allí hacen cuatro o cinco días, yo he estado 41 y todos los días se ha colgado el cartel de no hay localidades y eso me llena de orgullo. La última comedia para mí siempre es la mejor y con este éxito de Alta seducción me echo a temblar pensando ¿y ahora dónde puedo encontrar otro éxito? y eso surge o no surge, los éxitos no se dan frecuentemente.

Quién soy yo

¿Y en la gran pantalla y en televisión?

En el cine, Truhanes ha sido una película importante en España. Era una forma nueva de hacer cine con esa comedia dramática. También estoy muy orgulloso de Tocata y fuga de Lolita y de muchísimas comedias, pero sobre todo de las primeras de cine negro que hice, como Distrito quinto y un Vaso de whisky, para mí fueron muy importantes, mi trampolín cinematográfico. Y en televisión, sin duda alguna, Truhanes, que se convirtió en una serie que protagonizamos Paco Rabal y yo. Y luego, que duda cabe, La casa de los líos, que ha sido una serie muy comercial para todos los públicos. En realidad, me siento muy orgulloso de mi profesión y, sobre todo, de que he dedicado estos 90 años a ella y ella me lo ha agradecido, me ha compensado mucho.

Arturo Fernández es el galán por excelencia ¿A cuántas mujeres habrá llamado ‘chatina’? ¿Cuál es el secreto de la seducción sobre el escenario?

(Entre risas) Yo puedo ser un seductor subido a un escenario por lo que ha escrito otro, pero no por mis propias palabras en la vida real. Y lo de ‘chatina’, pues efectivamente me quedé con el chatín, cosa que me halaga mucho. Me siento muy orgulloso cuando por la calle me dicen: 'Chatín ¿tú por aquí?’. Eso de chatín y chatina es muy agradable, porque es un tono cariñoso hacia las personas.

Usted pasa por ser conservador. ¿Es cierto? ¿Qué opina de la actual situación política española?

Yo soy un hombre responsable, de orden, de respeto y de disciplina, porque así me lo enseñaron. Soy conservador porque los años te hacen ser conservador. Todo político que ha sido de izquierda con los años se ha hecho conservador. La actual situación política me parece que es un descalabro, no sé a dónde vamos, cómo ni por qué. Hay falta de preparación. Hay que empezar por abajo y ahora todo el mundo quiere empezar por arriba y políticamente esa es una progresión muy difícil. Son situaciones que se dan y que no son entendibles, al menos para mí. En este momento, lo que está ocurriendo… espero que exista sensatez y orden, sobre todo el orden, eso que no tenemos y nos hace mucha falta.

¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos?

Pues aunque parezca increíble, no los tengo. Es la primera vez que me ocurre en mi vida, no tengo la próxima comedia. Aunque también es normal porque hay una edad en la que ya no puedes hacer ciertos papeles, ciertos personajes. Todavía me queda un año con Alta seducción y ya estoy pensando en la próxima comedia, es la única manera de estar presente sobre un escenario, de estar en forma. El día que yo me retire dejaré de ser joven y eso me fastidia, me molesta mucho.

Muchas gracias Don Arturo...

Gracias a ti, chatín.