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Miguel Castillo, octogenario estudiante de Erasmus: "Se lucha, y si se lucha se gana"

Antonio Castillejo

Lunes 18 de febrero de 2019

ACTUALIZADO : Lunes 18 de febrero de 2019 a las 0:24 H

8 minutos

Este notario de 81 años ha vivido una experiencia que califica de "maravillosa"

Miguel Castillo. Foto: Miguel Lorenzo
Antonio Castillejo

Lunes 18 de febrero de 2019

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Conversar con Miguel Castillo y compartir la sabiduría acumulada durante sus 81 años es un auténtico placer. Miguel tiene cuatro bypass y hace unos seis años tuvo que operarse de corazón, pero eso no ha mermado su entusiasmo por la vida y sus ganas de disfrutarla y aprender constantemente. De hecho, a pesar de su edad está cursando el último año de la licenciatura de Historia en la Universidad de Valencia y hace menos de un año se marchó con una beca Erasmus a estudiar en la localidad italiana de Verona.

"Fueron seis meses maravillosos. Ir de Erasmus fue un desafío que me hice a mí mismo después de mi periplo profesional como notario y tras mis problemas de corazón. Pero fue un desafío que también afronté gracias a un gran profesor de la facultad y gran amigo, Manuel Requena, que para animarme me repetía sin parar: "te falta algo, te falta algo". Fue entonces cuando me decidí a hacerlo y no me arrepiento porque esos seis meses en Italia fueron fabulosos, han sido una experiencia única, hasta el punto de que ahora que estoy con achaques me digo que tengo que volver a Verona porque allí no tuve ninguno" explica entre risas Miguel Castillo.

"El estudio ha sido una constante en mi vida"

Nació en 1937 en la valenciana Llíria, en el seno de una humilde familia de labradores. Su padre le dio a elegir entre el campo y los libros y él decidió estudiar. "El estudio ha sido una constante en mi vida. Primero hice la carrera de derecho y luego las oposiciones a notaría, ambas cosas en Barcelona donde residí cerca de quince años y a la que llevo en el corazón, sufro mucho con todos los problemas que están padeciendo ahora los catalanes", explica Castillo.

"Allí, en Barcelona, tuve la gran suerte de encontrar a Roberto Folliá Camps, un catalán que fue notario en Castellón y para mí como un padre. Fue mi mentor porque yo era un poco rebelde, pero él encauzó mi vida. De él, como de todas las personas que se han portado bien conmigo a lo largo de la vida guardo un recuerdo entrañable. Después, cuando fui notario, me dediqué a hacer lo que Folliá hizo conmigo como una manera de reconocimiento y agradecimiento, preparé a decenas de estudiantes a notarías sin cobrar por ello ni un duro igual que él hizo conmigo. A día de hoy, más de 30 notarios repartidos por toda España han sido alumnos míos y todos ellos me han correspondido y compensado con su amistad", cuenta Castillo que es uno de los cerca de 90.000 estudiantes universitarios que hay en nuestro país, según nos explica a 65ymas.com Elisa Nuez, vicepresidenta la Confederación Estatal de Asociaciones y Federaciones de Alumnos y Exalumnos de los Programas Universitarios de Mayores (CAUMAS).

Miguel Castillo no fue a Verona sólo, su mujer también compartió su aventura. "Fui con mi mujer y vivimos en un apartamento porque llegamos tarde para conseguir un colegio mayor, pero sobre todo porque mi mujer no dejaba de decirme: 'no me veo en la fiesta del pijama por los pasillos de un colegio mayor'. En aquel apartamento estuvimos de maravilla, siempre con la ayuda y el apoyo de mi mujer en esa ciudad a la que ahora volveré en el mes de abril,  con mis tres hijas y mis seis nietos, porque hemos sido invitados por el Colegio Notarial de Verona a unas jornadas de derecho europeo sucesorio y así aprovecho para que toda mi familia conozca la ciudad en la que he sido tan feliz", argumenta.

"Mi mujer no dejaba de decirme: 'no me veo en la fiesta del pijama por los pasillos de un colegio mayor'"

Nos dice este notario y estudiante de historia que en realidad conoció Verona hace mucho tiempo gracias a su pasión por la ópera: "Fui allí, hace ya 40 años, con mi primera mujer, que falleció hace doce, en un viaje de turismo. Fue una parada en el camino de Milán a Venecia y por la noche coincidió que había una representación de María Callas, pero que no era la Callas, porque, por mi desconocimiento en aquel momento, la confundí con otra maravillosa soprano, Renata Tebaldi, que era maravillosa y aquello me cautivó de tal manera que dije, como el general McArthur cuando salió de Filipinas, 'volveré'. Y tardé 40 años en volver, pero volví".

Otra de las grandes pasiones de Miguel Castillo es el fútbol, nos recuerda como "jugué al fútbol en los juveniles del Valencia antes de ir a Barcelona. Allí entré en el equipo de Hilaturas Fabra y Coats, que después se convirtió en el filial del Barcelona y saqué un poquito de dinero para poder ayudarme en mis estudios de derecho que, por cierto, por culpa del fútbol no empezaron bien. Yo había sido premio extraordinario de bachiller, pero suspendí todas las asignaturas del primer curso de Derecho por querer hacerme el fanfarrón con el fútbol. Pero como todos en la vida, ante las dificultades que he encontrado he tenido que luchar. Se lucha, y si se lucha se llega".

De hecho, el fútbol también estuvo presente en la aventura italiana de Miguel. "El Hellas Verona iba muy mal en la liga, hasta el punto de que bajó a segunda división la temporada pasada y me dijeron que necesitaban mi ayuda, yo agradecí la llamada, pero les contesté que como no fuera para correr por la banda con una bandera a los 81 años iba a ser un poco difícil para mí echar una mano. También agradecí la llamada de la Fiorentina de Florencia cuyo preparador de porteros es un muchacho también de Llíria como yo y tuvo la gentileza de llamarme para hacer el saque de honor en un partido. Ahora veo y sigo los resultados del Hellas Verona y también del Chievo Verona que por desgracia va fatal". 

"Desde el primer alumno hasta el último se han portado como amigos, como hijos, pidiendo consultas y consejos, invitándome a sus fiestas aunque, como es lógico, yo siempre les decía que me iba a una hora moderada"

Sigue conversando Miguel sobre su experiencia en la Universidad de Verona y recuerda como entre tanta gente joven se sentía "de maravilla porque desde el primer alumno hasta el último se han portado como amigos, como hijos, pidiendo consultas y consejos, invitándome a sus fiestas aunque, como es lógico, yo siempre les decía que me iba a una hora moderada, la una o las dos de la madrugada, porque por mi edad ya no puedo aguantar más, la verdad es que se han comportado estupendamente, al igual que el profesorado y todo el personal que han sido exquisitos en su comportamiento. Además el rector me impuso la medalla de la Universidad porque me dijo que gracias a mi ha aumentado el número de Erasmus para éste curso".

Lo que sucede, continúa Miguel Castillo, es que "tienen más llamada a la hora de hacer un Erasmus Florencia, Bolonia, Milán o Roma y Verona no es que estuviera apartada totalmente pero es una ciudad de 250.000 habitantes y menos conocida para estas estancias de estudiantes, pero el rector me dijo que gracias a mi se ha triplicado el número de Erasmus para este curso, lo cual es de agradecer. Como tengo que agradecer infinitamente la gran ayuda que he tenido de mi mujer María Luisa Alamá, cuyos orígenes también descienden de Llíria. Yo cuento como anécdota que a mi mujer en Verona la preguntaron '¿y usted no tiene miedo del contacto de su marido con gente joven, de la belleza de las italianas y de otras mujeres extranjeras ?' y ella, espontáneamente, contestó 'no tengo rival' y desde entonces, en casi todos los ámbitos de Verona la llamaban 'la que no tiene rival'". 

Además de historia, Miguel asegura que gracias al Erasmus también aprendió "la importancia del contacto con la gente el conocimiento más humano, que no somos tan distintos unos de otros. Ese contacto con gente de la calle, con gente de la universidad y con cualquiera que encontraba ha sido fantástico y, sobre todo ir por las calles de Verona y sentirme como un verrones más. Incluso el alcalde me dijo que me tendrían que inscribir como ciudadano de Verona y, la verdad, es que no me importaría aunque yo, como es lógico, no voy a renunciar nunca a mi ciudadanía española, valenciana y sobre todo a la de Llíria. Ha sido un aprender constante, porque enseñar a mi edad poco se puede enseñar salvo la experiencia que se acumula con los años, pero ha sido una época realmente inolvidable".

En este punto, el periodista no puede dejar de preguntar al entrevistado qué le hizo más ilusión, la condecoración de la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort que le impuso en su día el Ministerio de Justicia o la medalla de la Universidad que le otorgó en Verona el rector de la Universidad. Miguel Castillo no lo duda: "La verdad es que han sido dos reconocimientos, uno en mi trayectoria profesional como notario y otro como alumno y los dos, podría decir que al 50%, me han satisfecho mucho porque siempre es un honor que se acuerden de uno aunque sea viejo".

"Ha sido una experiencia que sin duda no dudaría en recomendar a toda la gente mayor"

Pero Miguel no quiere acabar esta conversación sin asegurar que "ha sido una experiencia que sin duda no dudaría en recomendar a toda la gente mayor. La verdad es que ahora que hemos empezado el segundo semestre del último año de carrera, he comprobado que no hay gente de mi edad, pero sí de 60 o 70 años, y yo les animo a todos porque es una experiencia inolvidable. De todo esto solo me molestó el oír algún comentario sobre que si yo le había quitado la beca a otra gente y la verdad es que eso no fue así porque yo la primera condición que impuse fue decir que si por mi decisión se sacrificaba a otro alumno más joven no lo iba a hacer en absoluto".

"La realidad es que muchas veces no se cubren las plazas y esto pasa porque las ayudas que reciben los alumnos son insuficientes, yo me lo he podido permitir pero hay gente que no puede y por eso siempre que tengo ocasión insisto a las autoridades que aumenten la ayuda de la gente que va de Erasmus porque es una experiencia sensacional y una forma de integración, en principio en Europa y después prácticamente a nivel mundial. Creo firmemente que las autoridades debían incrementar la ayuda económica que ahora es totalmente insuficiente y representa un gran sacrificio para los padres de los hijos que van a cursar estos estudios de Erasmus", concluye Miguel Castillo.

Sobre el autor:

Antonio Castillejo

Antonio Castillejo

Antonio Castillejo es abogado y periodista. Comenzó su carrera profesional en la Agencia Fax Press dirigida entonces por su fundador, Manu Leguineche, en la que se mantuvo hasta su desaparición en 2009. Especializado en información cultural y de viajes, desde entonces ha trabajado en numerosos medios de prensa, radio y televisión. Actualmente volcado con los mayores en 65Ymás desde su nacimiento.

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