Cómo conservar las castañas y cocinarlas para disfrutar de todo su sabor
Este fruto necesita una conservación adecuada y un sencillo paso antes de cocinarlo
Las castañas son uno de los alimentos más característicos del otoño. Asadas, cocidas o preparadas en la freidora de aire, ofrecen distintas posibilidades para disfrutar de su sabor ligeramente dulce y su textura tierna. Sin embargo, para sacarles el máximo partido, es clave saber cómo conservarlas y qué métodos de cocción permiten prepararlas de una manera simple en casa.
Si bien se suelen asociar a los frutos secos, las castañas son una fruta fresca, por lo que necesitan unas condiciones de conservación determinadas. Además, antes de cocinarlas es importante seguir un sencillo consejo para evitar que revienten durante la preparación.

Cómo conservarlas
A diferencia de las nueces o las almendras, las castañas no están pensadas para almacenarse durante meses. Una vez compradas, lo recomendable es guardarlas en la nevera dentro de su propia malla para permitir que circule el aire.
En condiciones adecuadas, se recomienda consumirlas en un plazo aproximado de dos semanas. Por ello, lo ideal es comprarlas en función de la cantidad que se vaya a utilizar y revisar su estado antes de cocinarlas.
Cómo cocinarlas: al horno, cocidas o en airfryer
Para preparar las castañas en casa, existen varias formas, dependiendo del tiempo disponible y del resultado que se busque. Antes de empezar, es fundamental hacer un corte en la piel de cada castaña. Esto ayuda a evitar que exploten durante la cocción y facilita retirar la cáscara después.
Estas son tres opciones simples para que las prepares en casa:
- En la freidora de aire: cocina las castañas a 190 °C durante aproximadamente 5-18 minutos, comprobando cómo avanzan para evitar que se quemen.
- Cocidas: introdúcelas en agua y déjalas hervir a fuego medio durante 20-30 minutos, hasta que estén tiernas.
- Al horno: precalienta el horno a 200 °C y ásalas durante 25-35 minutos, hasta que la piel se abra y el interior esté hecho.
Una vez que estén cocinadas, déjalas enfriar ligeramente antes de pelarlas, pero no esperes demasiado, ya que retirar la cáscara mientras aún están templadas suele resultar más fácil.

