El envejecimiento del intestino podría tener un papel decisivo en la pérdida de memoria
Un estudio en ratones consigue revertir el deterioro cognitivo
La edad nos hace olvidar cosas, algo que suele considerarse una verdad universal pero que no tiene por qué ser siempre así. Alginas personas pueden llegar a conservar sentidos como la vista a los 100 años mientras que otras pueden empezar a sufrir pérdidas de memoria a partir de la mediana edad.
Pese a que esta pérdida de memoria se atribuye comúnmente al envejecimiento y la degeneración cerebral, existen evidencias de que otros porcesos corporales influyen en la capacidad de formar recuerdos.
La memoria podría, de hecho, comenzar en el intestino, algo que parece imposible pero que, gracias a un reciente estudio publicado en la revista Nature, podría ser utilizado para revertir el deterioro cognitivo. Dicho estudio muestra que modificar la comunicación entre el intestino y el cerebro permite restaurar funciones cognitivas perdidas con el envejecimiento, algo que se ha probado en ratones.
Un nuevo descubrimiento
Los investigadores de la Universidad de Medicina de Stanford y al Arc Institute (Estados Unidos), han comprobado que el envejecimiento del intestino altera la comunicación con el cerebro por el nervio vago, fundamental en la transmisión de información entre ambos órganos.
Este deterioro favorece la pérdida de memoria en ratones, así como otros deterioros asociados a la edad. Al estimular determinadas neuronas sensoriales del intestino, el grupo investigador consiguió restaurar una función cognitiva similar a la de los jóvenes animales.
En este proceso tiene un papel fundamental el microbioma intestinal, que cambia con el envejecimiento. Así, los investigadores trasplantaron el microbioma de ratones viejos a ratones jóvenes y evaluaron su memoria y capacidad de aprendizaje.
Cuando recibieron el microbioma de los ratones viejos, los ratones jóvenes comenzaron a sufrir un deterioro cognitivo similar al sufrido por envejecimiento, mientras que, cuando eliminaron estas bacterias intestinales con antibióticos, los animales recuperaron niveles de memoria normales para su edad.
Por otra parte, los ratones criados sin microbioma desarrollaron un deterioro cognitivo mucho más lento, que refuerza la idea de que algunos microorganismos favorecen el envejecimiento cerebral.

La bacteria que podría acelerar la pérdida de memoria
Los investigadores identificaron como principal sospechoso del deterioro a la bacteria Parabacteroides goldsteinii, que aumenta con la edad, aunque puede no ser la única responsable.
Dicha bacteria produce ácidos grasos de cadena media (AGCM), unas moléculas que activan células inmunitarias del intestino y desencadenan una respuesta inflamatoria. Esta inflamación es la que altera la actividad de las neuronas del nervio vago y afecta al hipocampo, la región del cerebro responsable de la formación de recuerdos.
Cómo consiguieron recuperar la memoria
Entre las estrategias probadas por el grupo investigador, además de reducir el microbioma con antibióticos, se utilizaron un bateriófago que redujo la presencia de Parabacteroides goldsteinii, lo que redujo el nivel de AGCM, mejorando la memoria de los ratones.
Otra de las técinas aplicadas fue estimular directamente el nervio vago a través de la hormona intestinal CCK y agonistas del receptor GLP-1. Estos medicamentos son de la misma familia que los utilizados contra la obesidad y la diabetes. Ambas técnicas lograron mejorar los déficits de memoria relacionados con la edad.
La pregunta clave ante dichos descubrimientos es si realmente es aplicable en humanos. Los investigadores no aseguran que el mismo mecanismo funcione en humanos, ya que hasta el momento solo se ha probado en ratones.
Sin embargo, recuerdan que la estimulación del nervio vago ya está siendo utilizada en algunos pacientes para el tratamiento de espilepsia o ictus, y que también lleva a la mejora cognitiva.
Es por ello que la consideran una vía que podría convertirse en una nueva estrategia para prevenir o tratar el deterioro relacionado al envejecimiento, además de abrir nuevas líneas de investigación frente a enfermedades como la demencia o el Alzhéimer.
