Un neurólogo explica cómo actuar ante los delirios y la agresividad en personas con alzhéimer
David Pérez aborda los errores que cometen las familias y cómo actuar ante los cambios de conducta
El alzhéimer no solo afecta a la memoria. A medida que avanza la enfermedad, pueden aparecer cambios en la conducta, episodios de agresividad, ideas delirantes o dificultades para reconocer a las personas más cercanas. Para las familias, afrontar estas situaciones puede resultar especialmente complicado y generar dudas sobre cómo actuar.
El neurólogo David Pérez Martínez aborda estas cuestiones en una entrevista en el podcast 'Rompiendo el Molde', en la que repasa algunos de los principales retos a los que se enfrentan los pacientes y sus familiares.
Una de las ideas que destaca Pérez es la importancia de adaptar el acompañamiento a cada momento de la enfermedad. El alzhéimer es progresivo y las necesidades de la persona van cambiando, por lo que el entorno no debería tomar decisiones por ella antes de que sea necesario.
En las primeras fases, el neurólogo considera especialmente importante que el paciente conserve el control sobre su propia vida y pueda participar en decisiones relacionadas con su futuro. Entre ellas se encuentran las voluntades anticipadas, un asunto que, reconoce, puede resultar incómodo para las familias: "Es una conversación muy incómoda, pero hay que tenerla", señala Pérez al referirse a la necesidad de hablar de estas cuestiones antes de que la enfermedad avance.
El objetivo es que la persona pueda expresar sus preferencias cuando todavía conserva la capacidad para hacerlo, en lugar de dejar todas las decisiones en manos de sus familiares cuando el deterioro ya sea mayor.
Qué hacer ante los delirios
Otro de los problemas que pueden aparecer durante la evolución del alzhéimer son las ideas delirantes. La persona puede estar convencida de situaciones que no se corresponden con la realidad, algo que puede provocar discusiones con sus familiares cuando estos intentan demostrarle que está equivocada.
Pérez aconseja evitar la confrontación directa. Según explica, insistir en que la persona está equivocada o intentar convencerla constantemente de la realidad puede aumentar su frustración y favorecer una respuesta de mayor agresividad.
En estos casos, la recomendación pasa por acompañar la emoción que está experimentando la persona y tratar de reconducir la situación en lugar de entrar en una discusión sobre lo que es real y lo que no.
La misma estrategia puede resultar útil cuando aparecen episodios de agitación o agresividad. El especialista apunta a la importancia de comprender qué está provocando esa conducta y utilizar recursos que ayuden a tranquilizar al paciente.
