Sociedad

Bárbara Rey Actis: "El pico de la felicidad se alcanza a los 70 años"

Ana Bedia

Sábado 11 de febrero de 2023

ACTUALIZADO : Lunes 5 de junio de 2023 a las 14:46 H

11 minutos

La experta en longevidad dice: "La intergeneracionalidad es la mejor herramienta contra el edadismo"

Bárbara Rey Actis: "El pico de la felicidad se alcanza a los 70 años"
Ana Bedia

Sábado 11 de febrero de 2023

11 minutos

Bárbara Rey Actis (@barbarareyactis) es toda una experta en longevidad. Es fundadora de Longevity Initiatives, un proyecto enfocado en la investigación, generación de contenidos y consultoría sobre la longevidad y sus retos y oportunidades, para aportar ideas y soluciones que ayuden a las personas a tener una vida plena con sentido. Bárbara Rey acaba de publicar 'Una longevidad con sentido', un libro que trata de romper con los prejuicios asociados a la vejez y que nos da las claves para vivir muchos años de la mejor manera posible.

PREGUNTA: ¿Cómo se logra una longevidad con sentido? ¿Una vida larga, plena y con sentido? (salud, patrimonio y relaciones)

RESPUESTA: La vida larga la tenemos garantizada gracias a la cantidad de años de vida extra que la medicina, la tecnología y los avances nos han logrado dar a los seres humanos. Esa parte, más o menos, la tenemos garantizada. El tema de darle el sentido a la vida es algo en lo que tenemos que trabajar. Tomando conciencia de esta vida mucho más larga (presumiblemente con mejor salud, mayor nivel de actividad y de integración), tenemos que encontrar un propósito, algo que a nosotros nos dé sentido y que también podamos proporcionar una retribución a los demás. Y eso es lo que va a dar sentido a una vida larga.

P. : Divide el libro por capítulos en salud, patrimonio y relaciones. ¿Qué importancia tienen cada uno de estos aspectos en esa longevidad consentido?

R. : Realmente cuando se habla de longevidad, la mayor parte de la gente se centra directamente en la parte de la salud. De hecho, mucha gente piensa que yo hago longevidad sólo dedicada a salud. Es verdad que la salud es lo primero, es un gran patrimonio que tenemos que cuidar. Pero además de tener en cuenta el cuidado de la salud, que es lo que nos va a permitir estar activos, conectados, presentes y productivos, tenemos que tener en cuenta el tema del patrimonio, porque vivir más años implica mayor necesidad de dinero para poder financiar esta larga vida. Y aunque también vamos a tener la mayor parte de nuestra vida con salud, va a haber algunos años, sobre todo al final, en los que, lamentablemente, tendremos algún tipo de dependencia, de enfermedad crónica o algún tipo de debilidad por lo que vamos a necesitar contar con mayor cantidad de dinero.

Y la tercera parte, que para mí al final es la más importante y la que le termina de dar sentido a la vida, son las relaciones. En primer lugar, reinterpretar la relación con el tiempo, porque siempre digo que vivimos más que nunca, pero somos pobres de tiempo y tenemos que encontrar este espacio para ser conscientes de lo que implica vivir una vida de 100 años. Y la relación con nosotros mismos, porque con quien más vamos a estar en esta larga vida va a ser con nosotros mismos. 

Una labor y una tarea de autoconocimiento muy profundo es lo que nos va a permitir poder relacionarnos y conectar mejor con los demás, con el entorno, con la familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo… para el final de todo, la mayor relación que podemos tener es conseguir nuestro ikigay, cumplir con nuestro propio propósito y con lo que a nosotros nos hace feliz. Pero de nuevo, devolviendo algo a la sociedad y dejando una huella, un legado. 

P. : ¿Las personas somos conscientes de la necesidad de planificar nuestra longevidad? ¿Por qué es tan importante?

R. : No. Mi experiencia me dice que la mayor parte de la gente ni siquiera es consciente de cuántos años va a poder vivir. Aquí en España tenemos una de las esperanzas de vida más largas del mundo, hoy por hoy está alrededor de los 83-84 años. Además, sabemos que las mujeres vamos a vivir de media siete años más que los hombres. Pero, cuando le preguntas a alguien cuánto cree que va a vivir, muy poca gente dice más de 80 años. 

Además, la esperanza de vida va creciendo, por cada 10 años que vivimos, la esperanza de vida se incrementa en dos años, es decir que si hoy está en 80 y pico, dentro de unas décadas va a estar mucho más alta, y la gente no está concienciada. No tiene la conciencia de lo que yo llamo: “practicar la gratificación diferida”.

Tenemos que entrenar esta “gratificación diferida”, que es hacer pequeños esfuerzos, pequeños sacrificios, pequeñas contenciones hoy, para que repercutan positivamente en nuestro yo futuro, sobre todo en términos de salud y en términos de patrimonio, que es el ahorro, el estudio, cultivar el capital humano, es tener inversiones, no confiarlo todo al Gobierno de cara a la jubilación... Esto es lo que más cuesta trabajar. 

P.: ¿Cree que a la sociedad le falta formación en este sentido?

R.: Sí, porque la longevidad es un fenómeno actual, social y transversal. Es muy actual porque la esperanza de vida se han visto incrementada en términos exponenciales en muy poco tiempo, no nos ha dado capacidad de reacción y evidentemente hay que hacer una labor educativa. Hay que movilizar conciencias para pasar a la acción. Y esta es un poco mi labor, dar a conocer a la gente lo que implica vivir casi 100 y las herramientas que tenemos a nuestro alcance para poder disfrutar esta vida.

P. : ¿Instituciones públicas y empresas están actuando a la altura de la revolución de la longevidad? En el libro habla de la lentitud en la capacidad de adaptación de las mismas... ¿Qué deberían hacer y no hacen?

R. : Esto es un poco como lo que siempre se dice de que la ley va por detrás de la realidad. Esto nos ha pillado a todos un poco por sorpresa. Sería injusta si dijera que no se está haciendo nada, porque sí que se están haciendo cosas a nivel gobierno y a nivel empresa, pero a fecha de hoy, creo que es más lo que se habla de que lo que se hace. Hay que marcar una agenda y hay que empezar a implementar políticas verdaderas, pero que, sobre todo, incluyan a las personas mayores a la hora de determinar cuáles son esas acciones y no se piense por ellos. Aquí creo que es donde más trabajo hay por hacer. Se termina siempre pensando por el mayor, pensando lo que creemos que es lo mejor, lo que hay que hacer, en lugar de ir al sénior y preguntarle qué es lo que necesita.

P. : En el libro hace referencia constante a la necesidad de un cambio de mentalidad: ¿a qué te refieres?

R. : Si bien la longevidad, como decíamos antes, es un fenómeno social, parte desde las personas. Mi propuesta es que las personas tengan un abordaje hacia la longevidad muy personal, muy desde el yo, muy positivo (pensar que vamos a disfrutar de una buena vida durante más tiempo) y proactivo, es decir, de nuevo la gratificación diferida, ir pensando, planificando, organizando y, sobre todo, ir descubriendo esas herramientas que están a nuestro alcance y que nos van a permitir disfrutar de una mejor vida. Este es el cambio de mentalidad que hoy por hoy y sobre todo en España, que tenemos una contención social y gubernamental muy grande en términos de salud y de jubilación. Siempre pensamos que el gobierno se va a ocupar de nosotros en términos de pensiones y de salud, y esto no siempre va a poder ser así. 

P. : Y en ese cambio de mentalidad también tiene mucho que ver cómo la sociedad ve al mayor, ¿verdad? En el libro desmonta muchísimos estereotipos y demuestra con rigor científico que los mayores pueden seguir aprendiendo, ser creativos, emprender ... y me encanta la frase: “Nunca es tarde para convertirse en quien realmente se quiera ser”. ¿Cuáles son las falsas concepciones sobre la vejez que consideras más relevantes?

R. : La primera de todas es pensar que la vejez empieza a determinada edad. Por lo general se relaciona los 65 años, que es cuando la mayor parte de la gente pasa a estar jubilado, con el inicio de la vejez, cuando cada vez más se está disociando la edad cronológica de la edad biológica. Hoy por hoy, podemos ver personas de 70 años, 80 y 90 que biológicamente pueden estar mejor que una persona de 30. Hay que romper con el tema cronológico y no decir que a los 65 nos convertimos en viejos, porque si lo miramos en perspectiva, si viviéramos en Estados Unidos, en Silicon Valley, a los 40 años seríamos viejos porque ya no podríamos estar activos en sus empresas. La edad es algo relativo. 

En segundo lugar, está el mito de que la vejez está asociada sí o sí a la enfermedad y se cree que todas las personas mayores están enfermas. Sabemos que hay mucha gente de 60, 70, 80 e incluso 90 años que goza de muy buena salud, tanto física como mental y que no está atada a una edad.

Lo tercero es pensar que son pasivos, porque asociamos la jubilación con la pasividad y a creer que ya no generan, que son dependientes, … Y una persona solo por el hecho de salir del mercado de trabajo no implica que sea pasiva. Sigue teniendo muchas actividades, pagando sus impuestos, consumiendo…, muchos siguen invirtiendo, fundando empresas o asesorándolas. Y eso de que una persona a partir de los 65 años se sienta en el banco de la plaza a dar de comer a las palomas está radicalmente excluido. 

Y, para mí, la peor es pensar que toda la gente mayor es igual. Esa tendencia a la ‘bolsa de gatos’, a que si tienes 65 años ya vas a la ‘bolsa de gatos’, a pensar que todos mayores son iguales. Y si los miramos demográficamente y cuantitativamente, la mayor cantidad de personas hoy por hoy tienen más de 50 y es el colectivo más heterogéneo del mundo. No podemos pensar que son todos iguales.

También siempre se dice que las personas mayores son cascarrabias y tienen mal humor, cuando de hecho, está comprobado que el pico de la felicidad se alcanza a los 70 años. La gente de 70 años tiende a ser bastante más feliz que los jóvenes de 20 y de 30. 

Y por último, el tema de la tecnología. También pensamos que la gente mayor por el hecho de serlo no maneja la tecnología, cuando está comprobado que está más vinculado a un tema de educación que de edad, como demuestra que los baby boomers, que ahora están envejeciendo, se manejan perfectamente con la tecnología.

P. : ¿Por qué es tan importante romper las “creencias limitantes”? 

R. : Porque eso es lo que nos va a permitir disfrutar de una larga vida. Tenemos que quitarnos estos sesgos, estas falsas creencias, para poder mirar a los mayores de hoy con otros ojos, pero también para poder proyectar nuestra propia vejez de otra manera, esto es lo más importante.

P. : ¿Qué se puede hacer para romper con estos estereotipos y con el edadismo arraigado en nuestra sociedad?

R. : Esta es una de las principales lacras. Yo en lo que creo y estoy convencida es en el fomento y en la práctica de la intergeneracionalidad. No creo, ni a nivel negativo ni a nivel positivo, que a la gente mayor haya que aislarla. Es decir, no creo que haya que encerrarlos en una residencia ni tampoco venderles la edad dorada de Estados Unidos, que estaban todos superfelices, jugando al golf y al bingo todo el día. Aislar a la gente mayor de la sociedad fomenta el edadismo. 

Cuanto más integrados estén en el mundo laboral, a través del talento sénior, de contar con ellos como mentores, como asesores, como inversores…, mejor y poder tener relación con gente mayor más allá de la propia familia, para muchas personas su parámetro de gente mayor es solamente sus abuelos, porque no tienen oportunidad de interactuar con más personas mayores… La intergeneracionalidad es la mejor herramienta para romper con el edadismo.

P. : ¿Cuáles son las claves para una longevidad saludable?

R. : Esto también es romper con un gran mito, porque mucha gente se escuda, o a veces nos justificamos, o decimos, que tenemos una mala genética. Actualmente, hay estudios que nos dicen que el 70% de las enfermedades, o del estado de salud que seamos capaces de tener, depende de nuestro estilo de vida, no de la genética. Hay estudios incluso que llegan al 80%, pero bueno, nos quedamos en el 70. Entonces, si el 70% no es achacable a la genética, eso quiere decir que está en nuestras manos. Mi propuesta, y la principal herramienta para tener una vida saludable, es el autocuidado. Es practicar un estilo de vida con pequeños gestos, con pequeños actos, que promuevan cuidar nuestra alimentación, nuestro movimiento a lo largo del día, un buen descanso, la salud mental…

El autocuidado es la herramienta más potente para una vida saludable y para poder retrasar o evitar lo más posible que desarrollemos enfermedades crónicas. 

P. : En el libro habla de dos horizontes relacionados con los avances científicos relacionados con la longevidad. El cercano y el lejano… ¿Se lo puede explicar a nuestros lectores?

R. : Oír que la esperanza de vida en España está en 85 años, que presumiblemente los que ahora tenemos 40 o 50 podamos alcanzar una vida de 100 años y que el límite natural de vida del ser humano está en 120 genera un poco de inquietud en la gente. Y existen muchos científicos y muchas empresas que se están empeñando en intentar llegar a esto. 

En un horizonte cercano, de aquí a 5-10 años, se va a trabajar mucho en la prevención del surgimiento y de la evolución de enfermedades, sobre todo crónicas, en el retraso de la aparición, para que la mayor parte en nuestra vida sea saludable, pero también en la reversión de la edad biológica. 

Hay un científico, David Sinclair, que dice que “cuanto más vivamos, más vamos a vivir”. Porque a lo que a lo que se está apuntando es alcanzar lo que se llama “velocidad de escape”, que quiere decir que los avances tecnológicos van a ir por delante del paso del tiempo natural. Entonces, cada año que vivamos igual, ganamos uno o un año y medio más.

Y el horizonte lejano es alcanzar lo que se llama “hiperlongevidad”, que algunos lo ponen en términos de inmortalidad, que es llegar a 150 o 200 años. 

Lo que se está trabajando ahora es en el Internet of bodies (Internet de los cuerpos), igual que está el Internet of things (Internet de las cosas), donde vamos a estar totalmente monitorizados en casa, con herramientas a nuestro alcance, para poder identificar cualquier alteración de manera muy temprana. Todo lo que es retraso y reversión va a estar en nuestras manos en cinco o diez años.

Sobre el autor:

Ana Bedia

Ana Bedia

Ana Bedia es la Directora de 65YMás, fundado por Fernando Ónega en 2019. Labor que compagina con su cargo de CEO y cofundadora de Vinylradar, marketplace de discos de vinilos y web con contenidos relacionados con la música.

Licenciada en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca, ha estado vinculada durante toda su trayectoria a la cobertura de breaking news de política, sociedad y economía y a la información de tecnología; ha sido redactora jefe y responsable de la web de Cambio 16, además de Jefa de actualidad en Terra Networks España y en el diario gratuito 20 minutos. También ha sido directora del primer diario gratuito rural de España, Infórmate Gratis, con una tirada media de 14.000 ejemplares diarios.

Entre sus colaboraciones periodísticas relacionadas con la tecnología destacan las publicadas en el suplemento ‘Los Domingos’ del diario ABC, la revista Wired y Terra.

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