Sociedad

Paco Arévalo: " Hay mayores, pobrecitos míos, que no tienen a nadie ni les hace caso nadie"

Antonio Castillejo

Lunes 30 de noviembre de 2020

1 minuto

A sus 73 años, el humorista, que empezó como torero cómico, cree que "en la sociedad hay edadismo"

Paco Arévalo: " Hay mayores, pobrecitos míos, que no tienen a nadie ni les hace caso nadie".  Foto: Facebook Paco Arévalo
Antonio Castillejo

Lunes 30 de noviembre de 2020

1 minuto

Francisco Rodríguez Iglesias, conocido en el mundo del espectáculo como Arévalo, nació en Madrid el año 1947 y es, sin lugar a dudas, uno de los humoristas más populares, queridos y respetados de nuestro país. Con él hemos charlado sobre su dilatadísima trayectoria, pero  también sobre la pandemia de covid-19, los mayores, la soledad no desdeada y el proyecto 'A tu lado' de la Unión Democrática de Pensionistas (UDP).  
 
Paco Arévalo: " Hay mayores, pobrecitos míos, que no tienen a nadie ni les hace caso nadie".  Foto: Facebook Paco Arévalo

PREGUNTA: Sus primeras actuaciones, hace ya 50 años, fueron como torero cómico en el espectáculo de 'El Bombero Torero'...

RESPUESTA: Así es, empecé como torero cómico. Antes fui representante de muchísimas cosas desde los 17 años y después del servicio militar empecé a torear como torero cómico junto a mi padre en el espectáculo de 'El Bombero Torero' y allí estuve tres o cuatro años recorriendo todas las plazas de España, haciendo unas cien funciones por año

P.: Tu nombre de pila es Francisco Rodríguez Iglesias, pero creo que tu nombre artístico viene de tu padre...

R.: Así es, cuando naces o te crías en un pueblo, si tu padre es famoso imitando a Charlot o a Cantinflas, lógicamente los motes del pueblo eran el de los Charlots o el de los Cantinflas. Mi padre como torero cómico era Arévalo, su segundo apellido, y cuando empiezo a ser cómico, adopto el nombre cómico de mi padre en diminutivo, Arevalito. En el espectáculo éramos El Bombero Torero, Arévalo, Manolín y Arevalito. Lo hice para que continuara el nombre, ya prestigioso, de mi padre como el mejor torero cómico que ha dado la historia.

P.: A finales de los 70 decidiste ya dedicarte al humor...

R.: Sí, ya en 1977 y 78 empiezo a hacer galas por toda España y grabé una cinta de cassette con chistes  y para 1979 o 1980 era el cómico más contratado de España. Tuve durante cinco años seguidos el premio al artista más contratado igual que Bertín Osborne, Alaska, La Orquesta Mondragón...

P.: Nos dices que hiciste una cinta de chistes, pero lo cierto es que fueron más de 30.

R.: Sí claro, pero aquella primera cinta pegó tan fuerte que seguimos con ellas. Yo entonces estaba trabajando a diario en Bilbao y conforme iba haciendo cintas mi representante iba firmando galas hasta que me dijo, ya tenemos más de 50 firmadas, te puedes comprar el coche (Risas)... Y es que la gente quería verme y saber quien era el que contaba los chistes porque entonces el público me conocía más por la voz que por la imagen, aunque luego me reconocían por las carátulas de las cintas... Luego cuando Chicho me contrató para hacer el Un, dos, tres, allí ya el público me identificó claramente.

P.: Los chistes de aquellas cintas que tantísimo éxito tuvieron, muchas veces eran sobre "gangosos y mariquitas", ¿serían hoy políticamente correctos?

R.: Yo me sigo riendo mucho con mis amigos mariquitas que me los cuentan porque no hay cosa más divertida que tener amigos gays, son súper divertidos, se cachondean de todo y a ellos no les sabe mal que les llamen mariquitas. 'Oye maricón, ven aquí', es algo normal, igual que cuando están hablando contigo y te sueltan 'tu te callas maricón'. Es solo una expresión súper cariñosa y divertida.

P. Hablabas del Un, dos, tres... responda otra vez, que fue tu encumbramiento definitivo porque era el programa que veía absolutamente toda España los viernes por la noche.

R.: La verdad es que la audiencia era millonaria. Mis hijos me preguntaban cuándo iba a ir al Un, dos, tres y fue curioso, porque yo estaba trabajando en Barcelona cuando suena el teléfono y me dicen que me llamaba Chicho Ibáñez Serrador. Me dijo que le gustaría que fuese un día al programa a dar un premio y yo le dije que encantado porque mis hijos estaban locos porque yo fuera. Fui, hice una actuación con traje y corbata, como solía hacer, volví a la semana siguiente y entonces Chicho me dijo que me quería contratar para toda la temporada y me preguntó si quería contar chistes o salir como personajes y yo le contesté que me parecía mejor para integrarme en el programa hacer personajes y allí nació todo, de la escuela de Chicho que era un fenómeno y un personaje muy importante en mi carrera. Era muy brillante y sabía aconsejar en todo muy bien.

P.: Por aquella época fue cuando diste el salto al cine...

R.: Sí, por aquella época fue cuando Mariano Ozores me llamó para hacer una película y a partir de entonces rodé muchas películas de estas españolas que a mí, personalmente, me han encantado siempre. También tuve la ocasión de rodar una con Alfredo Landa en la que yo le cepillaba el traje haciendo de mariquita, como no podía ser de otra manera porque era un personaje, y lo pasé fenomenal porque a mí, esos giros, me gustan mucho, la verdad.

P.: Pero realmente, donde te sientes como pez en el agua... ¿es en la televisión?

R.: Sí, he hecho muchísimos programas, ​tal vez debería haber hecho algo más de comedia porque ha tenido mucho éxito. También me ha gustado mucho el monólogo y en televisión los hago con chistes mezclados... Pero las cosas que se centran en la realidad siempre me ha gustado hacerlas en forma de monólogo.

P.: ¿Nos equivocamos al decir que en 2011 llegó otro de sus más grandes éxitos con  la obra de teatro Los sos mellizos, junto a Bertín Osborne?

R.: Sí. Fue una idea mía que a Bertín le pareció muy bien. La ensayamos durante media hora en su finca y decidimos hacerlo. La reacción del público fue fantástica y tuvimos llenazos en todos los teatros. Era un  binomio en el que los dos nos compenetramos de maravilla, nos entendíamos con  las miradas, con un gesto. Haciendo un símil, Bertín sería el cara blanca y yo el payaso. La gente se moría de risa... A veces, durante mi improvisación el propio Bertín , que no se la esperaba, se reía también. Fue increíble porque había una comunicación  fantásticas entre nosotros y el público que hacía que todos lo pasásemos fenomenal. Fue un exitazo que duró nada menos que seis años y medio en el teatro.

P.: Usted tiene 73 años… Hay edadismo en España, ¿se nota esto en su profesión?

R.: No creo que en mi profesión haya discriminación, porque es la profesión de actor la que no tiene edad. Como todo en la vida, tiene caducidad, pero no edad. El código de barras te lo pone el público. Pero los actores duramos mucho porque siempre se necesita en alguna obra o en alguna película, alguien mayor. No vas a disfrazar a un joven de abuelo. Yo mismo estoy ahora estudiando un papel para una película en la que hago de policía y tengo 73 años, pero yo he visto trabajar a Gila hasta casi los 90. Al revés, yo estoy notando cierta admiración y cariño por parte de los cómicos más jóvenes hacia nosotros. Nos tiene admiración y respeto. Nos llaman maestros porque consideran que nosotros hemos abierto el camino en el que ellos continúan. Nosotros hemos sido pioneros en el humor y ellos siguen ese sendero.

P.: ¿Y en la sociedad?

R.: Sí, en la sociedad sí hay edadismo, pero el mayor que sea un poco inteligente y con el ánimo que hay que tener, siguen luchando. Pero hay otros que se conforman, se van a un rincón y ellos mismos se envejecen y a esos sí que la sociedad les va descartando. Yo he visto gente muy mayor dirigiendo empresas y mandando.

P.: ¿La mayor parte de la pandemia se la están llevando los mayores?

R.: Son los grandes perjudicados de todo esto, son los más proclives al contagio por la edad. Han muerto muchos. Pero es que sobre la pandemia nadie sabe nada, nadie dice nada que sea coherente, nadie es capaz de decirte que esto es por esto y por esto. Y si alguien lo dice, inmediatamente sale otro que dice lo contrario. Hay una confusión y una falta de información tan grandes que los más perjudicados terminan siendo los mayores. Y encima ahora, los jovencitos, que no están haciendo caso a muchas cosas, también están perjudicándoles. Es una pandemia que no entendemos por qué de la noche a la mañana no puede venir una pandemia. Nadie explica de verdad lo que es, lo que es y de donde viene.

P.: ¿Crees que hemos aprendido algo de esta pandemia o volveremos una y otra vez a tropezar con la misma piedra?

R.: Algo hemos aprendido. Tenemos más civismo a la hora de salir a la calle con mascarilla, guardar distancias, lavarnos las manos tan constantemente que estamos perdiendo hasta el tacto, pero es cierto de que nos hemos concienciado mucho.

P.: El proyecto 'A tu lado' quiere dar visibilidad a la soledad no deseada que padecen muchos mayores, dejar en evidencia que no se reconoce su papel social, que no se atienden sus necesidades... ¿Qué opinas del proyecto?

R.: No puedo estar más de acuerdo en apoyarlo. Por supuesto que existe una tremenda soledad no deseada. Bienaventurados aquellos mayores que no están solos y cuentan con el cariño de sus nietos y sus hijos y tienen una posición que aún les permite rodearse de su gente. Pero hay otros, pobrecitos míos, que no tienen a nadie ni les hace caso nadie. Hay quienes se están muriendo en un rincón mientras ven la televisión. A los mayores hay que cuidarles mucho. Hay mucha ternura de por medio y se merecen que los cuiden, que los tengan en cuenta. Yo hace un chiste que contaba hace mucho tiempo y era un mayor que le dice a otro: Mis hijos me han metido en un asilo, no vienen nunca a verme no se preocupan por mi. A lo que el otro contesta: Pues los míos se pasan el día peleándose por mi. Muchos constantemente. Uno dice que está semana le toca tenerme al otro y el otro dice que no me toca con él porque ya me tuvo la semana pasada...  Es un chiste, pero es también la más triste de las realidades.

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