Sociedad

Qué significa escuchar tus propios audios de WhatsApp después de enviarlos

Miriam Gómez Sanz

Domingo 30 de noviembre de 2025

4 minutos

Una psicóloga explica cómo este gesto puede revelar inseguridad, curiosidad o simple disfrute

Escuchar tus audios repetidamente está asociado con inseguridad relacional. Fuente: BigStock.
Miriam Gómez Sanz

Domingo 30 de noviembre de 2025

4 minutos

¿Has mandado un audio y, acto seguido, le has dado al botón de reproducir? Si la respuesta es sí, estás lejos de ser la única persona que lo hace. Este gesto tan cotidiano —y que a otros puede parecerles rarísimo— tiene varias explicaciones que van desde la necesidad de revisión hasta el puro placer de escuchar la propia voz.

Para muchas personas, volver a escuchar un audio recién enviado es una forma de asegurarse de que el mensaje ha salido tal y como querían. En una entrevista para Cuerpomente, la psicóloga Olga Albaladejo lo describe como una "autor­revisión comunicativa: queremos asegurarnos de que fuimos claros, de que no sonamos de más, de que lo que transmitimos es coherente con lo que somos".

Este comportamiento suele asociarse a personas tímidas o con cierta inseguridad, pero no se trata solo de eso. La psicóloga habla también de "autoconciencia excesiva" o "hiperreflexividad", una tendencia a observarse a uno mismo desde fuera. Es como volver a entrar en la conversación, pero esta vez como espectadores.

Gusto por la propia voz

La cara menos conocida del asunto es que, según estudios recientes, quienes escuchan sus audios con frecuencia suelen tener "mayor familiaridad con su voz y les gusta más cómo suena". No sería, por tanto, un gesto de inseguridad, sino de aceptación: "¿Cómo me escucho en este vínculo?" y "¿cómo me acepto cuando me expreso así?".

Para algunos, oír su propia voz es un "placer auditivo". La psicóloga incluso recuerda una anécdota personal: su sobrina disfrutaba escuchando una y otra vez sus propios mensajes. "Esto es autoafirmación comunicativa: reconocer mi voz, mi estilo, mi tono", asegura. Reproducir un audio de nuevo también puede nacer de la curiosidad hacia uno mismo, lo que puede llevar a aceptarse y quererse más.

Escuchar tu voz puede ser un "placer auditivo". Fuente: BigStock.
Escuchar tu propia voz puede ser un "placer auditivo". Fuente: BigStock.

Inseguridad, control y calma emocional

En otras ocasiones, reproducir un audio una vez enviado sí puede esconder dudas: ¿se habrá entendido bien? ¿Habré quedado mal? ¿Sueno demasiado intenso o demasiado apagado? "Escuchamos los audios desde la inseguridad relacional", señala Albaladejo. 

También entra en juego la necesidad de control. "En un entorno en el que no vemos la reacción inmediata del otro, el audio enviado se convierte un 'hecho hecho', y volver a escucharlo es la forma de recuperar un poco el control", señala la psicóloga.

Escucharnos también puede ayudarnos a regular emociones. Un estudio —explica la experta— muestra que oír nuestra propia voz activa redes cerebrales ligadas al "yo".

Consejos para convivir mejor con los audios

En la mayoría de los casos, todo esto es inofensivo, pero hay una línea que no conviene cruzar: la repetición compulsiva. Cuando nos escuchamos una y otra vez para "rumiar" lo que dijimos, preguntándonos si molestó o por qué no llega respuesta, "la revisión se transforma en vigilancia", advierte Albaladejo. Ahí sí aparecen consecuencias: autocrítica, atención excesiva, malestar emocional y bloqueo en las relaciones.

Qué significa escuchar tus propios audios de WhatsApp después de enviarlos. Fuente: bigstock.

Escuchar tus audios repetidamente está asociado con inseguridad relacional. Fuente: BigStock.

 

La psicóloga propone algunas pautas para quienes se descubran reproduciendo sus audios demasiado a menudo:

  • Antes de darle al play, preguntarse: ¿qué objetivo tengo al escuchar esto?
  • Ponerse un límite: una sola escucha puede ser suficiente.
  • Tras enviarlo, dejarlo ir: "He dicho lo que debía, ahora dejo que suene en su vida también".
  • Aceptar tu voz: es normal que suene distinta a como la oímos al hablar.
  • Si el hábito se repite, detectarlo como una alerta y romper el bucle con un pequeño ritual (respirar, cambiar de actividad…).

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Miriam Gómez Sanz

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