El error al valorar una vivienda heredada que puede salir caro en el futuro
Declarar un inmueble por un valor artificialmente bajo no siempre supone pagar menos impuestos
Cuando una persona recibe una vivienda en una herencia, una de las decisiones que debe afrontar es determinar correctamente el valor que se atribuye al inmueble. La tentación de utilizar una valoración baja para reducir la factura fiscal inmediata puede tener consecuencias posteriormente.
La notaria Cristina Clemente pone un ejemplo para explicar por qué no siempre tiene sentido intentar reducir al máximo el valor de los bienes heredados.
Clemente cuenta el caso de una mujer que había enviudado y que acudió junto a sus dos hijas a firmar la herencia de su marido. En esta situación, primero se produce la disolución y liquidación de la sociedad de gananciales. Es decir, hay que separar qué parte de los bienes comunes correspondía al cónyuge fallecido y cuál pertenecía ya a la viuda.
La advertencia de la notaria se centra en un error que, según explica, pueden cometer los herederos: valorar los bienes a la baja pensando que de esta manera están ahorrando impuestos.
Su razonamiento es que la liquidación de los gananciales no supone, por sí misma, una ganancia patrimonial para el cónyuge que ya era propietario de esa parte del patrimonio común. Por eso, según el ejemplo que expone, no tendría sentido rebajar artificialmente el valor de los bienes para intentar ahorrar IRPF en ese momento.
El problema puede aparecer cuando se venda la vivienda
La cuestión cambia si posteriormente los herederos venden el inmueble. El valor que se haya declarado al adquirirlo por herencia será relevante para calcular la posible ganancia patrimonial en una futura transmisión. Cuanto menor sea el valor de adquisición que se haya utilizado, mayor puede ser la diferencia con respecto al precio de venta.
Por eso, el intento de reducir la factura fiscal de la herencia puede terminar trasladando parte de la carga fiscal a una futura venta.
No se trata de poner el valor más bajo posible
La advertencia de la notaria no significa que los herederos deban elegir libremente el valor más alto. El inmueble debe valorarse conforme a las reglas fiscales que correspondan en cada caso.
Además, el Impuesto sobre Sucesiones y el IRPF son impuestos diferentes y tienen sus propias normas de valoración y cálculo.
En el caso de los inmuebles, la normativa actual también hace especialmente importante comprobar el valor fiscal que corresponda en la fecha del fallecimiento. Una valoración incorrecta puede provocar posteriormente regularizaciones por parte de la Administración.
El impuesto que se paga al heredar y el que puede aparecer al vender son cuestiones distintas
Este es el punto que conviene tener claro. Al recibir una herencia, el beneficiario debe analizar el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, cuya aplicación y beneficios fiscales dependen en buena medida de la comunidad autónoma. Pero posteriormente, si vende el inmueble, entra en juego el IRPF del heredero por la posible ganancia patrimonial.
Por eso, antes de aceptar una valoración de un inmueble heredado únicamente porque reduce el pago inmediato, es conveniente calcular también qué consecuencias puede tener esa cifra si la vivienda se vende en el futuro.
