¿Engorda la menopausia? Desmontan el mito del aumento de peso en esta etapa
No provoca obesidad por sí sola, el estilo de vida continúa siendo determinante
La menopausia suele relacionarse con el aumento de peso en las mujeres, aunque los especialistas recuerdan que este proceso no depende únicamente de los cambios hormonales. Factores como la pérdida progresiva de masa muscular, un descanso de peor calidad o una menor actividad física diaria hacen que el organismo consuma menos energía y tienda a acumular más grasa, especialmente en la zona abdominal.
Los expertos subrayan que la menopausia no provoca obesidad por sí sola y que el estilo de vida continúa siendo determinante. Mantener una alimentación equilibrada, realizar ejercicio físico -sobre todo entrenamiento de fuerza-, dormir adecuadamente y controlar el estrés son aspectos fundamentales en esta etapa, que también puede incrementar el riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2, osteoporosis o sarcopenia.
El médico especialista en endocrinología y nutrición Víctor Bravo aborda esta cuestión en su libro Adelgaza en menopausia (Grijalbo), donde desmonta la idea de que ganar peso durante esta fase sea inevitable. Según explica, la menopausia crea un contexto en el que resulta más fácil aumentar de peso si no se modifican ciertos hábitos.

“La bajada de estrógenos, la pérdida de masa muscular, moverse menos sin darse cuenta y dormir peor hacen que el gasto energético disminuya. Si se mantiene la misma alimentación que antes, es más probable ganar peso”, señala el endocrinólogo a Europa Press.
Bravo reconoce que las hormonas sí influyen en aspectos como el apetito, la distribución de la grasa corporal o la gestión de la energía, pero insiste en que no son las únicas responsables. “Pensar que todo es hormonal puede ser peligroso porque hace creer que no se tiene control sobre la situación”, advierte.
Además del impacto sobre el peso, el especialista destaca que durante la menopausia aumenta la resistencia a la insulina, lo que eleva el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. La reducción de estrógenos y de masa muscular hace que el cuerpo gestione peor la glucosa, favoreciendo su acumulación en forma de grasa, especialmente si existe sedentarismo o un exceso calórico.
Por ello, Bravo defiende que el ejercicio físico debería convertirse en una prioridad antes y después de los 50 años. En especial, recomienda el entrenamiento de fuerza para prevenir tanto la pérdida de músculo como la disminución de densidad ósea asociada a la edad.
“El ejercicio no es solo una herramienta para adelgazar, sino una forma de llegar en mejores condiciones a los 60, 70 y 80 años”, concluye.

