Economía

La incertidumbre de las rentas vitalicias

Gonzalo Toca

Lunes 17 de junio de 2019

5 minutos

Los seguros no garantizan la inversión

La incertidumbre de las rentas vitalicias

Dicen de la localidad cántabra de Santillana del Mar, que ni es santa, ni es llana, ni por supuesto se asoma a ningún mar. Y es cierto. Los seguros de rentas vitalicias, por su parte, ni ofrecen seguridad plena ni tienen por qué proporcionar la renta que esperamos para toda la vida.

Hablamos de unos productos financieros donde se abona, de una vez, una prima decenas de miles de euros con la intención de que la entidad que la recibe nos proporcione, cuando nos jubilemos, un dinero que complemente nuestra pensión. Hacienda fomenta estas fórmulas de ahorro con atractivas ventajas fiscales. A partir de los sesenta, y sobre todo, de los setenta años, apenas se tributa por los ingresos que supone la renta.

Arantxa Jaén, abogada directora del bufete Jaén Pedrero (@jaenpedrero), señala, sin embargo, que estos seguros son complejos y, por eso mismo, la transparencia y la calidad de la información que reciban los ahorradores son esenciales... y más todavía en un país donde existe un déficit de cultura financiera. “Son muchos los clientes que confunden la renta fija con los depósitos a plazo fijo y eso, en este caso, significa que creen que van a recuperar todo lo que aportaron cuando no siempre es así”. De hecho, ya en 2017, el Gobierno español lanzó dos avisos: que los inversores de los seguros de rentas vitalicias no deberían tener la certeza de recuperar lo invertido y que el estado no los rescataría. La organización de consumidores financieros Adicae (@ADICAE) lleva avisando desde 2013.

Las entidades que ofrecen seguros de renta vitalicia invierten el dinero que reciben de sus clientes en el mercado de renta fija. La sensación que proyectan los bancos y las aseguradoras, normalmente, es que el riesgo de la inversión se reduce, prácticamente, a cero y que se va a recuperar, con algún tímido interés adicional (¿a quién le amarga un dulce?), lo que se pagó en su día justo en el momento en el que más lo necesitamos, en nuestra edad más vulnerable. La realidad es muy distinta.

Para empezar, Rafael Moya, socio del bufete EQ Abogados, matiza que “las entidades destinan el dinero de los seguros a fondos de inversión de renta fija, lo que significa que, si los intereses que obtienen son inferiores a la inflación, nunca podremos recuperar todo lo que aportamos”. Este escenario, a largo plazo, parece probable porque la rentabilidad de los seguros ronda el 1,5%, mientras que la inflación media anual ha sido superior a esa cifra en 26 de los últimos 30 ejercicios.

Además, sigue Moya, “solo se podrá recuperar al completo y sin penalizaciones en circunstancias específicas”. Dicho de otro modo, si pactamos que íbamos a empezar a cobrar nuestra renta al jubilarnos con 65 años y nos prejubilan con 62, será difícil que podamos disfrutar de todo el complemento de nuestra pensión justo cuando lo necesitamos. Naturalmente, si la cantidad que aportamos en su día se agota porque vivimos más de lo previsto, dejaremos que percibir el complemento. Por eso mismo, no son rentas vitalicias: duran lo que dura el contrato. Finalmente, si se produce el fallecimiento del titular del seguro antes de la jubilación, los herederos también tendrán que esperar o enfrentarse a una penalización.

Los bancos y aseguradoras, según los juristas consultados, suelen maquillar a conciencia estas características tan poco agraciadas de sus productos. Almudena Velázquez, responsable legal del departamento de Banca de Reclamador.es (@reclamador), recuerda en este sentido que “los reguladores solo han obligado a las entidades a aportar información exhaustiva a los consumidores de estos productos desde del pasado mes de enero de 2018, algo que dice muchas cosas sobre cómo se comercializaban antes los seguros de rentas vitalicias”. Además, también anticipa posibles sorpresas para los que los contrataron hace más de un año y medio y esperan recibir lo que les prometieron y no lo que firmaron finalmente.

Perderlo todo

En paralelo, Velázquez, apunta también que, a pesar de sus nuevas obligaciones de transparencia, las empresas siguen sin dejar totalmente claro que, excepcionalmente, “se puede perder todo lo invertido”. Vamos a ver, añade, “una cosa es que sea muy difícil y otra que sea imposible”. La renta fija en la que invierten los fondos, compuesta muchas veces por deuda pública de administraciones o estados sólidos, presenta un riesgo muy bajo pero, como demostró la reciente crisis de deuda soberana de la eurozona, no inexistente. En segundo lugar, abunda Velázquez, “los seguros de rentas vitalicias no están protegidos por el Fondo de Garantía de Depósitos y, si la gente retira masivamente su dinero al mismo tiempo, se quedarán sin liquidez y los ahorradores perderán lo invertido”. Es un escenario muy improbable, pero no imposible.

Rafael Moya, socio del bufete EQ Abogados, apunta que otro de los problemas de estos productos complejos es que se comercializan o se confunden con la hipoteca inversa. La hipoteca inversa es una línea de crédito que utiliza un inmueble como garantía y, en ocasiones, se acompaña de un seguro de rentas vitalicias para que, una vez que se haya dispuesto el crédito por el valor total del inmueble, el cliente pueda seguir recibiendo un dinero.

Como ya explicó para 65ymas Fernando Salmerón, letrado titular de Bufete Salmerón, a veces se producen abusos en la comercialización conjunta. Básicamente, afirmaba el jurista, el seguro de rentas vitalicias “se les presenta [a los clientes] como una condición esencial para concederles la hipoteca inversa -algo tan discutible legalmente que, en ocasiones, puede ser suficiente para que un juez la declare nula-, se les suele exigir un elevadísimo pago de prima única y los afectados no llegan a disponer más que de una fracción de esa cantidad”. Si se le concede una hipoteca inversa a un cliente de 70 años y éste contrata un seguro, probablemente no empezará a cobrarlo hasta que bordee los ochenta. La esperanza de vida en nuestro país ronda los 84 años.

Quizás lo más preocupante de todo sea, como advierte Rafael Moya, que “la venta de los seguros de rentas vitalicias y otros productos como la hipoteca inversa se produce en un clima de creciente inseguridad con las pensiones”. Es un terreno abonado para las decisiones precipitadas de unos ahorradores e inversores inquietos por su futuro y confusos por falta de cultura financiera. Al mismo tiempo, la insuficiente transparencia y claridad por parte de bancos y aseguradoras, especialmente antes de enero de 2018, sugiere que podrían haberse cometido abusos de los que los consumidores solo serán conscientes, quizá, en el período más vulnerable de sus vidas. Es decir, cuando apenas puedan hacer nada para asegurarse el complemento que necesitan para su merecida pensión después de décadas de impuestos y duro trabajo.

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