Miriam Gómez Sanz
Libros
Bernardo Atxaga recupera la figura de Urtain en 'Golondrinas'
El autor reflexiona sobre la memoria, la violencia y la deriva política actual
Hay autores que anuncian su despedida y, al poco, ya están otra vez con el boli en mano o tecleando en su ordenador. Le pasa a Bernardo Atxaga. Lo dijo en 2021 y, sin embargo, aquí está de nuevo con Golondrinas. Como él mismo reconoce, escribir es un "dinamo", un motor que no se apaga.
En esta nueva novela no se queda en la nostalgia ni en la biografía al uso. Recupera la figura de José Manuel Ibar Azpiazu, más conocido como José Manuel Urtain. El boxeador es, para muchos, un símbolo de otra España. Para otros, una figura incómoda, casi trágica.
Precisamente su suicidio en 1992 funciona como telón de fondo en Golondrinas. Hay otras muertes y otras historias, pero todas parecen girar alrededor del "desamparo" de los humanos ante la muerte y de la sensación de quedarse sin refugio.
Atxaga considera al boxeador un síntoma, un "producto", dice, del franquismo. "Hay una relación directa entre fascismo y boxeo. Por ejemplo, para Mussolini, Primo Carnera era su forma de presentarse al mundo", ha asegurado en una entrevista con Europa Press.

Trump, Musk y el relativismo
Atxaga ha hecho un paralelismo con la actualidad y ha mostrado su preocupación por el contexto internacional. En este sentido, se ha referido a Donald Trump como un "pelele" al servicio de intereses económicos, como la industria armamentística o Elon Musk. "Porque saben que al pelele le dicen 'pídeles a los de la OTAN y tal que suban lo de defensa hasta el 5%' y el pelele lo pide", ha asegurado.
El escritor también ha advertido sobre una deriva preocupante en el debate público: el relativismo y la irracionalidad llevados al extremo. Esa idea de que todas las opiniones pesan igual. Que decir "esta casa tiene cinco pisos" vale lo mismo que decir "tiene cuarenta y cuatro". Porque, claro, "es mi opinión".
Aquí el autor mezcla política, religión, economía y una cierta fatiga colectiva. Como si estuviéramos perdiendo el suelo bajo los pies, poco a poco. A su juicio, este escenario no es nuevo, pero sí anticipa un futuro incierto: "Esto es el prólogo de lo que va a venir", ha señalado.
Y, aun así, escribir
Lo curioso es que, en medio de todo este pesimismo, que lo hay, Atxaga sigue escribiendo. "Cuando acabo una novela, estoy tan agotado por la tensión que me levanto, me enfado y pienso: 'se acabó'", ha asegurado y, sin embargo, vuelve. Ahora trabaja en unas "memorias corales". "Esas ganas de escribir que yo he tenido, que no he heredado me hacen volver".
