Joaquín Ramos López
Opinión

Baja el valor de la confianza

Joaquín Ramos López
Baja el valor de la confianza

Andan los consumidores bastante confusos a la hora de seleccionar aquello que más les puede convenir. Sobre todo cuando no tienen por objeto renovar, volver a adquirir, algo que ya conocen y valoran positivamente. El dilema aparece cuando se desea obtener un fin u objeto nuevos y no se intuye la calidad de su resultado. Entonces entra en juego la cuestión -duda- de la confianza.

La confianza es una palabra golosa, recurrente, útil. También única para definir tal condición de las personas y para definirse uno mismo. Lo es esencial para calificar lo esperado de los actos personales y del buen fin de las cosas; o sea,  han de ser dignos de confianza.

Pues bien, el motivo de escribir sobre la confianza no es otro que estoy comprobando la acelerada pérdida de valor social de esta palabra. Tengo claro que su cotización está en declive, que desconfiamos cada vez más, que con frecuencia tememos poder ser engañados y dudamos en creernos lo que se nos dice. Que nos apabullan con tanta noticia falsa y han justificado crear normas y organismos que nos protejan de la desinformación.

De siempre, la mayoría de las decisiones a adoptar en la vida han necesitado cuestionarse la confianza en su realización. A menudo se nos presenta un “no llevarse a engaño” y a dejar de hacer aquello de que se trate por si acaso. Es frecuente también plantearse dudas de personalidad confiable ante un primer encuentro con quien debes efectuar un negocio o pedir un encargo.

Y no digamos si hay que hacer caso de mensajes políticos, descuentos comerciales, mejoras laborales, premios seguros, calidades insuperables, promesas electorales, ayudas posventa, seguros estupendos y veleidades de todo tipo. 

¿Y qué me dice Ud. de algunas opiniones de tertulianos y comunicadores varios? La norma general aconsejada es no se fie: Mejor será que contraste todo lo que le digan procurándose información veraz.

Pienso que todo aquel que se precie de estar al día y lo venga testando de un tiempo a esta parte, estará de acuerdo en que asistimos a una dejadez, a una pérdida consentida del “precio” de la confianza. Parece que nunca “pasa nada”, ni “nadie va a pedir cuentas”, o que “tampoco hay para tanto”. Sucede que nos hemos instalado en una suerte de “conformismo” donde cumplir normas y respetos está caduco.

Cabe hacer excepciones, no obstante, en favor de corporaciones (Marcas Productoras, Entidades Financieras, Grandes Almacenes, Sociedades de Servicios) y comerciantes serios que gozan de un prestigio de honestidad y compromiso acreditado en el tiempo y cuya actividad por sí misma nos predispone a elegirles. A estos deberíamos dirigirnos, puesto que merecen nuestra confianza.

¿Qué hemos hecho de la confianza de épocas anteriores? ¿Por qué tantas personas desconfían de casi todo? ¿Debemos fiarnos de quienes informan, proponen, aconsejan, de todo y por todo? ¿Estamos protegidos suficientemente para la defensa del confiado? De no ser así, que me lo parece, no queda otra que defenderse, pedir explicaciones, exigir reposiciones y acudir a ayudas.

Por su parte, no sea Ud. reticente ante la petición de pruebas, garantías, certificados, justificantes, carnés. Preséntelos, son muestras de confianza ante quien va a atenderle en una necesidad o un negocio. Tómelo como algo consustancial con lo que está solicitando. Comprenderá mucho mejor a quien se lo pida y gozará de una mejor imagen, siempre conveniente, frente a esa persona. Demuéstrele su confianza; gánese también la suya.

Esta misma semana leía en una entrevista hecha por un diario nacional a un significado representante (Don A. Cencerrado) del Instituto de la Felicidad de Copenhague (Centro auspiciado por Naciones Unidas) que decía “La gente es menos infeliz en los países donde se confía en los demás”. España ocupa el puesto 28 -lejos de los mejores- entre 156 países computados para sus estudios de felicidad. O sea, nos convendría mejorar en ese ranking para ascender de nivel y también ganaríamos en confianza.

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PD. Muchas gracias, estimado lector, al darme su confianza para este texto. 

Joaquín Ramos López es abogado y autor del blog Mi rincón de expresión

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Laura Ramos Martínez Hace 17 días
Confío en que recuperemos la confianza en nosotros mismos, en saber que tenemos opinión y sentimientos propios y que podemos exigir pero también demostrar confianza.