Joaquín Ramos López
Opinión

Paciencia versus Impaciencia

Joaquín Ramos López
Paciencia versus Impaciencia

Queridos lectores: atiendo esta vez una estimada petición que me supone mucha satisfacción, al tratar un proceder humano determinante.

En pro o en contra, la paciencia juega un papel decisivo en una mayoría de nuestras decisiones. Tener consciencia de administrar este concepto que complementa la oportunidad de la acción emprendida, es fundamental para el éxito perseguido.

El paciente (el que sufre) cuya salud somete al análisis, prescripción y cuidado médicos, puede ser también un enfermo impaciente. Porque llamarse paciente no supone necesariamente sentirse tranquilo de ánimo y esperar ser atendido a su hora e interés; en muchas ocasiones esa esperanza suele mutarse por inquietud y mal humor, porque se quiebra su paciencia.

El deseo de conseguir algo pronto o la necesidad de obtener un resultado inaplazable, puede producir una precipitación de qué arrepentirse. La diferencia, o el “pasillo”, entre actuar paciente o impacientemente, radica en la reflexión y ésta en la ponderación de lo adecuado/inadecuado del acto a llevar a cabo. “La espera prudente -paciente- sazona los aciertos y madura los secretos pensamientos” (Baltasar Gracián).

La impaciencia puede volverse en tormento. Es intranquilidad, es desesperación y hasta puede devenir en ansiedad e irritación; nada de esto es saludable por muy deseable que quiera ser lograr lo perseguido. La paciencia de pararse a pensar y resolver las dudas serenamente, sin necesidad de apurar extremos imposibles, que no imprescindibles, y de decidir razonadamente aquello que mejor nos conviene, dará resultado.

La cultura cristiana ha recalado en la paciencia a modo de virtud y condición de bonhomía. Es repetido el recurso al término y aplicación a hechos y postulados recogidos en la Biblia para con sus más relevantes personajes. ¿Quién no recuerda “la paciencia del Santo Job”, que tantas veces recuperamos para agradecer su beneficio a quien nos la brindó?.

Generacionalmente está probado que la paciencia reside sobre todo entre los mayores. Mucho tiene que ver, evidentemente, la experiencia de la vida con sus altibajos de suerte y medida habidos. Queda, no obstante, para unos cuantos de condición natural inquietos, mantener esa simpática impaciencia donde no acertar por el falso impulso queda solamente en una anécdota para comentar.

Para los jóvenes, con impaciencia positiva también por naturaleza, las ganas de alcanzar metas que los mayores disfrutan –o así creen– les precipita en juicios y acciones que el pasar del tiempo les parecerán “infantiles”. Tienen un riesgo medido, aunque evitable con la ayuda de sus tutores (padres y educadores) que bien deben unos y otros practicar.

Las nuevas generaciones, con algunas excepciones naturalmente, y su proceder, han acuñado un decir social para su referencia: generación “ahora” (now); incluso más, “ahora mismo” (right now). Las cosas, la moda, las ideas, todo es de uso inmediato, de gozo rápido, de conocer enseguida, de vivirlo “ya”. Ya no cabe “demora” (delay). Y su práctica es mayormente perecedera, con poco resquicio de futuro.

Por citar un tema de universal actualidad, la paciencia –y la impaciencia– está alcanzando cotas elevadas de manifestación ante la vital presencia y complicación del COVID-19. Ambas suertes, eficacia y debilidad, pueden resultar inconvenientes si falta la virtud y se contrapone la impaciencia. Y están presentes en prácticamente todos los escenarios de convivencia.

Quiero dejar aquí una frase que me ha llegado de un eminente y emérito neurólogo español residente en los EUA, D. Joaquín Fuster, quien refrenda así la paciencia: “Sin paciencia no hay ciencia”(*)

(*) Creo viene a propósito de la esperanza de la vacunación contra el COVID-19.


Joaquín Ramos López es abogado y autor del blog Mi rincón de expresión

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Joaquín Ramos López es abogado y autor del blog Mi rincón de expresión.

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