Carlos Cebriá, un visionario que puso Fuerteventura en el mapa del mundo

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Carlos Cebriá, un visionario que puso Fuerteventura en el mapa del mundo Miia

Empresario leridano de nacimiento, canario de adopción, miembro del comité de expertos de 65YMÁS, y Premio de Turismo Islas Canarias 2026 a la Trayectoria Turística, ha dedicado medio siglo a una isla que siente como suya. Su historia es la de un hombre que convirtió el trabajo intenso, la discreción, la ética y la generosidad en su manera de estar en el mundo y hacer las cosas con excelencia.

Hay premios que simplemente se conceden y otros que se ganan a lo largo de una vida por los méritos atesorados. El que Carlos Cebriá Cebriá recibió la noche del jueves 24 de septiembre en el Palacio de Formación y Congresos de Puerto del Rosario pertenece, sin duda, a los segundos.

De manos del vicepresidente del Gobierno de Canarias, Manuel Domínguez, y de la consejera de Turismo y Empleo, Jéssica de León, recogió el Premio de Turismo Islas Canarias a la Trayectoria Turística.

El jurado destacó sus cincuenta años de dedicación al sector, así como su apuesta por el turismo de calidad y gran lujo en Fuerteventura, su contribución al prestigio del destino, su implicación en los órganos que gobiernan el turismo y el reconocimiento nacional e internacional de los proyectos hoteleros que ha liderado.

La noche tuvo un simbolismo especial. Era la primera vez que la isla de Fuerteventura acogía esta gala. Y el galardón llegó en la edición más disputada de su historia, con 102 candidaturas, frente a las 64 del año anterior.

Esta vez, además, el reconocimiento llegó a tiempo: en vida y con el homenajeado en un excelente estado de salud. Le acompañaron su esposa, Tensi, sus hijos, sus nueras y sus nietos. También amigos, colaboradores y antiguos empleados que llegaron desde muchos lugares para estar a su lado. Aquella noche no se premiaba solo una carrera, sino una forma de ser.

De Lleida a Corralejo

La historia comienza lejos del mar, en Lleida, tierra de interior, trabajo y mesura, donde nacieron Carlos y su hermano José María. Sus primeros pasos fueron humildes, pero estuvieron guiados por el esfuerzo, la curiosidad y una determinación poco común. Con el tiempo, y en medio de circunstancias difíciles, dieron forma a un proyecto empresarial nacido de la confianza mutua y de la convicción de que podían crecer fuera de su tierra. Como señaló Carlos Cebriá durante la ceremonia de entrega, uno se ocupaba de la retaguardia y el otro del trato con el público, en un reparto de funciones que resume bien el espíritu con el que emprendieron el camino.

Y aunque parezca que fue ayer, hace ya medio siglo, los dos hermanos pusieron los ojos en un lugar que entonces apenas figuraba en el mapa del turismo: Fuerteventura, y en particular Corralejo. 

Era un pequeño pueblo del norte de la isla, frente a Lobos, marcado por la pesca y por una belleza todavía sin explotar. Donde otros solo veían viento, arena y distancia, ellos supieron reconocer una tierra llamada a crecer. No tardaría en llegar el apodo con el que la prensa económica los identificaría: “los catalanes de Fuerteventura”.

La huella de su llegada fue profunda. Sus empresas dieron trabajo a una parte importante de la población y ayudaron a cambiar el rumbo de la economía local, hasta convertir aquel pequeño enclave pesquero en uno de los referentes más importantes del turismo en Canarias.

Un visionario con método

Quien conoce a Carlos Cebriá sabe que su innata intuición siempre se ha apoyado en el rigor. Es un lector voraz de periódicos y libros. Escucha, pregunta y reúne toda la información posible antes de decidir. Su estilo descansa en cuatro pilares: la ética personal, la visión estratégica, el sentido común y el análisis cuidadoso de cada paso.

Desde el principio tuvo algo claro: aquel paraíso solo se abriría un hueco en el disputado segmento del turismo de élite, si el mundo llegaba a conocerlo. Y lo consiguió con creces.

El Bahía Real, emblema de una isla

Su gran obra lleva un nombre que ya forma parte de la historia turística de Canarias. En 2003 abrió el Gran Hotel Atlantis Bahía Real, en Corralejo, el primer cinco estrellas gran lujo de Fuerteventura. El hotel se asoma a la isla de Lobos y al Parque Natural de las Dunas de Corralejo.

El prestigio llegó y fue avalado por los grandes referentes del sector:

  • El SENSES Award como mejor resort de playa de Europa.
  • El touroperador TUI lo incluyó en su lista de los mejores hoteles del mundo, los TUI Holly.
  • La prestigiosa guía de lujo Condé Nast Johansens lo eligió mejor hotel de Europa frente al mar.

Durante años fue el refugio elegido por personalidades de la empresa, la política, las artes y la sociedad civil para descansar en un lugar paradisíaco, con un lujo serio y discreto que nunca necesitó alardes y en donde consiguieron además una implicación de su personal tan extraordinaria que veían el hotel como algo suyo, trataban de una manera tan cálida a sus clientes que estos se sentían especiales y eso les llevó a unas tasas de repetición muy significativas y a una bien ganada fama de lugar excepcional dentro y fuera de nuestro país.

El Campus de Excelencia: generosidad sin condiciones

Hay un capítulo que quizá explica mejor que ningún otro quién es Carlos Cebriá: su apoyo sin fisuras al Campus de Excelencia. Nacido en 2005, este proyecto reunió en Fuerteventura a premios Nobel, dirigentes internacionales y jóvenes universitarios de distintos países, con la ambición de crear un espacio único de encuentro entre el conocimiento y el talento.

Entre 2005 y 2007, el Bahía Real se convirtió en su casa en la isla. Durante una semana cada año, sus salones acogieron a ganadores del Premio Nobel, jefes de Estado, astronautas, empresarios, científicos, emprendedores, chefs, artistas y otras figuras de primer nivel mundial, que compartieron sus investigaciones y experiencias con estudiantes brillantes de los cinco continentes. Aquel intercambio transformó la trayectoria profesional de muchos de ellos.

Desde el primer momento, Carlos Cebriá entendió el alcance de una iniciativa así para Fuerteventura. La hizo posible desde una generosidad poco común y desde la voluntad de devolver a la sociedad parte de lo que la vida y el esfuerzo le habían permitido alcanzar. Él aportó los medios; el entonces presidente del Gobierno de Canarias, Adán Martín, sumó la visión política y el respaldo institucional necesarios para que el proyecto echara a andar.

 

Carlos Cebriá, un visionario que puso Fuerteventura en el mapa del mundo

 

Lo más revelador de su carácter y su generosidad es que Carlos Cebriá nunca concibió aquel empeño como un negocio, sino como una contribución altruista destinada a situar a Canarias, y en especial a Fuerteventura, en el mapa del conocimiento internacional. Su implicación fue total: cedió cada año, durante casi 10 dias, las instalaciones del Bahía Real, se volcó personalmente y arrastró también a sus hijos y a sus equipos en una organización compleja, exigente y silenciosa, hecha sin pedir nada a cambio.

El resultado fue extraordinario. El Bahía Real recibió a 23 premios Nobel, cinco jefes de Estado, 17 ministros y miembros de varias casas reales, en un gesto que ayudó a proyectar la imagen internacional de la isla. Sin Carlos Cebriá, aquel proyecto simplemente no habría existido.

Un directivo de referencia

Su talento para dirigir ha ido más allá de sus empresas. Desde hace muchos años es miembro de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), el gran foro de los directivos españoles. En Fuerteventura presidió la Comisión de Turismo de la Cámara de Comercio. 

Además, forma parte del Comité de Expertos de Turismo, Cultura y Deporte de 65YMÁS. Esta casa tiene hoy, por tanto, la satisfacción de ver cómo uno de los suyos recibe un galardón de tanta importancia.

El caballo, su otra pasión

A su faceta empresarial se suma una vocación tan intensa como la hotelera: la hípica. Fue vicepresidente de la Federación Catalana de Hípica en 1991 y 1992. En 1992, el año de los Juegos Olímpicos de Barcelona, fue elegido presidente de la Real Federación Hípica Española, cargo que ocupó hasta 1996. Como tal formó parte del Comité Olímpico Español. Su mandato se recuerda por el empeño en acercar la hípica a la sociedad. En 1995 fundó el Open Sports Club en El Prat de Llobregat, un centro de alto rendimiento en doma clásica y salto de obstáculos, del que han salido medallistas y jinetes del equipo nacional.

La amistad como forma de vida

Más allá de los cargos y de los edificios, quienes lo conocemos destacaremos siempre sus cualidades humanas. Tiene un hondo sentido de la amistad, una extraordinaria capacidad para las relaciones personales y una bonhomía que inspira confianza; a ello une la prudencia de quien no decide sin haberse informado antes de manera exhaustiva.

La lealtad que despierta entre quienes han trabajado con él es quizá la mejor prueba de ello. Muchos empleados del hotel y de sus otras empresas lo acompañaron desde los primeros años y han seguido a su lado durante décadas. Pocas cosas describen mejor a un empresario.

Aquella lealtad llenó el Palacio de Congresos la noche del premio. Allí estaban quienes colaboraron con él, quienes aprendieron a su lado y quienes, como quien escribe estas líneas, le agradecen haber convertido en realidad un sueño compartido.

Una deuda pendiente

Con este premio, el Gobierno de Canarias ha saldado una parte de la deuda que el archipiélago tenía con Carlos Cebriá. Pero Fuerteventura aún tiene pendiente su propio homenaje a quien la llevó a la cumbre del lujo serio y discreto. Su nombramiento como hijo adoptivo del municipio de La Oliva y de la isla de Fuerteventura no debería hacerse esperar, y desde esta tribuna lanzamos esa idea a quienes ahora gobiernan.

Sería de justicia para alguien cuya visión generosa trajo a “su isla”, y a toda Canarias, una forma de hacer las cosas basada en la ética, la estrategia, la excelencia, el cuidado por los detalles y el sentido común. 

Aquel joven que salió de Lleida junto a su hermano José María, con poco más que determinación y una visión de cómo debían hacerse las cosas ha demostrado que el esfuerzo, el trabajo bien hecho, la honestidad y la fidelidad a un lugar pueden cambiar su destino. Fuerteventura lo sabe. Ahora le toca decirlo y hacerlo.