Cartas al director

La cara oculta de mi residencia

Beatriz Prados Rivera

Sábado 9 de enero de 2021

1 minuto

La cara oculta de mi residencia
Beatriz Prados Rivera

Sábado 9 de enero de 2021

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El día 29 de mayo por la noche falleció mi madre. No he sido capaz de escribir sobre esto antes, porque lo paso fatal acordándome de los últimos días que pasó en la residencia Los Llanos en Alpedrete.

Salió de allí cuando la Comunidad de Madrid dio permiso para que los residentes, que estuvieran bien, pudieran ir con sus familiares (el 27 de marzo).

Al dejarme traerla, pensé que afortunadamente ella se había librado de esta enfermedad, pero no fue así. Cuando ví a mi madre aparecer en mi casa, me di cuenta que ya venía contagiada. Venía con la mirada perdida y la boca toda roja tintada del nolotil que tomaba y que, como descubrí ese mismo día, –al no poder tragar– le daba vueltas y vueltas en la boca llenándose todo del color de la pastilla.

Le dió un ictus en la residencia. A veces, al final de la tarde hablábamos por teléfono y se le oía tan mal, la boca pastosa, sin vocalizar bien... Me decíais que a muchos les pasaba lo mismo al final del día porque ya estaban muy cansados y yo me lo creía, confiaba en vosotros.

Pero no os perdonaré nunca que no me avisarais del estado en que se encontraba mi madre. Llegó desnutrida, con estreñimiento extremo, infección de orina y con tos. Estuvo en cuarentena en su habitación. No podía comer sola y el dolor de la zona lumbar y la pierna izquierda no la dejaban vivir: le descubrieron un tumor en el psoas izquierdo de 17 cm.

¿Quién lo iba a saber? Con 82 años y llena de artrosis, tenía que acostumbrarse a vivir con dolor, ¿verdad? Ah, y tenía fractura patológica de la L3, pero para qué ir a la Unidad del Dolor tantas veces, ¿verdad?

¿Qué clase de cuidados tuvo en la residencia? ¿Qué comía?, si no podía sola. ¿Cómo le ayudabais?, si lo que necesitaba era tiempo y vosotras nunca lo teníais, porque teníais que cumplir con un horario. Cosa lógica, por un lado, pero totalmente errónea, porque tratáis con personas mayores y, en el caso de mi madre, además, en silla de ruedas.

El poco personal no ayuda mucho a que estén bien atendidos todos, evidentemente. Y, por supuesto, perder el tiempo en hacer actividades donde siempre se lucen los mismos, tampoco.

Sois estupendos para una fiesta, celebración, programas de radio, etc. Qué bien queda eso en las noticias de vuestra web y qué buena publicidad para que la gente quiera que “cuidéis“ de sus mayores.

Lo que no es justo es que queráis quedar de maravilla con lo “bien que lo habéis hecho“ en el estado de alarma en el que nos encontrábamos todos. Aunque ha sido muy duro en la residencia, por la cantidad de fallecidos que ha habido –deberíais contarlo también–, la triste realidad es que no habéis estado a la altura y habéis reaccionado tarde, no habéis estado pendientes de lo que realmente se necesitaba antes del confinamiento.

Sabéis que desde que mi madre se quedó en silla de ruedas se volvió más demandante, según me decíais cuando me quejaba del poco tiempo que le dedicabais. Y eso, ¿os extrañaba?

Qué incongruencia atender a los ancianos con el reloj en la mano, rápidamente, para irse a casa, que el turno ya ha terminado y si está bien en la cama como si no, me voy. ¡Qué decepción tan grande!

Siempre os he puesto de ejemplo cuando alguien criticaba las residencias y mi madre también, la primera que hablaba de vosotros encantada. Pero lo que he podido comprobar es que todo va bien cuando el residente está bien. Quiero decir, cuando se maneja solo.

Obviamente, todo esto lo sé por lo que mi madre me contaba y por lo que yo veía. Qué pena los que están allí sin poder comunicarse por su deterioro, seguro que ellos no “tendrán quejas”.

Esto mismo le dije a Maite en una ocasión. Y es la única con la que me sentí apoyada porque, ante mi queja, tuvo el detalle, al menos, de pedirme disculpas y fue la única que se preocupó por mi madre para ponerle un apoyo extra (que pagaríamos aparte). Se ve que no fue buena idea para la dirección, porque ese apoyo nunca llegó. De todas formas, gracias Maite.

Mis quejas fueron muchas y, la mayoría, por la falta de atención recibida. Me consta que se hablaba del tema, pero nunca llegó a solucionarse. A continuación, os enumero algunas de esas quejas para que quede constancia del nivel que manejáis:

1.- Durante un fin de semana estuve avisando por teléfono que mi madre tosía y en dos ocasiones me dijeron que estaba bien, según el enfermero, y que, hasta el lunes que no iba la doctora, no la auscultaban. Ya había residentes con Coronavirus. Me enteré después, claro.

2.- No la dejaban a veces lavarse los dientes: no había tiempo.

3.- La acostaban entre dos auxiliares, normalmente, y con mucha dificultad, por su sobrepeso, empujando, con malos modos y mala cara, como podían, y con prisas, claro, no había tiempo. La de veces que, cuando hablaba con ella a las 22h. de la noche, estaba llorando por verse de esa manera tratada. También le dejaban la mesita más retirada de la cuenta, no digo intencionadamente, con lo cuál no podía coger el mando y llamar si le hacía falta. Un desastre.

4.- No la terminaban de acomodar en la cama: no había tiempo. Evidentemente, ella necesitaba más de lo habitual, pero no se podía apenas mover. Me parece cruel.

5.- No terminaba de cenar: no había tiempo. ¡Y qué cenas más cutres! Ahora ya publicáis el menú, ¡qué nivel! No todas se quejaban claro, sobretodo, las que podían comprarse cosas para tener en su habitación.

6.- La colocaban en el salón que la auxiliar de turno quería (la apartaron de sus amigas que estaban en otra planta) y si necesitaba la manta eléctrica para las lumbares, no podía ser porque, a veces, donde estaba no había enchufes.

7.- No me comunican que se ha quedado ya fija en la silla de ruedas. Intenté llevarla al baño en su habitación y se me cayó al suelo.

8.- No contempláis tratamiento de heparina por su inmovilización: no habría tiempo.

9.- Le cambiaron de habitación cuando lo pedí, pero le quitaron la cama articulada que había con barandillas. A los pocos días, se cayó de la cama. Se tenía que haber previsto, puesto que ya sabíais de su inmovilidad y sois los que “sabéis cuidar” de los residentes.

10.- Cuando pedía ir al baño, muchas veces le decían: "Ahora, ahora..." y que, si tenía prisa, se lo hiciera encima, que la limpiarían (había 3 WC de mujeres, ¿para cuántas?). ¡Qué humillante!

11.- Las toallas de su nueva habitación: impresentables, llenas de manchas y desgastadas en exceso. Le compré toallas, por supuesto.

12.- Se han quedado con ropa. Eché en falta una chaqueta color camel, un blusón adamascado y color rosa y una rebeca color fucsia. Se quedaron también con las perchas de madera nuevas que estaban marcadas. Todo esto sale a colación, porque he de resaltar la ridiculez de cobrarnos 100 euros por recoger las cosas de su habitación cuando estaba pagado el mes de marzo entero y ella se fue el día 27.

13.- Para terminar, comentar la exigencia de tener que avisar con antelación de dar de baja a mi madre si quería que me devolvieran la fianza, cosa totalmente fuera de lugar por lo imprevisto de la situación.

Si me hubieseis tenido al tanto del deterioro real de mi madre, me la hubiera llevado antes para que se recuperara en casa con más atenciones y, claro está, eso es lo que no interesaba.

Recuerdo a Paqui, a Nuria, Chicha, Salva y Ainhoa. Gracias, porque siempre tuvieron palabras y gestos agradables con mi madre.


Beatriz Prados Rivera (Comunidad de Madrid)

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