Cartas al director

Reforma de las pensiones a 'la cuenta de la vieja'

Fernando Marín

Foto: Infanta María Josefa de Borbón (Francisco de Goya)

Jueves 25 de marzo de 2021

8 minutos

La infanta María Josefa
Fernando Marín

Foto: Infanta María Josefa de Borbón (Francisco de Goya)

Jueves 25 de marzo de 2021

8 minutos

Cartas al director (cintillo)

 

A finales del siglo XVIII y principios del XIX reinó en España Carlos IV, un monarca más o menos ilustrado que tímidamente intentó que el país avanzara hacía el progreso y la modernidad que se estaba imponiendo en el resto de Europa gracias a los ideales de la Revolución Francesa. Carlos IV tenía una hermana mayor llamada María Josefa, que aparece retratada por Goya en su famoso lienzo. Dicen los historiadores que cuando el rey recibía a los altos funcionarios que le detallaban los problemas de la Hacienda del reino, acompañados de laboriosos cálculos, era María Josefa la que se encargaba de resumir las cuentas a su hermano de la forma más sencilla, la mayoría de las veces haciendo sumas y restas con las manos, algo que el monarca, que no era muy ducho con las matemáticas, agradecía enormemente. Como los veloces cálculos de María Josefa se demostraban acertados casi siempre, comenzó a circular entre los altos funcionarios la expresión “hacer la cuenta de la vieja”, tan escueta como certera. Dicha expresión ha durado hasta nuestros días y seguramente todos los mayores la hemos utilizado en alguna ocasión.

Después de este breve apunte histórico voy a intentar centrarme rápidamente en dos situaciones intrínsecamente injustas que no tienen visos de solucionarse con la actual reforma de las pensiones y a las que no se les está prestando demasiada importancia. Soy consciente de que existen más situaciones injustas, pero también sé que existen asociaciones luchando desde hace años para que su situación cambie y ojalá que lo consigan.

La primera de ellas es en el periodo de años cotizados que se emplea para el cálculo de las pensiones. En un principio (hasta el 2013) se empleaban los últimos 15 años cotizados porque se consideraban los más beneficiosos para el trabajador/trabajadora. Paulatinamente este periodo de cálculo  ha ido aumentando y actualmente la pensión se calcula con los últimos 23 años cotizados. Actualmente la circunstancia de que los últimos años trabajados sean los más beneficiosos para el trabajador/trabajadora ha pasado a la historia, a no ser que estemos hablando de carreras profesionales privilegiadas a las que nunca afectan las crisis, que por supuesto hay unas cuantas. Es más, según declaraciones recientes del ministro Escrivá en la Cadena SER, en este nuevo entorno laboral un 30% aproximadamente de los trabajadores no presentan sus mejores años de cotización en el tramo final de su carrera laboral, por lo que el sistema actual "no funciona" para ellos. A este dato facilitado por el Sr. Escrivá faltaría añadir que un alto porcentaje de mujeres pierde sus mejores trabajos a mediana edad (coincidiendo con su primer hijo) para luego entrar en una dinámica de trabajos temporales, mal pagados o a tiempo parcial.

La solución a “la cuenta de la vieja” para este nuevo entorno laboral, sería obvia: si las carreras profesionales privilegiadas pueden elegir sus mejores 25 años de cotización al coincidir con su ultimo tramo de vida laboral, las carreras profesionales más perjudicadas por las sucesivas situaciones de crisis también deben elegir el tramo de 25 años que incluya sus mejores años cotizados, con la diferencia de que estas ultimas suponen un menor gasto para la Seguridad Social porque nunca han llegado a recuperarse.

Como mal menor otra opción sería que como periodo de cálculo se tomaran los últimos 35 años cotizados para que de esta manera existan más posibilidades de que todas las carreras laborales incluyan sus mejores años cotizados. El problema de esta segunda opción es que sindicatos y Unidas Podemos se oponen a que se lleve a cabo. Tanto sindicatos como Unidas Podemos saben de sobra que los sectores profesionales privilegiados tendrían asegurado  incluir sus mejores años cotizados en el periodo de cálculo en cualquiera que sea la opción elegida, pero ni con esas dan su brazo a torcer porque en cualquier negocio el cliente es el que manda.

Por descarte la única opción posible parece ser la primera, pero curiosamente desde que fueron aprobadas las recomendaciones del Pacto de Toledo nadie ha vuelto a hablar de ella (con nadie me refiero a los agentes sociales encargados de ponerla en marcha). Entiendo que nadie habla de ella porque supondría más gasto para las arcas de la Seguridad Social, además los sindicatos tienen otro tipo de clientela y tanto unos como otros saben que los más desfavorecidos siempre han demostrado mayor capacidad de resignación.

También es cierto que el ministro Escrivá tiene marcada en su agenda la fecha prevista para tratar sobre este asunto con los agentes sociales, pero si nos fijamos bien en esa agenda que recientemente nos ha desvelado, las fechas coinciden con el final de la legislatura, con lo que cualquier pequeño contratiempo o desavenencia condenaría definitivamente a estos sectores.

La segunda circunstancia en la que me voy a centrar es en el concepto de jubilación voluntaria y jubilación involuntaria. En este caso, los agentes sociales aprobaron en su momento que solo podrán acogerse a la jubilación involuntaria aquellos trabajadores/trabajadoras que provengan de un despido objetivo o de un ERE y que desde ese momento no han vuelto a trabajar (a no ser que tuvieran ya 33 años cotizados cuando volvieron a trabajar). Según “la cuenta de la vieja” la solución sería obvia: podrá acogerse a la jubilación involuntaria todo trabajador/trabajadora que, estando en situación prolongada de desempleo, tenga 33 años cotizados y haya perdido su último puesto de trabajo en contra de su voluntad, indiferentemente de si se trataba de un trabajo estable o inestable, aunque con más razón si era un trabajo inestable porque tarde o temprano lo iba a perder (la mayoría de los contratos actuales terminan cuando lo decide el empresario sin necesidad de ERE ni despido objetivo, y por mucho que tú le digas que no estas de acuerdo el empresario no te va a hacer caso).

En este caso, además, habría que valorar el esfuerzo, o ingenuidad, del trabajador por no rendirse ante las adversidades y seguir buscando trabajo aun a sabiendas de que solo va a encontrar trabajos mal pagados, temporales o a tiempo parcial.

Por el contrario los grandes entendidos que constituyen la actual mesa de dialogo social parecen empeñados en prolongar esta situación y englobar sin distinciones en el mismo saco al sector más perjudicado, ingenuo y desamparado de la sociedad junto con los prejubilados de la banca (y otros sectores profesionales que prefiero callarme) que sí se jubilan voluntariamente y felizmente en el momento clímax de su carrera profesional y a los que poco pueden afectar las nuevas penalizaciones.

Terminaré con otro apunte histórico: Poco después de la muerte de María Josefa la Inquisición volvió a instaurarse en España y todo el territorio se llenó de líneas rojas y de lideres espirituales que desde su pulpito llenaron de miedo las conciencias de los más humildes para que nunca tuvieran la osadía de cruzarlas, ni tan siquiera debían preguntar por el motivo de su existencia si no querían arder en la hoguera o en el infierno. Los más desfavorecidos quedaron condenados a morir trabajando sin descubrir la verdad, y la verdad era que desde la Edad Media detrás de todas esas líneas rojas siempre habían estado los sectores privilegiados de la sociedad disfrutando de todos los paraísos terrenales que a ellos les habían sido vetados.

Un saludo a todos pensionistas actuales y futuros, y gracias a 65Ymás por ayudar a que todos estemos mejor informados en un asunto tan delicado como es la reforma de las pensiones.


Fernando Marín

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