La soledad que no quiero

Porque se llama ausencia al tiempo de no verte.

Porque se llamará tan solo soledad, si es llanto y nada más. 

Porque se llama ausencia, si solo es amargura, palabras nada más, si yo sé que no estas y es todo eternidad. 

Eterna es la distancia, eterno es el camino, eterno es el regreso y eterno es mi destino.                          De sentir y quererte, de soñarte conmigo, de llegar y tenerte y morirme contigo. 

José Larralde

 

Se dice que el estado de soledad emerge al sentirse aislado, vacío, desconectado del mundo y con una vida carente de sentido. Sin embargo, cada vez que el mundo cambia, se complican más las cosas. Lo que antes era bueno, ahora no lo es.

Las recomendaciones de pasear, relacionarse, el no aislarse, en definitiva el trato personal, ha dado paso al temido aislamiento que produce el mundo tecnológico, donde todo es virtual, en el que la persona física ha quedado completamente relegada a una imagen en una pantalla.

La soledad emana de los sentimientos que producen las emociones del propio ser ante una situación determinada en la vida del ser humano. De esta forma se calibra el alcance y trascendencia que pueda beneficiar o perjudicar a la persona. En estos tiempos de pandemia y nueva normalidad la comunicación virtual ha sido y sigue siendo de gran ayuda para salir adelante, pero…  

 ¿Se llegará a un punto sin retorno en el que lo virtual haya barrido por completo cualquier atisbo de sensibilidad y humanidad?, ¿Será tan cómodo el hacer una video-llamada y que ya no sea necesario dar un abrazo, hacer una visita o reunirnos en torno a una mesa? ... por lo que es conveniente pararse a reflexionar sobre lo que es el mundo virtual y lo que son los sentimientos reales que son los que nos hacen sentirnos vivos.

Para entenderlo mejor es necesario oír primero al corazón

Carta sin sello

8841 OS ZAPATIÑOS DE CHAROL A4TM r

… Esta anocheciendo…. De nuevo un mundo de sombras, angustias, miedos y desamparo se van adueñando de mí entre sábanas mojadas, en una noche eterna de desasosiego y llanto. Ya no me quedan lágrimas, siento que mi corazón esta frío, que ya no late… porque en mi alma y en mi cuerpo… parece que ya no queda nada. 

Entonces es cuando de nuevo me asaltan los recuerdos de la vida contigo, la razón y el sentido de lo que fuimos juntos y por soplos mi corazón comienza a latir reviviendo cosas sencillas que viví a tu lado y que al recordarlas me ahogan con lágrimas secas que me impiden respirar.

Ya no estás…

… todos los días… puntalmente llega el anochecer que me hace recordar que es la hora de los suicidios y de los desalientos del alma, en los que el hombre se desprende de la coraza humana que lo aprisiona en la procura de la ansiada libertad. 

… cierro los ojos y recuerdo la última vez que te vi, en la cama fría del hospital, quisiste abrir los ojos pero no hizo falta porque tus manos hablaron a las mías suavemente… lo sentí…, y un sudor frio me paralizó.

A partir de ahí, conocí el color del miedo, la ausencia y la soledad.

Quise no darle importancia… pero mi angustia se agravó a medida que pasaba el tiempo… ya no era posible el verte… luchaba agónicamente contra lo imposible y yo, me iba muriendo con él.

Lo peor fue el no poder sentir su último aliento, el estar a su lado, verlo partir y acompañarlo en nuestro último paseo. Tampoco poder enterrarle… pero ahora sí sé que está más presente... lo siento en el aire de la tarde que a veces me acaricia.

Al comienzo de la tarde, es cuando recuerdo el interés que tenías en los estudios retomados en la universidad, preocupado como un chiquillo para no llegar tarde y como al llegar me contabas los mil descubrimientos del saber y aún nos quedaban ganas de pasear y tomar unos vinos.

A partir de ahí, lo que antes era día se convirtió en oscuridad y la esperanza en abatimiento, abriéndose de par en par las puertas de la temida soledad.

... y poco a poco fui perdiendo la ilusión… a solas en mi interior.

No sé cuánto tiempo ha pasado.

Ya está amaneciendo… hoy estoy feliz, porque voy a ir con mi mamá a la feria que va a comprarme un vestido nuevo y unos zapatos de charol que voy a estrenar el día de Ramos…


Miguel Ángel Martínez Coello
Responsable de prensa y comunicaciones de Fegaus (Federación Gallega de Estudiantes Universitarios Senior) y Caumas. Alumno Senior de la U-Vigo Campus de Ourense, Artista, columnista e investigador en periodismo.

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Gloria Gómez Hace 11 días
Hablan de soledad Yo GLoria Gómez os agradece por amor a Dios si conocéis a un abuelo solo que quiera compañía tengo 68 años vivo en Madrid.
Miguel Hace 16 días
Tengo que pedir disculpas por lo duro e íntimo del contenido. Lo he hecho a propósito para que el lector profundice en la importancia y trascendencia de la soledad .
Alejandro Otero Davila Hace 16 días
Gracias Miguel por tus reflexiones, en este momento que ha comenzado a despertar la conciencia de todas las personas mayores, de la problemática de la Soledad no deseada. Un abrazo.