Francisco Sigüenza Comas
Opinión

La realización afectivo-sexual de los mayores en residencias

Francisco Sigüenza Comas

Sábado 14 de febrero de 2026

6 minutos

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Sábado 14 de febrero de 2026

6 minutos

Aprovechando la efeméride de San Valentín y el día de los enamorados, propongo que nos adentremos brevemente en una faceta poco comentada, e incluso poco conocida y no por ello menor, de la vida de las personas mayores institucionalizadas, fundamentalmente en residencias con sistemas de cuidados de larga duración. Esta faceta es la de su realización afectivo-sexual a lo largo de esa etapa de cuidados institucionalizados. 

En el desarrollo histórico de las técnicas de cuidados de larga duración, podemos observar como la atención a la afectividad y sexualidad de la persona mayor fue un tema absolutamente ausente en los modelos caritativos que se implementaron en el siglo XIX hasta mitad del siglo XX. Tampoco fue este un tema de especial interés en los modelos de corte biomédico-asistencial tan en auge en los cuidados a mayores desde los años sesenta hasta entrados los noventa del siglo XX.

Habrá que esperar a que, ya en los albores del tercer milenio, nuevos modelos de atención inspirados fundamentalmente en el desarrollo de la Gerontología social y la Psicología del envejecimiento, den lugar a modelos de cuidados más personalistas y menos institucionalistas, más centrado en el individuo y menos organizacionales. Imprescindible papel el que jugó aquí Tom Kitwood (Universidad de Bradford. UK) y su desarrollo de la atención centrada en la persona con demencia. 

Visto en el momento presente y cuando ya hemos completado un cuarto de este siglo XXI, desde la experiencia en los centros residenciales que practican estos cuidados, bien podemos afirmar que el desarrollo de los modelos de atención centrados en la persona han sido tremendamente positivos en la mejora de la praxis asistencial, así como en la reconceptualización del deber ser de los cuidados y, consiguientemente, la organización de los centros y el trabajo en ellos. 

La implementación de esta filosofía de atención y su desarrollo en numerosos aspectos, como la historia de vida, el profesional de referencia, el plan de atención individualizado, el programa de vida, o los propios avances en las más de 250 residencias adheridas al Programa Desatar (al anciano o persona con demencia) impulsado por CEOMA hace veinticinco años, dan fe de lo mucho avanzado a este respecto. 

Pero hay una faceta en la que los avances no han sido, por el momento, tan notables: la vertiente afectiva y/o sexual de la vida de las personas mayores institucionalizadas en larga duración, como si la soledad emocional no fuera en muchas ocasiones un problema tractor de patologías posteriores. 

Durante décadas y a lo largo de esos modelos históricos de cuidados antes mencionados, la afectividad de las personas mayores fue tratada como un tabú, siendo un tema incómodo para toda la sociedad en general y para las propias instituciones residenciales en particular. No olvidemos que la percepción de la persona mayor como sujeto infantilizado, al que había que proteger y dirigir, ha estado muy presente hasta fechas recientes. Ahí queda la manida frase de que de mayores nos volvemos como niños,…. 

Si sumamos al tabú de la afectividad-sexualidad en personas mayores, la infantilización de los cuidados, la sobreprotección, otros numerosos y variados prejuicios edadistas y, por qué no decirlo, el miedo de los responsables y directivos de las residencias a conflictos con familiares o de tipo legal, obtenemos claramente la explicación de por qué este tema no está en la agenda rectora de los cuidados actuales para este tipo de personas mayores. 

No es que no sea importante. No es que los directores de residencias, hospitales geriátricos, centros de mayores o de estancia diurna vean que esta realidad no existe, no es necesaria tratarla o no tiene “demanda de los usuarios”. Cualquier director o trabajador experimentado en estos centros podría narrarnos uno y mil casos en los que se le han hecho patente casos a este respecto, pero de igual manera podría narrarnos las dificultades de articularlo y como, además, ni la Inspección de Bienestar Social, ni el plan de cuidados del centro, ni las entidades certificadoras de calidad, ni nadie, tampoco un familiar, le ha preguntado jamás por las medidas de atención a las necesidades afectivas y/o sexuales de esa persona mayor. 

Sin embargo, la literatura científica (Hinchliff, Sharron (2003), “¿Qué importancia tiene el sexo en la tercera edad?: la perspectiva de las personas mayores”) nos demuestra sobradamente hace décadas que la afectividad sexual persiste en las personas mayores, incluso con deterioro cognitivo. Asimismo se ha demostrado, que una adecuada atención a esta imprescindible faceta de la vida de la persona, contribuye notablemente al bienestar emocional, la autoestima y la conservación de la identidad integral de la persona.

Que a ciertas edades se pueda primar más el contacto emocional que el sexual es evidente, como lo es que ambos no son excluyentes. Dar la mano y acariciar, mirarse y escucharse, la compañía o simplemente la cercanía de la otra persona, son evidentes factores protectores frente a la depresión y la soledad. 

Para los que trabajamos en y para la ética de los cuidados, este es un reto que hay que afrontar. Cómo distinguir conductas afectivas apropiadas de las que requieren intervención, cómo respetar la autonomía de la persona, especialmente cuando hay deterioro cognitivo, cómo evitar las conductas punitivas o infantilizadoras, cómo preservar la intimidad de la persona o cómo conseguir que su familia respete sus sentimientos y afectividades, son alguno de los retos a este respecto.  

Permitidme que termine estas líneas con una pequeña vivencia personal. Hace ya bastantes años, siendo director de una residencia de personas mayores, vinieron a mi despacho dos personas que en principio no tenían nada que ver, llamémoslos Pilar y Pedro, a informarme que hacía un tiempo que habían comenzado una relación entre ellos. Estaban muy ilusionados y esta relación les aportaba energía y ganas de vivir, compañía y afecto mutuo. Me pidieron dos cosas: la primera que les permitiera compartir habitación, la segunda que les ayudara con sus respectivas familias, para que entendieran la situación. 

Ni qué decir tiene que a ambas accedí, pero ni ellos ni yo pudimos conseguir ninguna de las dos. La oposición de ambas familias a esta relación fue total y absoluta. Nunca entendieron que esto pudiera formar parte de las necesidades de sus progenitores ni que contribuyese a su bienestar. Con su total oposición evitaron que Pilar y Pedro compartieran habitación, pero no pudieron impedir que ambos pasaran sus últimos años juntos, se eligieran, se acariciaran, se dieran la mano, se miraran, se acompañaran y se quisieran. 

Por tantas personas mayores institucionalizadas, por tanta gente que ama y quiere ser amada, por el fin de tanta soledad no deseada: ¡Feliz San Valentín a todas ellas!

Sobre el autor:

  Francisco Sigüenza Comas

Francisco Sigüenza Comas

Francisco Sigüenza Comas es el secretario general de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA).

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Capacitación polivalente; experiencia en gestión, administración, dirección y representación pública de entidades de servicios sociales y del tercer sector. 

Formado en el conocimiento de la de la Administración Pública y la Sociología con sendos posgrados, contando además con un conocimiento práctico tanto por los años de representación ante ella como por el ejercicio profesional. 

En el ámbito de los servicios sociales desde hace dos décadas. Director y coordinador de centros en Edad Dorada - Mensajeros de la Paz. Secretario General de CEOMA (Confederación Española de Organizaciones de Mayores). 

Profesor en Formación Profesional, Bachillerato y Universidad. 

 

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