Regresar al buen humor
He dudado si titulaba este artículo tal está o si usaba el gerundio de regresar y he decidido despedirme, al final de mis reflexiones, con un regresando. Porque ese será el objeto de esta mi pretensión.
En varias consultas de opinión, he leído que el buen humor puede entenderse de muchas maneras y todas ellas siempre como una motivación positiva. Generalmente coinciden en que, ese estado de ánimo, produce sensaciones de placer y satisfacción.
También se justifican cosas del mal humor, pero esas no me interesan tanto hoy. Sencillamente, porque tenerlo, aún siquiera por un momento, no digamos de tenerlo siempre, es algo negativo por insalvable. La propia RAE hasta permite sustantivarlo como malhumor.
Para la psicología básica, el buen humor se considera una herramienta clave para regular las emociones y mantener el bienestar mental.
Está bien describirlo así, pero se me queda algo corto. Porque entiendo que, además de sentirse bien, el estado emocional de buen humor, tendría que contagiar a quien se quiere secundar.
Recordemos a qué se denomina humor: El humor es una demostración manifiesta de la realidad destacando su lado divertido, favorable, o bien pesaroso. Algo así como referirse en concreto al estado de ánimo de la persona.
Y, por tanto, el buen humor es primordial en las relaciones humanas, sobre todo en aquellas donde la discusión o el parecer, sean discordantes.
Su mejor carácter es el derivado del buen resultado de la disquisición que se tiene a concurso. Frente a la defensa airada de posiciones encontradas, la búsqueda del buen hacer frente a la inconveniencia del encuentro, ejerce el regreso pacífico deseado.
Resulta muy eficaz gozar de buen sentido del ánimo, de voluntariedad firme de resolver diferencias, de templar fanatismos, recurrir, o disponer si se tiene naturalmente, al buen humor.
Hay quien afirma que practicar el buen humor, lima asperezas, propias y de los otros, incluso se habla de su fortaleza antidepresiva natural. Y se asegura su valor terapéutico, disminuyendo el cortisol que favorece la reducción del estrés y otros beneficios para mantener la buena salud.
He traído aquí estas consideraciones, porque quería destapar la impresión de mal humor que me parece ver actualmente en los semblantes de muchos conciudadanos con los que me cruzo.
Lejos de los buenos ratos sociales y del buen disfrute de los eventos festivos, la gente de la calle, desde ya hace tiempo, pasea su mal humor.
Basta fijarse en las caras de nuestros vecinos viajeros del transporte público; de las colas ante los servicios dispuestos para el público; de las llegadas al trabajo; de la insatisfacción de los resultados que no convencen; del mal rollo callejero e, incluso de la mala educación en el ascensor y en la sala de espera.
Frente a eso, yo propongo auspiciar proveerse de unas buenas dosis de humor, de echarse a la calle con ganas de recuperar el buen humor que nuestra sociedad parecía disfrutar no hace tantos años.
También existe un remedio de humor, casi siempre, bueno, el cómico, ese que propicia la risa, esa manifestación tan saludable que bien ejercida, sin medias vueltas, sin mensajes sociológicos, sana, tanto vale.
Por qué ahora malhumoramos tanto, qué hemos hecho, qué nos han hecho los que están obligados a mantenernos en el buen humor. Cuánto más hemos de pedir que nos traten con actitudes merecidas, optimistas y complacientes. Pido que no haga falta más enfadarse y que notemos pronto estar regresando el buen humor colectivo. ¿Quiere participar?
