Vacaciones sí, atracones no: por qué el bufé del hotel pone a prueba nuestro cerebro y nuestra salud

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Vacaciones sí, atracones no: por qué el bufé del hotel pone a prueba nuestro cerebro y nuestra salud Miia

Agosto es el mes por excelencia de las vacaciones para millones de españoles. Tras meses de trabajo, el descanso llega acompañado de hoteles, playas, montañas y, para muchos, de uno de los grandes símbolos del turismo: el bufé libre. Pocas imágenes representan mejor el inicio de las vacaciones que una larga mesa repleta de fruta, panes, quesos, platos calientes, postres y especialidades de todo tipo. Sin embargo, ese escenario tan atractivo también pone a prueba nuestra capacidad de elegir con prudencia, especialmente en las personas mayores.

Lo curioso es que la mayoría de nosotros llegamos al comedor con un apetito normal y, apenas unos minutos después, el plato parece preparado para alimentar a varias personas. ¿Qué ocurre? La respuesta no está únicamente en el hambre. La psicología y la neurociencia llevan años estudiando el llamado 'efecto de la abundancia'. Cuando el cerebro percibe una gran variedad de alimentos, interpreta que se encuentra ante una oportunidad excepcional y reduce los mecanismos que normalmente ayudan a controlar la ingesta.

A este fenómeno se suma otro sesgo muy humano: la necesidad de rentabilizar aquello que hemos pagado. En los bufés libres aparece con frecuencia el pensamiento de 'ya que está incluido, voy a aprovechar'. Diversos estudios sobre comportamiento del consumidor muestran que las personas tendemos a consumir más cuando percibimos que el coste marginal de cada ración es cero. Es una decisión emocional más que racional.

La investigación del profesor Brian Wansink, especialista en comportamiento alimentario, demostró que el entorno condiciona de forma decisiva cuánto comemos. La variedad, el tamaño de los recipientes, la disposición de los alimentos e incluso el ambiente del comedor modifican nuestras decisiones casi sin que seamos conscientes de ello.

En las personas mayores estas conductas pueden tener consecuencias más importantes. Con el envejecimiento cambian el metabolismo, la velocidad del vaciamiento gástrico y la sensación de sed. Una comida excesivamente copiosa puede favorecer digestiones pesadas, reflujo, somnolencia o descompensaciones en quienes conviven con diabetes, hipertensión o insuficiencia cardiaca.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) recuerda cada verano la importancia de mantener una adecuada hidratación y realizar comidas ligeras y frecuentes durante los periodos de altas temperaturas. La entidad insiste en que las personas mayores pueden perder parcialmente la sensación de sed, por lo que no deben esperar a tenerla para beber agua. Asimismo, recomienda priorizar frutas, verduras y alimentos ricos en agua, limitando comidas muy grasas o copiosas que dificulten la digestión.

En la misma línea, la SEGG ha defendido en numerosas intervenciones públicas que el envejecimiento saludable no consiste en imponer prohibiciones, sino en facilitar decisiones inteligentes que permitan mantener la autonomía y la calidad de vida durante más tiempo. Esa filosofía encaja perfectamente con la realidad de los bufés: no se trata de renunciar, sino de elegir mejor.

Paradójicamente, un buen bufé puede convertirse en uno de los espacios más saludables de nuestras vacaciones. Rara vez encontramos reunidas tantas opciones de fruta fresca, verduras, pescados, legumbres, carnes magras o yogures naturales. El problema no es la oferta, sino la forma en la que nos enfrentamos a ella.

Los expertos recomiendan una estrategia muy sencilla: recorrer primero todo el bufé antes de servirse; comenzar llenando medio plato con verduras; incorporar una fuente de proteína de calidad; elegir pequeñas cantidades de aquello que realmente apetece; comer despacio y reservar los postres para una elección consciente, no impulsiva. Del mismo modo, beber agua antes y durante la comida ayuda a controlar el apetito y favorece la hidratación.

Desde CEOMA, la Confederación Española de Organizaciones de Mayores, se viene insistiendo durante los meses de verano en reforzar las medidas de prevención frente al calor, recordando que una correcta hidratación y unos hábitos saludables forman parte de la protección integral de las personas mayores. Aunque sus campañas se centran especialmente en los efectos de las altas temperaturas, su mensaje encaja plenamente con la importancia de evitar excesos alimentarios durante las vacaciones.

El verano debería ser una oportunidad para cuidarnos mejor, caminar más, descansar y compartir tiempo con familiares y amigos. Volver a casa con unos kilos de más, molestias digestivas o una descompensación no forma parte del recuerdo que nadie desea conservar.

Quizá el auténtico lujo de un bufé libre no sea poder repetir tantas veces como queramos, sino disponer de la libertad de escoger aquello que realmente nos beneficia. Porque disfrutar de la gastronomía también significa hacerlo con equilibrio. Y esa puede ser una de las mejores enseñanzas del verano: disfrutar más no consiste en comer más, sino en elegir mejor.