Alimentación

Carnes blancas o rojas, ¿cuáles debe incluir en su dieta una persona mayor?

Mariola Báez

Sábado 23 de marzo de 2019

2 minutos

La carne es un alimento saludable, siempre que se opte por piezas magras y en cantidades moderadas

Carnes rojas y carnes blancas (bigstock)

La Fundación Española de la Nutrición (FEN) considera la carne en general como un alimento esencial de la dieta por los nutrientes básicos que aporta. De todos ellos, la proteína es de los más importantes, porque se trata de proteína de alto valor biológico, la que contiene todos los aminoácidos que nuestro organismo necesita para su buen funcionamiento. Dependiendo del tipo de carne y de la pieza concreta, el contenido proteico puede alcanzar entre el 20% y el 30%.

Además, la carne es fuente de vitaminas del grupo B (B1, B3, B12) y también de minerales como el hierro y el zinc de elevada biodisponibilidad, es decir, que podemos absorber con facilidad. Hay que recordar la importancia que tiene ingerir la suficiente cantidad de hierro en las personas que padecen anemia ferropénica.

Por todas estas características, comunes a la mayoría de las carnes que tomamos habitualmente, no se puede decir que unas sean buenas y otras malas. Lo que marca la diferencia entre las llamadas carnes rojas y carnes blancas es, ante todo, el contenido graso, que puede oscilar entre el 3% y 30%, una diferencia más que notable entre distintos tipos de carne que hay que tener muy en cuenta.

¿Qué tipo de carne es mejor y en qué cantidad debemos tomarla?

Salvo que por motivos médicos el especialista aconseje una dieta determinada, la recomendación general para una persona adulta y sana es tomar carnes dos o tres veces por semana pero no a diario. En esto coincide tanto la Estrategia Naos de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), como la Fundación Dieta Mediterránea que ademásrecomienda el consumo de carne roja siempre con moderación y el de carnes procesadas (embutidos) en cantidades pequeñas.

La grasa que pueda presentar un corte determinado de carne no es mala, pero su ingesta excesiva sí puede llegar a ser perjudicial, porque gran parte de esas grasas son saturadas y pueden elevar los niveles de colesterol resultando, además, poco saludables para el sistema cardiovascular. Las carnes rojas, especialmente el vacuno, son las que más ácidos grasos saturados (AGS) contienen, por lo que una persona con algún tipo de dolencia cardiaca o con el colesterol alto debe limitar su consumo.

Hay que tener en cuenta que algunas carnes también contienen cantidades importantes de ácidos grasos monoinsaturados, como el ácido oleico, que aporta múltiples beneficios a la salud. En este sentido, el ácido oleico puede estar presente en la carne de cerdo en un 38%, lo que la convierte en una de las más saludables pese a lo que se pensaba hace unas décadas.

En cualquier caso, a la hora de optar por un tipo de carne, sea cual sea, siempre es recomendable elegir piezas magras, las que menos grasas contienen. Si en tu dieta necesitas ser aún más estricto e ingerir la mínima cantidad de grasas posible sin renunciar a la imprescindible proteína, las carnes blancas, en especial pollo y pavo son las más aconsejables, ya que su contenido en grasas no llega al 1%.

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