Úrsula Segoviano
Salud
Las alteraciones visuales en la enfermedad de párkinson pueden afectar a la autonomía
Hasta el 80% de los pacientes sufre alteraciones visuales que impactan su vida diaria
La enfermedad de Parkinson no solo se manifiesta con temblor, rigidez o lentitud de movimientos. También puede alterar la visión, la percepción del entorno y la coordinación ocular, síntomas que a menudo se infraestiman aunque afectan de forma directa a la vida diaria.
Según la información difundida por el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, cerca del 80% de las personas con párkinson presenta algún tipo de alteración visual o visoespacial, con efectos sobre tareas tan cotidianas como leer, conducir, usar utensilios o reconocer expresiones faciales. Estas manifestaciones pueden aparecer incluso en etapas iniciales y no siempre se identifican como un problema ocular aislado, sino como parte del propio proceso neurodegenerativo.
Las señales más habituales incluyen visión borrosa, visión doble, dificultad para leer y problemas de percepción visual. A ello se suma el ojo seco, relacionado con la disminución del parpadeo, que puede provocar escozor, enrojecimiento y sensación de arenilla, además de empeorar la calidad visual, según informa el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega
Síntomas que alertan
Además de los síntomas más evidentes, el párkinson puede alterar los movimientos oculares, dificultando el seguimiento de objetos en movimiento, la fijación de la mirada o la convergencia, algo especialmente relevante en actividades de cerca como la lectura o el uso de dispositivos electrónicos. También pueden aparecer cambios en la sensibilidad al contraste y en la percepción del color, lo que complica la identificación de objetos y aumenta la inseguridad al desplazarse, sobre todo con poca luz.

El Dr. Jesús Merayo, director del Instituto Universitario Fernández-Vega, subraya que muchas molestias oculares se normalizan, pero en el contexto del párkinson pueden estar ligadas a la evolución de la enfermedad. Además, las alteraciones visoperceptivas, las alucinaciones visuales y el daño de la vía visual se han asociado con un peor rendimiento cognitivo y con un mayor riesgo de demencia en la enfermedad de Parkinson.
Detección y seguimiento
Los especialistas insisten en la importancia de las revisiones oftalmológicas periódicas, incluso cuando no existen síntomas evidentes. La coordinación entre neurología y oftalmología permite detectar antes estas alteraciones y plantear medidas para reducir su impacto en la vida diaria.
El mensaje de fondo es claro: el párkinson es una enfermedad multisistémica, y su abordaje debe contemplar tanto los síntomas motores como los no motores. Detectar antes los problemas visuales ayuda a preservar la autonomía, la seguridad y la calidad de vida del paciente durante más tiempo.
