Salud

Cómo afecta el ruido a nuestros oídos

Ignacio Casanueva

Domingo 30 de agosto de 2020

2 minutos

Una persona nace con unas 15.000 células ciliadas en cada oído

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Los sonidos, tal como los entendemos, no existen. Se tratan de vibraciones de presión en el aire, que una vez que llegan a nuestros oídos, se transforman en impulsos nerviosos que nuestro cerebro procesa y “traduce” a un lenguaje que entendemos.

Lo hacen gracias a una especie de pelillos, los cilios. Un símil lo podríamos ver en una pradera con hierba alta, en la que vemos cómo se mueven las hojas a merced del viento.  Y es que al igual que ocurre con este campo, los cilios son muy delicados y frágiles, por lo que reaccionan a estímulos externos. Siendo tan frágiles que los ruidos les producen daños irreparables.

Una persona nace con unas 15.000 células ciliadas en cada oído. Estas células componen el campo antes mencionado, y dependiendo de la intensidad de la vibración del aire, se desplazan, mandando una señal a las neuronas auditivas. Los cilios se distribuyen a lo largo de la cóclea, ordenados en filas en función de la frecuencia de vibración que pueden detectar.

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El problema comienza cuando lo que escuchamos no es sonido, sino ruido. El efecto perjudicial para estas células es acumulativo, de modo que no nos damos cuenta del daño hasta que ya se ha producido y es irreversible. Actualmente afectan ya a unos 500 millones de personas en el mundo y a 2 millones en España. Las pérdidas auditivas, además, están aumentando en niños y adolescentes

Pero no solo eso, sino que los ruidos intensos está demostrado que favorecen la aparición de un gran número de trastornos como hipertensión, infartos, diabetes, estrés, depresión, ansiedad…

Este último número es difícil de mantener ya que el ruido “normal” de una ciudad varía entre 40-50 decibelios, por lo que sumando una charla o el uso de unos auriculares, se llega a rondar fácilmente los 100.

Ser conscientes de ello es el primer paso para ponerle remedio y evitar, así, que los ruidos se conviertan en algo más que una simple molestia. Por todo ello habrá que intentar reducir el riesgo de una posible sordera: usar tapones, no intentar tapar un ruido con otro y seguir la regla 60-60 (la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL-CCC) aconseja no usar cascos más de 60 minutos al día y ponerlos, como mucho, a un 60% de su volumen).

Por eso es tan importante darles un ‘descanso de sonido’ a nuestros oídos.

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