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Después del sol, el tabaco es el agente externo que más envejece la piel

Teresa Rey

Sábado 27 de abril de 2019

2 minutos

Los expertos aseguran que acelera el deterioro de la piel y la aparición de arrugas en el rostro

Después del sol, el tabaco es el agente externo que más envejece la piel (Bigstock)

El tabaco es malo para la salud por múltiples motivos, y en concreto para la piel y su envejecimiento prematuro. De hecho, después del sol, se considera que es el agente externo más nocivo para este órgano. Algunos dermatólogos aseguran que si bien el componente genético de la piel influye en su apariencia, este solo lo hace en un 25%, de modo que el porcentaje restante se debe a factores que provienen de nuestros hábitos o de cuestiones como la contaminación o factores climatológicos. En cuanto al tabaquismo, las mujeres fumadoras tienen el triple de riesgo de presentar arrugas que las que no lo hacen, y en el caso de los hombres el doble.

Cómo actúa

Expertos de la Clínica Mayo lo corroboran, el tabaquismo puede contribuir a acelerar el proceso de envejecimiento de la piel y favorecer la aparición de arrugas. Los componentes químicos de los cigarrillos son los responsables de esta reacción cutánea. En total, un cigarro posee más de 4.000 tóxicos químicos y de ellos un 300 son altamente cancerígenos, apuntan desde Quirón Salud.

El paso de los años y la edad favorecen la aparición de signos de expresión, pero si además añadimos este hábito, entonces estamos acelerando el proceso de deterioro cutáneo. De entre estas sustancias, algunas afectan directamente al colágeno y la elastina, que son fibras que aportan vitalidad a la dermis y que ya de por sí van disminuyendo con el tiempo. Como consecuencia aparecen flacidez y arrugas.

La nicotina interfiere en la correcta circulación sanguínea y provoca la constricción de los vasos sanguíneos. De igual modo, afecta a la oxigenación de la sangre, pero también la de la piel y de los tejidos, de modo que estos se ven afectados y no funcionan con normalidad. 

Radicales libres

El consumo de tabaco aumenta también la producción de radicales libres.  En concreto, 1 mg de piel nos puede proteger de cerca de unos 600.000 radicales libres. Sin embargo, en lugares donde por ejemplo hay mucho humo en el ambiente provocado por varios fumadores a la vez, estos agentes químicos pueden llegar a ser millones, por lo que el organismo no tiene capacidad para defenderse contra tantos.

La tonalidad de la piel de los fumadores es distinta, en lugar de lucir rosada se muestra entre amarilla y grisácea. De igual modo, el tabaco interfiere en los procesos de cicatrización y el caballo se muestra más reseco y quebradizo. En algunos casos, incluso puede llegar a provocar cáncer en el labio, matizan los expertos.

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