Salud

Incendio de Valencia: la factura psicológica del estrés postraumático

Ramón Sánchez-Ocaña

Martes 27 de febrero de 2024

5 minutos

Si no se trata convenientemente, se puede entrar en una especie de autodestrucción

Incendio de Valencia: la factura psicológica del estrés postraumático
Ramón Sánchez-Ocaña

Martes 27 de febrero de 2024

5 minutos

Ser testigo o superviviente de una tragedia imprime carácter. Y puede hacer una marca para toda la vida. Quien ha vivido una tragedia, una inundación o un incendio, como el ocurrido en Valencia, pueden sufrirlo y de manera sobresaliente. 

Muchas de estas personas superan el trauma, se reponen, intentan olvidar lo pasado y reanudan su vida al principio con más o menos normalidad para acabar después, recordando muy de vez en cuando el hecho trágico.

Pero otros muchos, en un porcentaje que salvo en casos concretos no se puede evaluar, no se reponen. El recuerdo es permanente y el miedo se apodera de su vida. Inician entonces un comportamiento permanente de evitación; es decir, intencionadamente evitan circunstancias que recuerden o puedan ser similares a la situación vivida.

"Quien tiene miedo, por ejemplo –nos contaba el profesor Bobes, catedrático de psiquiatría de la Universidad de Oviedo– cambia incluso de patrones de conducta. Vuelve a casa antes de que anochezca, siempre con luz, se cierra a cal y canto y comienza una vida presidida por el temor. En otras ocasiones, por su interés en evitar situaciones lejanamente similares a las vividas, llega incluso a la inactividad. En muchos casos, no puede ni trabajar".

Se puede calcular que cerca de la mitad de la población va a vivir una situación dramática a lo largo de su vida. Porque también debe decirse que esa situación es meramente subjetiva. Ver una muerte o presenciar un atropello puede no significar gran cosa para un testigo, pero sí para otro. De ahí ese elevado porcentaje. Pues bien, de todos ellos alrededor del 15% va a padecer este estrés postraumático que, en mayor o menor grado , va a dificultar su existencia posterior.

Y con una particularidad: que si no se trata convenientemente, el individuo se va encerrando en sí mismo, en una especie de autodestrucción.

Hay que destacar que también depende, en buena parte de la personalidad del individuo. El proesor Bobes nos comentaba que en ocasiones no hace ni falta ser testigo: "Hemos visto casos tan curiosos como quien se salva porque aquel día, enfermo, no pudo ir al trabajo y allí ocurrió la tragedia. En vez de destacar la fortuna de no haber sido la víctima, su planteamiento gira en torno a lo que pudo haber pasado. Y a partir de ese momento, revive la situación, piensa en el destino, en que de la próxima vez no se libra, etc.".

 

Incendio de Valencia: la factura psicológica del estrés postraumático

Síntomas

Las manifestaciones del estrés postraumático pueden ser muy variadas, porque dependen en gran parte de la situación vivida. Tienen, de todos modos, unos rasgos comunes caracterizados como un síndrome de ansiedad. Se inicia con una rememoración constante del hecho vivido. Durante la noche, incluso, en forma de pesadilla o de alucinación. Otra de las características es la irritabilidad o la capacidad de sobresalto. Una voz, un gesto o un sonido puede hacerles reaccionar de forma desmesurada.

"Insisto –afirma el profesor Bobes– en que uno de los rasgos más comunes es la tendencia a evitar todo aquello que les recuerde el trauma. Esa conducta de evitación, les hace retraídos, se ven distintos ('nadie ha vivido lo que he vivido yo') y de ahí a la depresión no hay mas que un paso".

También se repite con insistencia la imposibilidad de concentración, como si cada vez que el individuo reclama atención para algo, lo único que apareciera en su cerebro es el recuerdo del momento trágico

La guerra

El estudio científico de este estrés postraumático es muy reciente. Los casos que indudablemente se producían antes, por ejemplo, en la guerra se llamaban “fatiga de combate”. Ahora, y desde los estudios de la guerra de Vietnam, el estrés postraumático ha entrado de lleno en el ámbito de la psiquiatría. 

Para dar una idea de la envergadura del problema, baste citar unos datos manejados en un Congreso de Psiquiatría celebrado en Oviedo. Son datos de la estadística norteamericana que pueden extrapolarse a los países desarrollados:

- Un 23% de los adolescentes han sufrido agresiones físicas o sexuales graves. Uno de cada 5 desarrolló el estrés postraumático.

- El 76% de los adultos ha vivido una situación dramática. El 10% desarrolló el estrés.

- Un 15% de los veteranos de la Guerra de Vietnam sufre el estrés postraumático después de 20 años

- Un 9% de la población urbana sufre este estrés.

- La mayoría de los pacientes psiquiátricos ingresados han sufrido situaciones estresantes graves y un 15% cumple los criterios de estrés postraumático.

Abusos sexuales

Uno de los problemas que desencadenan el estrés postraumático son los abusos sexuales. Como es fácil deducir, niños, mujeres y mayores son los más vulnerables.

En este sentido, la estadística nos informa de algo intrigante: hay como una especial mala suerte. Hay casos de violación en que, pese al estrés y, por tanto, al temor, a las medidas de seguridad, al mirar continuamente de reojo y hacia atrás, esa violación se repite. Hay muchos casos en que la víctima de una tragedia, la que sea, se ve envuelta en otra posterior. No hay explicación. Pero es una constatación estadística.

¿Cuándo aparece?

No se puede establecer el momento en que el estrés postraumático se instala. Es posible que ese recuerdo al principio se mantenga latente y se haga una vida normal y, poco después, meses después, se convierta en una presencia permanente. También puede ocurrir lo contrario: que desde el principio la vivencia reclame su presencia continuada e imposibilite una vida normal.

Lo que sí es importante señalar es que, en ocasiones, ese estrés extremo y prolongado puede dañar estructuras cerebrales, de manera que lo que comenzó siendo un problema psicológico, acaba siendo una enfermedad con lesiones cerebrales.

Las soluciones –no sencillas y, desde luego, no rápidas– se establecen en dos vertientes: por un lado el tratamiento psicológico oportuno, racionalizando la situación de la mejor manera posible y, por otro, puede instaurarse un tratamiento medicamentoso que ayude al paciente a sobrellevar la circunstancia.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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