Salud

Juan José Badiola: "Veremos la luz cuando el 70% de la gente esté vacunada contra la Covid-19"

Pablo Recio

Sábado 21 de noviembre de 2020

1 minuto

El epidemiólogo se muestra crítico con la gestión del Gobierno

Juan José Badiola: "Veremos la luz cuando el 70% de la gente esté vacunada contra la Covid-19"
Pablo Recio

Sábado 21 de noviembre de 2020

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El director del Centro de Encefalopatías y Enfermedades Transmisibles Emergentes, Juan José Badiola, entiende que con las restricciones que han tomado las comunidades autónomas será posible superar la segunda ola. Por ello, reconoce que, finalmente, no parece ser necesario el confinamiento total. 

Con todo, este científico, que adquirió gran notoriedad con la crisis de las vacas locas en el 2000, piensa que se podía haber evitado el descontrol actual de la pandemia y critica por ello al Gobierno y a las autonomías por su gestión, aunque también se muestra confiado en que la vacuna del COVID-19 logrará frenar una posible tercera ola.  

PREGUNTA  - ¿Qué le parecen los anuncios de posibles vacunas de Pfizer y Moderna? ¿Veremos pronto la luz al final del túnel?

RESPUESTA - Veremos la luz cuando el 70% de la gente esté vacunada. Aunque podremos intuirla un poco antes, cuando lo hagan los mayores, las personas con patologías previas y los sanitarios. En ese momento, por lo menos, estaremos salvaguardados de los efectos más fuertes de la pandemia. 

P.- Una gran parte de la población –incluidos mayores de 65 años–, según estudios publicados recientemente, no se pondría la vacuna del coronavirus o, al menos, esperaría un tiempo antes de hacerlo. ¿Qué les diría?

R.- Yo comprendo que la gente esté escéptica, preocupada y desconfiada. Se han oído tantas cosas. Hay opiniones muy diferentes y entiendo que estén confundidos. Pero les diría que, como en cualquier enfermedad infecciosa causada por un virus, la mejor forma de prevenirla es una vacuna.   

Dicho esto, también hay una carrera para ver quién llega antes y con la mejor vacuna, la más eficaz, la que dure más y la más segura. Y los propios laboratorios han hecho ya estudios in vitro, con ratones, monos y con voluntarios. Por ahora, la de Pfizer ha demostrado el 95% de eficacia. Y los mayores deben saber también que se prueba en distintas edades, incluidos ellos.

Pero, sobre todo, estas vacunas van a ser miradas con lupa por las agencias. Y no van a pasar una que no sea segura, eficaz y duradera. 

P.- ¿Hay riesgo de que la vacuna tenga efectos secundarios?

R.- A quienes pueden decir eso, les diría una cosa: tienen que tener presente que toda vacuna y medicamento puede tener algún pequeño riesgo. Pero una cosa es que ocurra con una de cada 80 personas y, otra, que lo haga con una de cada millón. Así que a la gente que no se fía le digo: 'Mire usted, no tome ningún medicamento, porque si lee el prospecto se va a quedar impresionado'.

Es una relación coste beneficio. El coste, es que haya tres personas con algún efecto adverso, pero, el riesgo, es que si no lo hacen, pueden ser contagiados. Y deberían valorar esa posibilidad, por mucho que se protejan. Ya hemos visto las consecuencias que tiene la enfermedad en las personas mayores. 

"Cuantos mejores datos haya, más se alejan los confinamientos".

P.- Y mientras llega la vacuna, ¿qué pasará? ¿Deberemos confinarnos en nuestras casas de nuevo?

R.- Creo que el Ministerio de Sanidad ha tenido criterio y estoy de acuerdo con ellos. Si se habían tomado unas medidas hace unas semanas, había que esperar a ver que efecto tenían, porque tomar otras, sin saber qué efectos tienen las anteriores, es poco inteligente.

Y, por lo que parece, está yendo bien. En la mayor parte de las CCAA, por ejemplo, en Navarra, que ha tenido incidencias por encima de 1.000, ya está bajando. Y en Aragón pasa lo mismo, o en Madrid, donde la cosa estuvo fatal, ahora ha mejorado. Las medidas han dado resultado. Y, cuantos mejores datos haya, más se alejan esos confinamientos.  

P.- Y si hiciese falta ese confinamiento, ¿cómo sería? 

R.- Creo que los confinamientos totales que se están aplicando ahora son más laxos que los que había antes. Aun así, vamos a ver, y si sigue a la baja la tendencia, intentemos dejar que lo haga sin más medidas.

Eso sí, hay que cumplir las que están en vigor. Por ejemplo, en las residencias de mayores, ¿vamos a abrirlas y dejar que entre todo el mundo? Pues no, sería un error gravísimo. O el que nos visiten los nietos en casa, tampoco se debería hacer. Hay que observar las medidas de distancia, lavarse las manos, no ir a sitios donde pueda haber mucha gente, no quitarse la mascarilla salvo para dormir, y nada más.

De momento, debemos hacer eso. Ya vendrán tiempos mejores. Incluso los bares son un peligro. Todo lo que sean concentraciones, lo son. 

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P.- ¿No volveremos a algo parecido a la 'nueva normalidad' que se vivió en junio?

R.- Lo haremos, en cierto modo, con la vacuna. Cuando el 70% se la ponga, el virus estará secuestrado. Aunque siempre habrá algún reservorio y algún país en el que la gente no se vacunará, pero creo que en cuanto se empiece a hacer, el virus habrá perdido la batalla.

Pero todavía no ha llegado ese momento. No es hora de levantar los hábitos actuales, hay que seguir. 

P.- ¿Viviremos unas Navidades con restricciones?

R.- Vamos a ser cautos y realistas. Habrá que celebrarlas a nivel reducido, con los que sean estrictamente de confianza. Tampoco pasa nada, ¿no? En vez de ser 20, seremos cinco o seis, ya está. Todo el mundo lo va a entender. Nos podemos mandar vídeos, hablar por Whats App o lo que sea, pero mejor sin estar cerca. 

P.- ¿Teme que se vuelva a abrir por motivos económicos?

R.- No, las autoridades van a estar muy cautas hasta que no haya vacuna. Puede ser que relajen alguna cosa, sobre todo la hostelería que, económicamente, está muy mal. Pero se tendrían que aplicar medidas extremas de seguridad. Ellos dicen: 'Sólo el 3% de los contagios se producen aquí', pero debemos saber que, donde hay gente que está cerca, es mal asunto, sea donde sea.

"Se hicieron los rastreos mal. No se preparó con tiempo ni se dieron instrucciones precisas".

P.- ¿Qué se hizo mal para que hayamos sufrido con tanta fuerza esta segunda ola en España?

R.- El error estuvo en el proceso de desescalada. Debió ser más prolongado, menos precipitado, más estricto y que no hubiese habido carreras para ver quién era el primero. Por esa razón, empezaron a salir, como ya se esperaba, brotes en todas partes, como el de Aragón y Cataluña que se acabó extendiendo a toda Europa.   

Otro fallo fue que, cuando dejó de haber presión en los hospitales, no se buscó bien a los asintomáticos. Se hicieron los rastreos mal. No se preparó con tiempo ni se dieron instrucciones precisas. Y en ese tema, el Ministerio de Sanidad y las Comunidades lo hicieron mal. Fue un error no prever tener rastreadores bien formados, porque no es fácil interrogar, le tienes que sacar información y requiere una técnica. Y pusieron a enfermeras y médicos que no tenían por qué saber de eso. Así que al final, de cada caso, en vez de sacar cinco o seis contactos fiables, trazaban uno o dos. 

Finalmente, fue un error que muchos positivos salían a pasear y contagiaban. Hacían la siguiente reflexión: 'Cómo voy a contagiar si no tengo síntomas. No tengo fiebre. Estoy bien, se han debido equivocar'. Todo eso sumó una bola que hizo que hubiese transmisión comunitaria, porque en cuanto se le da una oportunidad al virus, se cuela. 

P.- ¿Es inevitable una tercera ola?

R.- No, confío en el proceso de vacunación. Cuantas más barreras le ponemos es como si estuviese en un laberinto. Al final, se pierde y no contagia con la eficacia que lo hace normalmente. 

Foto 3

 

P.- Varias regiones italianas propusieron hace unas semanas el confinamiento por edad como medida para prevenir contagios, aunque la idea, al final, fue desechada. ¿Qué le parece este tipo de restricción?

R.- Las franjas horarias fueron una manera de flexibilizar el confinamiento. Los mayores también necesitan salir a dar un paseo y tomar el sol. Estar en la casa es matador para todo el mundo. Así que las franjas resolvían eso: evitar que todos estuviesen en la calle a la vez: abuelos, deportistas, niños... Además, no dio lugar a muchos contagios, a mí no me pareció mal.    

Pero el espectáculo que vivimos en la primera ola no se puede volver a repetir. No puede haber esos miles de ancianos que han fallecido. Es inaceptable desde el punto de vista social, tienen el mismo derecho a vivir que todos. Son los que construyeron este país. ¿Cómo les vamos a pagar? ¿Con la muerte? 

Pero luego, está la irresponsabilidad, como la fiesta esa de influencers que hubo hace unos días. ¿A estas alturas nos podemos permitir eso? ¿Es que tu padre no te importa nada o tu abuelo? Es inaceptable. Por ello, creo que lo de las franjas de edad no están mal. Los mayores deben tener preferencia siempre. Y por eso son los que van a ser vacunados primero. 

"Creo que Fernando Simón debería ser suficientemente sensato para decir: 'Ha llegado el momento que no doy más de mí, que pongan a otro' ".

P.- ¿Qué le parece la propuesta de carnés de inmunidad para personas que han pasado el COVID?

R.- La inmunología del virus no se conoce bien. Aunque lo que sí que es cierto es que las personas quedan protegidas a través de anticuerpos o células. La incógnita es cuánto dura y si es igual para todos. Pero todavía no están las cosas muy claras. Ahora, lo que nos importa es cuánto va a durar la vacuna. 

P.- Finalmente, como experto que ha trabajado en otro tipo de crisis sanitarias como la de las vacas locas, ¿cómo valora que varios colegios de médicos hayan pedido la destitución del director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón? ¿Debería dar un paso atrás o seguir al frente de la gestión?

R.- Creo que fue un error del Ministerio de Sanidad que se le encomendaran tanto la gestión como la comunicación. En una situación como esta, tan compleja, con noticias de todo tipo y donde la pandemia se te echa encima, no puedes hacer las dos cosas. Y a Fernando Simón le han quemado o se ha quemado. Hace lo que puede pero, inevitablemente, mete la pata. 

Y ha tenido varias meteduras de pata con comentarios que a la gente le han molestado. Por ejemplo, lo de las enfermeras. Entiendo que sea una broma, pero eso no se dice ni en broma. Un comunicador tiene que ser una persona con credibilidad y ésta se gana haciendo las cosas bien y acertando lo más posible. Con todo, la gente también entiende que se pueda equivocar alguna vez. Yo he hecho predicciones y no siempre he acertado. 

Creo que Fernando Simón debería ser suficientemente sensato para decir: 'Ha llegado el momento que no doy más de mí, que pongan a otro'. También pienso que puede ser el amor propio de: 'Venga, voy a aguantar hasta el final'. Pero eso aún está lejos.

Y después, lo del comentario de los médicos que se contagian fuera y no tanto en los hospitales. Hombre, por favor. Aunque puede tener razón en parte, la mayor probabilidad es que se infecten en el contacto con los enfermos. Creo que no le dio importancia a la frase y eso les ha enfadado mucho (al Consejo General de Colegios de Médicos), aunque es verdad también que ya le tenían entre ceja y ceja. 

Por otra parte, pasa que Fernando Simón es un hombre que no se le entiende bien, es un poco ambiguo. Y a la gente hay decirle las cosas claras, porque si no, no lo entiende. Los científicos vivimos en una permanente incertidumbre pero el público, no. Lo que pasa con Fernando Simón es que es el típico epidemiólogo médico. Son estadísticos, los de la curva y la tabla. Tienen que hablar de porcentajes, que la gente lo entiende mejor. O, por ejemplo, la transmisión comunitaria, ¿qué es? Pues que se está transmitiendo mucho y no se sabe cómo, ya está.

Y finalmente, respecto a la crisis hospitalaria, y eso no tiene culpa Fernando Simón, si sabían que iba a haber una oleada en otoño, ¿por qué no crearon nuevas UCI?, ¿por qué no han ampliado camas?, ¿por qué no han hecho acopio de respiradores? y ¿por qué has desmantelado lo que se hizo en la primera ola?

Aquí, en Aragón no hemos bajado de los 200 casos desde el verano. ¿No era suficiente tiempo para haber aprendido? Es lo de siempre de España: somos muy improvisadores y no somos capaces de planificar bien.

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