Salud

El peligroso síndrome del abuelo esclavo

Antonio Castillejo

Sábado 9 de noviembre de 2019

3 minutos

Muchos se ven ‘obligados’ a cuidar de sus nietos a diario, algo que puede repercutir sobre su salud

El peligroso síndrome del abuelo esclavo. Photo: Bigstock.

El cuidado de los los más pequeños ha cambiado enormemente en las última décadas en la que hemos pasado de una crianza ejercida exclusivamente por los padres a otra en la que los abuelos participan muy activamente. Los motivos son varios y contundentes: falta de políticas efectivas de conciliación de la vida laboral con la familiar, grave crisis económica, y poca adecuación de horarios a necesidades concretas en colegios y guarderías.

Todo ello hace que muchos padres encuentren la mejor solución para el cuidado de sus hijos en los abuelos, algo que tiene evidentes ventajas como explica  Ana María Lorente, pediatra del Centro de Salud Juan de la Cierva en la localidad madrileña de Getafe, “los efectos son muy positivos. Los abuelos adoran a sus nietos. Son felices de tenerlos y necesitan darles su amor. Disponen de un valor precioso, el tiempo. Ese tiempo que apenas tuvieron con sus hijos. Se sienten más relajados. La vida les da otra oportunidad. Es su momento más dulce. Quieren dejar su legado y transmitir su experiencia. Se sienten más jóvenes y activos. Son amigos y cómplices de los pequeños, incluso se comportan como ellos. Además, se adiestran en el uso de Internet y de las nuevas tecnologías”.

Pero como la propia doctora Lorente explica, el cuidado de los nietos también puede conllevar problemas: “En general, se sienten felices y aceptan de buen grado esta tarea. Y más cuando la familia tiene problemas económicos o laborales. Pero muchos hijos exigen demasiado a sus padres. Recurren al tópico de que sus padres ‘son felices con los niños’ y se ha creado el término ‘abuelo canguro’”.

Los abuelos tienen su propia vida

Sea como fuere, los ‘abuelos canguros’ pueden llegar a convertirse en ‘abuelos esclavos’, dejando totalmente a un lado sus necesidades y deseos para dedicarse en cuerpo y alma a los nietos algo que puede llevarlos a sufrir el llamado síndrome del abuelo esclavo que puede afectar seriamente a su salud.

Muchos de ellos acaban haciendo renuncia de sus propias necesidades y deseos para tener dedicación plena y constante a esa función y muchos abuelos llegan a convertirse en verdaderos “esclavos”, a pesar de no disfrutar ya de la fuerza y energías que tenían en su juventud, lo que puede  repercutir en su salud, tanto de las abuelas como de los abuelos. De hecho, más del 60% de los abuelos está plenamente involucrado en la crianza de sus nietos y la Encuesta sobre Personas Mayores realizada por el Imserso revela que los abuelos cuidan de los nietos más que las abuelas, aunque las abuelas los cuidan más tiempo. Las mujeres les dedican 6,2 horas diarias y los hombres 5,3.

El síndrome del abuelo esclavo puede afectar a personas mayores que se ven literalmente obligadas a cuidar de sus nietos, a menudo no de forma puntual, sino convirtiéndose en una suerte de segundos padres. Y una cosa es ayudar a los hijos y otra muy diferente sustentar todo. Como explica María Ángeles Durán, Premio Nacional de Sociología, “los abuelos también tienen espalda y tienen su propia vida y derecho a irse al cine y a bailar y a pasear y a discutir o a lo que quieran y para muchos abuelos los nietos son una fuente enorme de alegría y una forma de estar conectados con el mundo, pero también hay casos en los que es un abuso y está claro que los abuelos deben estar protegidos contra ese abuso, para poder decir que no, que de ellos no se abusa ni para eso ni para nada”.

Síntomas y soluciones

Los síntomas de los abuelos esclavos son evidentes: no tienen vida social más allá su familia; no saben decir que no a sus hijos y explicarles que necesitan descanso y más tiempo para ellos; sienten que están estresados por la responsabilidad que conlleva cuidar y educar a sus nietos; después de estar con sus nietos se sienten muy cansados y sin fuerzas para cualquier otra actividad; se obsesionan con que esa no era la vida que habían pensado llevar tras su jubilación; padecen cuadros de ansiedad, insomnio, estrés o depresión; también a nivel psicológico  aparece la tristeza, la irritabilidad, la pérdida del sentimiento de disfrute o la falta de atención; y pueden sufrir dolor crónico, hipertensión arterial e, incluso, descompensación de enfermedades crónicas como la diabetes.

La solución obligada pasa por el diálogo sincero entre los abuelos y sus hijos. Aunque muchas veces no es sencillo porque los abuelos sienten que su familia les necesita y no pueden negarles toda su ayuda, es imprescindible hablar para que los hijos sean conscientes de los sentimientos de sus padres, de sus preocupaciones y de sus limitaciones, porque cuando la situación empieza a repercutir en la salud de los abuelos no hay más remedio que solucionarla, y sus hijos deben ser conscientes de ello.

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