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Los alérgicos al polen de gramíneas de estas ciudades se enfrentan a una primavera dura

65ymás

Sábado 20 de marzo de 2021

6 minutos

Según el presidente del Comité de Aerobiología de la SEAIC, el doctor Ángel Moral

Se puede tener alergia al polen en invierno (Bigstock)
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Sábado 20 de marzo de 2021

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El presidente del Comité de Aerobiología de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), el doctor Ángel Moral, ha advertido de que los alérgicos a pólenes de gramíneas de Cáceres, Badajoz, Sevilla, Madrid y Toledo se enfrentan a una primavera intensa, con valores que van desde los 6.000 granos por metro cúbico de Madrid hasta los 10.000 de ambas provincias extremeñas, pasando por los 7.000 que se esperan en la capital andaluza.

Así, ha explicado que este año el invierno ha sido muy frío durante el mes de enero. Esto ha favorecido el enraizamiento de las gramíneas salvajes, que han desarrollado raíces más profundas, lo que ocasionará un crecimiento más vigoroso y como consecuencia, más pólenes de gramíneas en primavera.

En este sentido, y debido a las intensas nevadas que se han producido en la zona centro peninsular por la borrasca Filomena en las comunidades de Aragón, Castilla-León, Madrid y Castilla-La Mancha, el deshielo ha favorecido el acumulo de agua en la superficie terrestre, lo que ocasionará un mayor desarrollo de todas las plantas y, como consecuencia, un aumento en los niveles de pólenes, incluidos los desencadenantes de problemas alérgicos.

Alergia al polen

 

"Sin embargo, el resto de los pólenes que pueden producir problemas alérgicos, como es el caso del plátano de sombra, el olivo, el abedul, y las cupresáceas (ciprés y arizónica), este año no tendrán niveles elevados de pólenes debido a la caída de los árboles y la rotura de ramas por la borrasca que azotó la zona central", señala el experto.

En este sentido, el alergólogo ha señalado que en el resto de las provincias españolas se espera, sobre todo, una primavera moderada, con concentraciones entre los 3.000 y los 4.000 granos. En cambio, esta será muy leve en las islas Canarias, con una cifra de 300 granos por metro cúbico, y leve en Almería, Huelva, Cuenca, Guadalajara y Albacete, con valores que oscilan entre los 1.000 y los 3.000.

Asimismo, el experto ha hecho hincapié en que este año se prevé que el uso generalizado de la mascarilla contribuya a disminuir los síntomas de rinitis y asma debido al efecto de pantalla sobre la nariz y la boca. Como consecuencia, se experimentará una reducción en el consumo de medicación y una disminución en la asistencia a servicios de urgencias por parte de los polínicos. "De todos modos, desde la SEAIC insistimos en la necesidad de cumplir con los tratamientos para el asma" recuerda el experto.

Sin embargo, Moral advierte del incremento de pacientes "que se quejan de que los ojos le molestan", ya que precisamente es la única zona que queda expuesta con la mascarilla. En este sentido, el especialista ha recomendado a estas personas el uso de gafas en el exterior y la disminución de las salidas a la calle los días de mucho viento.

En esta misma línea, el doctor Moral detalla que en los últimos diez años se ha duplicado el porcentaje de alérgicos a los pólenes más alergénicos. "Las gramíneas han pasado del 35 por ciento al 74 por ciento, la arizónica del 9 al 23 por ciento, el plátano de sombra y la salsola del 7 al 14 por ciento, y el olivo del 30 por ciento al 52 por ciento". Así, ha añadido que "la causa parece hallarse en el efecto de la contaminación y el cambio climático sobre los pólenes".

Influencia de la contaminación

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La emisión de partículas contaminantes procedentes de las calefacciones y de los motores diésel altera la estructura del polen haciendo que este genere proteínas de estrés como mecanismo de defensa y aumentando su capacidad de inducir una respuesta alérgica en personas susceptibles. "Estas proteínas de estrés incrementan la agresividad del polen en las ciudades y en poblaciones que viven cerca de autopistas en comparación con los pólenes de zonas rurales sin contaminación", explica Moral.

Por este motivo, prosigue, en las ciudades se producen más casos de alergia a pesar de que la concentración de pólenes sea menor que en el campo. "Los altos niveles de contaminación de las ciudades favorecen el fenómeno de inversión térmica que impide a los pólenes abandonar la atmósfera e incrementa el tiempo de exposición a ellos", explica el alergólogo.

Asimismo, el cambio climático está alterando los ciclos de polinización de las plantas. Adelantan el inicio y retrasan el final de su período de floración, con lo que se amplía la duración del período de polinización, y, por lo tanto, hay una mayor exposición de la población a los pólenes. "Este año, debido a las bajas temperaturas registradas durante el mes de enero se ha producido una disminución de la actividad de todas las plantas, entre ellas las cupresáceas, lo que ha propiciado un retraso en el inicio de la polinización", ha reiterado el alergólogo.

Al inicio de la pandemia, con motivo de las medidas de restricción de movilidad de vehículos y la disminución de la actividad industrial, el experto ha recordado que se observó una reducción en la presencia de los contaminantes, lo que contribuyó a mejorar la calidad del aire y la reducción de enfermedades respiratorias.

La patología alérgica dificulta en muchos aspectos la vida diaria de los pacientes, a la vez que lleva consigo un alto coste socioeconómico. Tal y como afirma el presidente de la SEAIC, el doctor Antonio Valero, "las enfermedades alérgicas precisan de un manejo integral, no solo desde el punto de vista terapéutico, sino también orientando al paciente, sobre cómo convivir mejor con su enfermedad".

Existen algunas medidas que mejoran la calidad de vida de los pacientes alérgicos, cuyos síntomas no se circunscriben únicamente a los meses de primavera. "Frecuentemente recomendamos el uso de mascarillas homologadas, aplicaciones móviles que se nutren de la web del comité de aerobiología de la SEAIC, filtros antipolen en el coche o los purificadores de aire para interiores", apunta el alergólogo.

La utilidad primordial para la utilización de mascarillas en los alérgicos sería en aquellas zonas donde se producen de forma habitual niveles muy elevados de pólenes, debido a la abundancia de determinadas plantas en esa zona. Esto ocurre en ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza y Valladolid en los meses de marzo y abril por el plátano de sombra; en provincias como Jaén en mayo y junio por la polinización del olivo y en Cáceres y Badajoz en las mismas fechas por las gramíneas.

"Las mascarillas para evitar la exposición a los pólenes se vienen utilizando desde hace unos 30 años, sin embargo, debido al rechazo que producían hasta el año pasado, por el temor a que el resto de la gente pensara que podría tratarse de una persona infectada, se habían infrautilizado", señala el doctor Ángel Moral.

Aparte del uso de las mascarillas, el doctor Valero insiste en que "la inmunoterapia o vacunación antialérgica debe considerarse siempre como una herramienta terapéutica de primer orden en el manejo de los pacientes alérgicos porque es el único tratamiento que puede modificar la evolución natural de la patología alérgica", advierte.

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