Caso Àngels Barceló: El desafío emocional de dejar la empresa en la que llevas toda la vida

Expertos explican cómo afrontar el vacío y la pérdida de identidad al dejar el puesto

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Cerrar etapas no siempre es fácil y más cuando se trata de poner fin a una relación laboral con una empresa en la que llevas toda la vida. La marcha de Àngels Barceló (62 años) de la Cadena Ser tras más de 20 años trabajando para la emisora, ha puesto sobre la mesa el impacto emocional que puede tener dejar un trabajo después de tantos años y a las puertas de la jubilación.

Los miedos y la incertidumbre pueden empezar a convivir con la duda de no saber quiénes somos sin esa parte que tanto espacio ocupa en nuestro día a día y en nuestra vida. Preguntas como "¿Quién soy yo?" ¿Qué cosas realmente me gustan y me satisfacen en mi vida?, ¿Cuáles son mis fortalezas?,¿Cuáles son las vulnerabilidades personales que podrían verse exacerbadas cuando me jubile?", son las que la psicóloga María Gutiérrez Raposo anima a hacerse en este tipo de situaciones.

La experta nos explica a 65YMÁS que es completamente normal “sentir un vacío al desprenderse de esa parte tan grande de sí mismos”, especialmente si la persona ha “construido gran parte de su identidad basada en su mundo laboral”.

Y es que el trabajo es "una parte vital en mayor o menor medida para muchas personas. Cuando un trabajo se viene desarrollando durante más de 30 o 40 años, queda sin duda una huella; hablamos de un baile de probabilidades que han hecho que nos comportemos como lo hacemos, durante muchas horas en el trabajo, de manera relativamente estable y que sigamos haciéndolo (a veces, y desafortunadamente, por pura supervivencia económica y sin margen de elección sobre qué sala de baile conviene más). Entre todas estas probabilidades, encontramos bailes tan sincronizados en los trabajos, como son: el sentido de la responsabilidad personal, el sentido de significado, el conocimiento de los resultados de nuestro desempeño, por citar algunos", añade el también psicólogo José Manuel García Bustos.

Y añade: "Todas estas condiciones influyen sobre la manera en la que nos vemos, en la que percibimos nuestra eficacia, o en la que otras personas nos ven y evalúan, y es por eso por lo que emocionalmente, esa huella es algo difícil de distanciar". Eso sí, el experto también recuerda que el trabajo no necesariamente tiene que formar parte de nuestra identidad humana.

Sabiendo ya el papel que juega el trabajo en nuestras vidas, ¿qué podemos hacer para afrontar esta nueva etapa? Lo primero que nos recomienda la experta es "cuidar la autoestima", y en concreto, "aquellas personas que se definieron a sí mismas por sus carreras profesionales tendrán que construir nuevos roles y nuevas facetas que ayuden a sostener esa autovaloración". Gutiérrez considera que las personas que estén acostumbradas a reflexionar sobre ellas mismas estarán más preparadas para afrontar este reto.

Vivir la salida del trabajo como un duelo

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Además de reflexionar sobre el futuro, Bustos reconoce que otro aspecto importante es entender que el adiós laboral se puede vivir como un proceso de duelo: "La persona y la parte contratante en un trabajo establecen un acuerdo para intercambiar conocimientos, remuneración, fuerza laboral, desarrollando un vínculo más o menos duradero en el que van a confluir intereses muy diversos, pero que aspira a beneficiar a ambas partes. "La "ruptura" o el "detenimiento" de esta relación ya implica un cambio en la disponibilidad de todo lo que hasta entonces significaba interactuar bajo ese entorno de trabajo, y que ahora supone la ausencia de el momento de coincidir en el desayuno, una cartera de clientes, o la pérdida de un horario y unas condiciones que se podían llegar a estimar de forma positiva…", expone.

Su compañera de profesión coincide con Bustos y añade que es necesario entender que se pasarán por diferentes fases:

1. Despedida laboral. Suele haber rituales de despedida vinculados a este momento: comidas, cenas, fiestas, celebraciones, regalos…

2. Luna de miel. Prima la sensación de libertad, de poder y control del tiempo de uno mismo. Ahora llega el momento de hacer todo lo que se quiso hacer y quizá no se pudo anteriormente: viajar, disfrutar de la familia, pasatiempos, voluntariados…

3. Desencanto. Pasado un tiempo, se pueden echar de menos rutinas del día a día cuando se trabajaba, la parte social de las relaciones laborales, el sentimiento de “utilidad” que proporcionaba el trabajo a la autoestima de cada persona… y algunos jubilados/as tienen que lidiar con sentimientos de soledad, inutilidad, decepción…

4. Reconstrucción y construcción del "yo". ¿Cuáles van a ser mis propósitos y objetivos en la vida a partir de este momento?, ¿Qué deseos, motivaciones, necesidades tengo?, ¿qué me sigue dando valor y haciendo sentir bien a pesar de que ya no estoy trabajando?".

El impacto emocional de volver a buscar trabajo

Otro de los grandes problemas a los que se enfrentan los trabajadores con más experiencia es tener problemas para reincorporarse al mercado laboral por la edad. Esto, en palabras de los expertos, puede tener un impacto psicológico profundo, especialmente porque no se limita a una pérdida de empleo, sino que afecta a la identidad, la sensación de utilidad y la estabilidad emocional.

Como plantea Gutiérrez Raposo, es clave “ir preparando y teniendo unas reservas emocionales para poder enfrentar esta nueva etapa del ciclo vital”, lo que implica una reflexión previa sobre la jubilación, el grado de elección en ese proceso y las expectativas con las que se afronta. Es decir, anticipar tanto lo positivo como lo difícil ayuda a sostener mejor esta transición vital.

Por su parte, García Bustos subraya que el rechazo laboral por edad puede ir mucho más allá de una simple experiencia de desánimo y convertirse en un proceso de desgaste psicológico progresivo. En sus palabras, cuando la persona se enfrenta a respuestas negativas reiteradas o al “silencio administrativo”, “se desencadena un desgaste psicológico muy específico” que afecta directamente a la forma en que interpreta su situación laboral.

Añade que uno de los efectos más relevantes es la pérdida de control, ya que “da igual lo bien que haga las cosas, la experiencia que tenga o las ganas que le ponga: la respuesta exterior siempre es una puerta cerrada”, lo que puede derivar en sentimientos de indefensión.

También advierte del impacto en el diálogo interno, cuando la persona empieza a interiorizar ese rechazo: “Ya no sirvo”, “Mi experiencia ahora es un estorbo”, llegando a asumir una “fecha de caducidad” profesional que no es real, sino construida a partir de la presión externa.

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"Si pasados unos meses, la persona sufre con esta nueva situación laboral y el malestar es intenso y afecta a distintas áreas importantes como el sueño, la alimentación, el estado emocional, aumenta la ansiedad y cuesta trabajo adaptarse a la nueva situación, sería recomendable pedir ayuda profesional", nos responde la psicóloga.

Por su parte, Bustos nos explica que la tristeza no es en sí misma un problema, sino una emoción con una función adaptativa clara: “Supone una reacción del cuerpo automática e involuntaria que cumple una función muy clara y necesaria para la vida”, ya que nos ayuda a comprender y elaborar las pérdidas importantes.

El problema aparece cuando se intenta evitar o bloquear lo que se siente. En palabras del experto, muchas dificultades surgen de “los esfuerzos que muchas personas ponen para no permitirse sentir lo que sienten o tratar de eliminarlo”, lo que puede acabar generando más malestar a medio y largo plazo. Esto hace que el malestar se intensifique cuando se entra en dinámicas de control emocional que resultan contraproducentes: “Paradójicamente, al tratar de controlar nuestras emociones, nos lleva a la consecuencia de vernos controlados por ellas”, asegura el psicólogo.

García Bustos también hace hincapié en que la vulnerabilidad tras dejar un trabajo no implica debilidad, sino reconocimiento de la propia condición humana: “Supone un acto de valentía aceptar que el mero hecho de ser personas conlleva vulnerabilidad en momentos del ciclo vital”.

¿Qué papel juega la familia?

El paso de una vida centrada en el trabajo a pasar más tiempo en casa con la pareja o la familia no se vive de la misma manera en todos los casos. Para la psicóloga “todo dependerá de cómo estén esas áreas previamente a la situación de jubilación”, ya que el impacto del cambio está muy ligado a los conflictos o dinámicas que ya existían antes de retirarse.

Por su parte, Bustos reconoce que la jubilación supone una transformación importante en la vida diaria: “Todo cambia sus lógicas, o surge la necesidad de darles una repensada sobre cómo aterrizarlas”, lo que obliga a reorganizar rutinas, tiempos y acuerdos dentro del hogar.

En este contexto, el experto subraya la importancia de la comunicación y el consenso en pareja o familia, ya que “contar con una red de personas convivientes… ofrece la oportunidad de nutrir este importante paso y conciliarlo”, convirtiendo el cambio en una oportunidad de ajuste más que en un foco de conflicto.

Por ello, recomienda abrir espacios de diálogo y reflexión conjunta, incluso a través de preguntas como “¿en qué condiciones no puedo permitirme seguir con la conversación cuando estamos pasando por una tensión?”, con el objetivo de mejorar la gestión emocional y fortalecer la convivencia.

Consejos de los expertos para afrontar este momento

Los expertos coinciden en que este tipo de momentos pueden vivirse no solo como un cierre, sino también como una oportunidad para reorganizar la vida con mayor consciencia, equilibrio y cuidado personal.

Por un lado, recuerdan la importancia de reconectar con uno mismo y con otras áreas de la vida más allá del trabajo. Tal como señala la psicóloga Gutiérrez Raposo: "Es un momento muy bonito para poder pararse a conocerse a sí mismo/a, revisar deseos y necesidades, poder seguir disfrutando de aquello que nos satisface" .

"Y si alguien no ha podido llegar a saber qué es lo que le gusta, lo que necesita o motiva, puede empezar a hacerlo y descubrirlo. Ahora es momento de fortalecer otras áreas como la social, la familiar, la de pareja (si se tiene) y la individual. El área laboral ha ocupado gran parte de nuestras vidas; ahora es momento de dar paso a cultivar el resto de áreas. Dedícate todo el tiempo que haga falta a descubrir qué pasiones tienes, qué te interesa, qué te ilusiona, qué te hace feliz… ya que es momento de poder trabajar en ello. Convivir con el equilibrio del disfrute y de la aceptación de lo que va cambiando y a lo que hay que ir adaptándose."

Por otro lado, García Bustos recuerda que "un final laboral conlleva en ocasiones vértigo ante lo que está por venir, y que no es posible determinar por completo. Sentir miedo cumple una función muy necesaria y clave para esta situación. Es una emoción que aporta información sobre lo que nos hace vulnerables y lo que, a la vez, nos moviliza a protegernos".

El experto plantearía la pregunta: "¿Cómo necesitas acompañarte mientras estás sintiendo miedo? ¿Cómo te hablarás? ¿A quién necesitarías contárselo para sentir que ese miedo no te abruma? Generalmente, una conversación con uno mismo desde la compasión es un espacio seguro. Puede incluso transformarse en una carta dirigida a uno mismo, reconociendo lo vivido, lo aprendido y lo aportado en esa etapa laboral", concluye.