El envejecimiento dispara una crisis de cuidados en Europa y América Latina
Más demanda, más costes y familias desbordadas ante sistemas públicos insuficientes
El envejecimiento acelerado de la población se ha convertido en uno de los mayores desafíos sociales y económicos tanto en Europa como en América Latina y el Caribe. Según información difundida en el marco del Foro Multi-actor EU-LAC, organizado por la Fundación Internacional EU-LAC, el aumento de la esperanza de vida y la caída de la natalidad están generando una demanda creciente de cuidados de larga duración que los sistemas actuales no logran absorber, trasladando gran parte de la carga a las familias.
Uno de los principales impactos de esta transformación demográfica es el creciente peso que recae sobre los hogares. Ante la falta de sistemas públicos suficientes, las familias -y especialmente las mujeres- asumen la mayor parte del cuidado de personas mayores dependientes. Este fenómeno no solo limita oportunidades laborales, sino que también amplía las desigualdades de género y genera tensiones económicas en los hogares.

A ello se suma el aumento de los costes asociados al cuidado. La escasez de servicios públicos accesibles obliga a muchas familias a recurrir a soluciones privadas, frecuentemente caras o informales. En América Latina, la informalidad laboral en el sector agrava la situación, mientras que en Europa, aunque existen sistemas más desarrollados, estos enfrentan una creciente presión financiera y de capacidad.
El Foro se enmarca en el Pacto Birregional por los Cuidados, lanzado en 2025 durante la Cumbre CELAC-UE, con el objetivo de fomentar la cooperación y el intercambio de políticas entre regiones. Entre sus impulsores destacan instituciones como la Comisión Europea, ONU Mujeres, la CEPAL y la Organización Internacional del Trabajo.
Los expertos coinciden en que el fortalecimiento de los sistemas de cuidados no solo es una cuestión social, sino también económica. Considerar los cuidados de larga duración como una inversión estratégica podría mejorar la protección social, generar empleo formal y reducir desigualdades.
Sin embargo, el reto es urgente. Sin reformas estructurales y una mayor implicación pública, la crisis de cuidados seguirá profundizándose, dejando a millones de familias como principal red de apoyo frente a un problema cada vez más complejo.
