Jubilados que acompañan a familias con niños enfermos: voluntariado sénior de Casa Ronald McDonalds

Más de 20 voluntarios mayores de 65 años colaboran actualmente en sus Casas y Salas Familiares

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Jubilados que acompañan a familias con niños enfermos: voluntariado sénior de Casa Ronald McDonalds

Cuando llega la jubilación, muchas personas no buscan dejar de hacer cosas, sino encontrar una nueva forma de estar presentes. Después de años de trabajo, crianza, cuidados o responsabilidades familiares, algunas descubren que todavía tienen mucho que aportar: tiempo, experiencia, calma, conversación y una forma de cuidar que no siempre se mide, pero que se nota.

En Casa Ronald McDonald España, más de 20 voluntarios y voluntarias mayores de 65 años colaboran actualmente en sus cinco Casas y cinco Salas Familiares repartidas por España. En su mayoría son mujeres y algunas superan los 80 años. Participan en tareas cotidianas y de apoyo, como la organización de espacios, la cocina, las manualidades, la limpieza o el acompañamiento a las familias.

Muchas de ellas llegan con una vida entera de experiencia a sus espaldas. Algunas fueron profesoras y hoy comparten juegos, lectura o actividades con los niños. Otras han cuidado durante años de hijos, nietos o familiares, y encuentran en el voluntariado una manera distinta de seguir haciéndolo. No desde la obligación, sino desde el deseo de ayudar. Casa Ronald McDonald España trabaja para que las familias con niños enfermos puedan permanecer cerca de sus hijos durante sus tratamientos hospitalarios. Sus Casas y Salas Familiares ofrecen espacios de descanso, convivencia y apoyo cotidiano para familias que, en muchos casos, deben desplazarse lejos de casa para que sus hijos reciban atención médica.

En ese contexto, el voluntariado sénior tiene un papel especialmente valioso. No se trata solo de ayudar a cocinar, ordenar una sala o preparar una actividad. Se trata, sobre todo, de estar. De ofrecer una presencia tranquila. De acompañar sin invadir.

 

Jubilados que acompañan a familias con niños enfermos: voluntariado sénior de Casa Ronald McDonalds

“Me jubilé y tenía tiempo. Empecé sin saber si me gustaría, pero me encantó”

Dolors Camp Saboya tiene 83 años y colabora en la Casa Ronald McDonald de Barcelona desde 2006. Conoció la Fundación a través de una carta publicada en un periódico. En ella, una voluntaria explicaba su experiencia en la Casa y contaba que tenía que dejar su labor, animando a otras personas a ocupar su lugar.

Dolors decidió probar. “Me jubilé y tenía tiempo. Empecé sin saber si me gustaría, pero me encantó”, recuerda. Desde entonces, acude a la Casa para jugar con los niños, especialmente con los más pequeños, y ayudar a mantener cuidada la sala de juegos.

Lo que más le gusta, dice, es sencillo y enorme a la vez: “Hacer felices a los niños pequeños”. Para ella, el voluntariado le ofrece “una tarde agradable ayudando a los demás” y también una manera de mantenerse activa. A otras personas mayores que estén pensando en hacer voluntariado les lanza un mensaje claro: “Que no se lo piensen dos veces. Hacer cualquier voluntariado es una cosa que llena el alma”.

“Ayudamos, pero a mí también me ayuda mucho estar allí”

Carmen Llamas tiene 65 años, está prejubilada y colabora desde 2018 en la Casa Ronald McDonald de Madrid. Conoció la Fundación a través de un familiar cuya hija estuvo ingresada y se alojó en la Casa durante el tratamiento. “Siempre me ha gustado ayudar”, explica. En la Casa colabora en tareas cotidianas como cocinar, limpiar o apoyar en aquello que haga falta para que las familias encuentren un entorno cuidado y acogedor.

Para Carmen, el voluntariado no es solo una forma de dar, sino también de recibir. “Ayudamos, pero a mí también me ayuda mucho estar allí. Me siento muy afortunada”, reconoce. A otras personas de su edad que estén pensando en hacer voluntariado les diría que no lo duden: “Que hagan voluntariado y que se vengan a la Casa”.

 

Jubilados que acompañan a familias con niños enfermos: voluntariado sénior de Casa Ronald McDonalds

Una forma de seguir activos y acompañados

El voluntariado sénior no solo aporta a las familias. También transforma la vida de quienes lo ejercen. Para muchas personas, colaborar en una Casa o Sala Familiar supone mantener una rutina, sentirse útiles, compartir tiempo con otras personas y formar parte de una comunidad.

Varias voluntarias explican que esta experiencia les ayuda a relativizar sus propios problemas, a mantenerse activas y a sentirse bienvenidas. Otras destacan que el voluntariado les permite seguir aprendiendo, conocer realidades distintas y poner sus habilidades al servicio de quienes más lo necesitan.

En un momento vital en el que muchas personas mayores buscan nuevas formas de participación, el voluntariado se convierte en una vía para seguir vinculadas a la sociedad. No desde la obligación ni desde el deber, sino desde algo mucho más sencillo: las ganas de aportar.

Personas mayores que siguen teniendo mucho que dar

Estas historias muestran una realidad cada vez más relevante: la jubilación puede abrir una etapa de participación, cuidado y compromiso social. En Casa Ronald McDonald, muchas personas mayores encuentran un espacio donde seguir activas, compartir lo que saben y acompañar a familias que necesitan sentirse arropadas mientras sus hijos reciben tratamiento médico.

“El voluntariado sénior aporta a nuestras Casas y Salas una forma de acompañar muy especial: tiempo, escucha, serenidad y mucho cuidado cotidiano. Son personas que ayudan a que las familias se sientan un poco más en casa en momentos muy difíciles”, explica Luisa Masuet, directora general de Casa Ronald McDonald España.

Para muchas de estas personas, la jubilación no ha significado retirarse del mundo, sino encontrar una nueva manera de formar parte de él. Una manera discreta, constante y profundamente humana: seguir cuidando.