El letal 'efecto isla de calor': vivir en ciudades grandes multiplica el riesgo para los mayores

Las temperaturas pueden subir considerablemente respecto a zonas rurales conlindantes

El letal 'efecto isla de calor': vivir en ciudades densas multiplica el riesgo para los mayores Miia

Las olas de calor son una amenaza para los mayores. Cada vez más precoces, intensas y prolongadas, se han consolidado como un importante reto de salud pública y protección social de nuestro tiempo.

Ahora bien, su riesgo no es idéntico en todo el país. Existen ciertos factores que ponen a este colectivo más en peligro, algunos de los cuales tienen que ver con el urbanismo. 

El efecto de las "islas de calor" urbanas

Según se explica en el documento Olas de calor y personas mayores. Guía práctica para Administraciones y Centros Residenciales, elaborado por el exdirectivo de la OMS, Daniel López Acuña para HelpAge International España, el peligro térmico se multiplica exponencialmente en estos entornos, debido al efecto de "isla de calor", que se da cuando hay escasez de zonas verdes, falta de sombras y presencia masiva de asfalto y materiales artificiales que absorben la radiación.  

Este fenómeno provoca que el centro de una ciudad pueda registrar entre 3 y 7 grados centígrados más que su entorno rural circundante.

Así, para las personas mayores que residen en el núcleo urbano, especialmente aquellas con movilidad reducida que viven en pisos altos orientados al sur, en edificios antiguos con aislamiento deficiente o sin aire acondicionado, el riesgo es muy importante, ya que sus viviendas se pueden transformar en "hornos".

Como detalla el epidemiólogo Daniel López Acuña en la guía publicada por HelpAge International España, la convergencia del cambio climático, el envejecimiento demográfico y una urbanización deficiente genera un "triple riesgo convergente" de consecuencias fatales.

ola de calor

¿Por qué afecta tanto a la salud de los mayores?

Al urbanismo, se deben sumar otros factores de riesgo específicos. Fisiológicamente, explican en la guía, el envejecimiento altera el sistema de termorregulación: las personas mayores sudan hasta un 25-30% menos y sufren de "hipodipsia", una disminución de la sensación de sed que puede llevarles a una deshidratación severa sin que siquiera sientan la necesidad de beber.

Además, su menor reserva cardiovascular hace que el corazón sufra un enorme estrés intentando bombear sangre hacia la piel para disipar el calor interno.

A esto se suma la vulnerabilidad generada por los fármacos. Medicamentos habituales como los diuréticos agravan la pérdida de líquidos, mientras que los antihipertensivos y betabloqueantes limitan la capacidad de enfriamiento del cuerpo.

Y todo ello produce un enorme estrés cardiovascular y renal, además de precipitar el deterioro cognitivo agudo o episodios de delirium.

De esta manera, a nivel epidemiológico, el perfil de máximo riesgo corresponde a una mujer mayor de 75 años, que vive sola, con enfermedades crónicas, polimedicada y sin climatización adecuada en casa.

Ola de calor 2026 junio

Mortalidad por calor

Según la guía elaborada por López Acuña, la mortalidad relacionada con el calor en personas mayores de 65 años habría experimentado un drástico aumento del 85% entre los periodos 2000-2004 y 2017-2021.

A nivel mundial, la OMS estima unas 489.000 muertes anuales por calor. En Europa, el panorama es desolador, sumando más de 180.000 muertes asociadas a altas temperaturas en el periodo 2022-2024.

En España, el sistema de vigilancia MoMo contabiliza más de 47.000 muertes en exceso asociadas al calor entre el año 2000 y 2022. Tan solo en el trágico verano de 2022, un estudio de la revista Nature Medicine estimó 11.324 decesos en nuestro país. 

Consejos

Ante esta situación, la guía de HelpAge exige pasar a la acción y da las siguientes recomendaciones:

  • Administraciones y urbanismo: Los ayuntamientos deben incrementar la infraestructura verde y de sombra, y utilizar registros actualizados de personas vulnerables para realizar seguimientos telefónicos –teleasistencia– o visitas domiciliarias proactivas en cuanto se emita una alerta. Además, se deben crear redes de "refugios climáticos": espacios públicos accesibles, gratuitos y climatizados donde los mayores puedan resguardarse durante las horas críticas.
  • Residencias de mayores: Tienen que blindarse con protocolos estrictos e identificar "salas frescas de referencia" mantenidas entre 24ºC y 26ºC. Además, se debe implementar una pauta de "hidratación activa", ofreciendo líquidos a los residentes cada 1 o 2 horas con registro exhaustivo, tomar constantes vitales cada 2-4 horas a los de mayor riesgo, e instalar diagramas de flujo visuales para actuar con rapidez ante cualquier síntoma.
  • A nivel individual y familiar: Aconsejan beber entre 1,5 y 2 litros de agua diarios, aumentando a 3 litros durante alertas, sin esperar a tener sed. Proponen asimismo consumir alimentos frescos y ricos en agua, y evitar totalmente el alcohol. Y en su domicilio casa, piden bajar persianas en horas centrales (de 11:00 a 20:00) y refrescarse con duchas o paños húmedos. Por otra parte, ante síntomas de alarma como temperatura corporal superior a 39ºC que no cede, confusión mental o falta de orina durante más de 8 horas, aseguran que se tiene que llamar sin demora al 112.