Sociedad

La salud mental de las trabajadoras públicas, al límite: "La ansiedad y el estrés siguen presentes"

Laura Moro

Foto: Bigstock

Miércoles 2 de noviembre de 2022

6 minutos

Tienen que recurrir a ansiolíticos por no sentirse reconocidas o por exceso de trabajo

La salud mental de las trabajadoras públicas, al límite: "La ansiedad y el estrés siguen presentes"
Laura Moro

Foto: Bigstock

Miércoles 2 de noviembre de 2022

6 minutos

“Habiendo trabajado toda mi vida como enfermera, tras pasar la primera etapa de la pandemia empecé a notar picos de ansiedad a distintas horas del día sin relación alguna y por la noche empecé a despertarme a distintas horas con pesadillas recurrentes y que no tenían relación con problemas de mi vida”, cuenta una profesional del Servicio Murciano de Salud. Su testimonio anónimo es uno de los más de 2.000 que la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) ha recopilado para la elaboración de su estudio sobre trabajadores públicos y el consumo de fármacos psicoactivos.

Encarna Abascal, Secretaría de prevención laboral del CSIF, nos ha facilitado este testimonio, además de contarnos más detalles sobre esta investigación que determina que un 45% de empleados públicos consume prácticamente a diario ansiolíticos, antidepresivos y somníferos, entre otros: “Las condiciones laborales y los recursos humanos de la Administración Pública son los que son, y en muchos casos el volumen de trabajo a raíz de la pandemia se ha quedado sobrecargado. A todo esto hay que añadir el impacto que han podido sufrir en sectores como el sanitario, con todo lo que han visto y vivido en estos dos años ha podido generar estrés postraumático y problemas que aún no están resueltos y que se suman a las nuevas condiciones del día a día”, comenta a 65YMÁS la trabajadora del CSIF.

Lo que narra Abascal describe a la perfección lo que siente la enfermera del Servicio Murciano de Salud: “Al principio no le di importancia porque pensaba que era el estrés del trabajo, y lo cierto es que a día de hoy, más de un año después del inicio de los síntomas, no me siento bien. Tengo sensación de angustia. Antes me encantaba mi trabajo pero ahora siento ansiedad y angustia, y vienen a mi cabeza los pensamientos que tenía en esa temporada y me sigo despertando por las noches”, relata la mujer.

Y es que según el estudio, el perfil mayoritario es el de una mujer de entre 45 y 54 años, trabajadora de la sanidad pública o de un centro educativo que consume ansiolíticos a diario por soportar un exceso de carga de trabajo o por pensar que carece del debido reconocimiento profesional. Sobre esto, la trabajadora del CSIF ha querido hacer una aclaración: “Que haya salido como perfil mayoritario una mujer tiene que ver por un lado, con la media de la población trabajadora más activa y, por otro, con la feminización de los sectores que más nos han contestado, como sanidad o educación. Pero esto no significa que las mujeres tengan más debilidad emocional, simplemente que al ser sectores donde hay más mujeres, recibimos más respuestas de su parte”, apunta Abascal.

Pero esto no es todo: “También hay que tener en cuenta la carga familiar de las mujeres, que suelen ser las que asumen este rol. Ni hay que olvidar los casos de abuso laboral que llevan a las personas a necesitar medicación para poder gestionar la situación emocionalmente”. 

Los resultados del estudio

Según la encuesta, los psicofármacos más consumidos son ansiolíticos (66%), antidepresivos (43,6%) y somníferos (32,1%). Además, más de la mitad de los encuestados (51%) asegura consumir estos fármacos a diario, un 13% varias veces a la semana, un 21% alguna vez al mes y un 15%en el último año.

El 76% manifiesta que el trabajo le influye a la hora de consumir estas sustancias: un 54,2 por ciento lo relaciona por un exceso de carga de trabajo, un 44,6 por el escaso reconocimiento profesional y un 37,7 por ciento por el mal clima laboral (conflictos, situaciones de acoso, etc.).

La otra crisis sanitaria: la venta de antidepresivos ha aumentado un 10% a raíz de la pandemia

 

Además, un 21,22 por ciento relaciona el uso de estos fármacos con la inseguridad laboral (temporalidad, interinidad, etc.), un 20,6 por ciento con los problemas con los usuarios a los que presta servicio y un 12,6 por ciento con los problemas económicos.

En el tema docentes el mayor problema es que se sienten poco respaldados por el centro, sobre todo ante los padres, ya que hoy en día hacen más caso a sus hijos que al docente, aparte de la burocracia que puede haber y que influye en el estrés y la  ansiedad”, apunta Abascal.

Se necesita invertir en salud mental

Otro dato significativo de la encuesta es que más de la mitad (55 por ciento) de los encuestados reconoce que no consumía esta medicación antes de la pandemia de COVID-19, mientras que el 93 por ciento se queja de la ausencia en sus centros de trabajo de iniciativas sobre protección de la salud mental: “Si tienes a una parte de tus trabajadores tomando antidepresivos o ansiolíticos deberíamos preguntarnos cómo están nuestros empleados. Desde luego en el caso de los funcionarios la situación ahora mismo en España está desorbitada y ha influido mucho”, comenta Abascal.

Estos resultados sorprendieron mucho al equipo, sobre todo cuando se dieron cuenta de que la pandemia había empeorado considerablemente la situación: “Es una cantidad muy elevada de personas que están tomando medicación, y seguramente no influya solo el factor laboral, y también haya que tener en cuenta los factores familiares y personales de cada uno, y cómo nos ha afectado la pandemia y la crisis económica que estamos viviendo”, opina la trabajadora del CSIF.

“Lo que también nos llama la atención es que no se hayan implementado las medidas suficientes porque no interesa hacer la vigilancia de la salud mental o aprobar planes de prevención e intervención frente a sustancias o conductas adictivas, que es algo que queremos incorporar porque una persona que está bajo medicación hay veces que no tiene la misma atención o el mismo tipo de gestión, y necesita adaptarse”, señala Abascal. 

Las consecuencias

Y es que muchas veces “se actúa cuando ya se ha producido el daño en el trabajador o trabajadora, en vez de hacer una verdadera prevención, y esto es muy importante resaltarlo: hay que hacer una vigilancia de la salud mental para ver si esa persona está siendo dañada de alguna manera porque sino lo que hacemos son parches, y dificultas que no se pueda adaptar después”, opina la trabajadora.

Tras consultar con un especialista se me diagnosticó un síndrome ansioso-depresivo, y el desencadenante único es la pandemia porque a nivel profesional los sanitarios hemos pasado por una época de incertidumbre, de no saber qué va a pasar, si vamos a enfermar y nos vamos a morir, si nuestras familia iba a estar en peligro por nuestro trabajo… Ha sido una pesadilla y a nivel psicológico las secuelas están ahí. Es verdad que parece que la normalidad está aquí, pero los síntomas de este estrés y de ese no saber qué va a pasar, siguen estando”, asegura la enfermera.

Y seguirán estando “si no se toman medidas aunque hay personas que por su cuenta acaban yendo a un profesional de la psicología para que les ayude a gestionar, si no cambia nada nos vamos a encontrar con un absentismo muy elevado por problemas de depresión y ansiedad, y cuando el estrés se hace crónico ya es más complicado de gestionar porque la persona ya está superada, y esto no es un modelo de trabajo sano”, advierte la trabajadora del CSIF. 

El testimonio de la enfermera y los datos del estudio son preocupantes, y si no se toman medidas reales e inmediatas la situación no hará más que empeorar. Ya lo anuncian los expertos, la nueva pandemia será, si no lo es ya, la de la salud mental.

Sobre el autor:

LauraMoro

Laura Moro

Laura Moro es graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid, y está especializada en temas de salud y género. Su trayectoria profesional comenzó en Onda Cero Talavera.

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