Ser padre con más de 55 años: una tendencia que crece entre la polémica y los prejuicios edadistas
En los últimos ha aumentado el número de padres que tienen hijos en su madurez
"Tener tu primer hijo con cincuenta y un años no es algo muy habitual, y hay quien ya me ha hecho alguna broma... También me preguntan por qué he esperado tanto, y cuando les respondo que no había tenido tiempo, que quiere decir que he dedicado mi tiempo a otras cosas, me miran como preguntándose qué hay más importante a lo que dedicarle el tiempo. Me alivia pensar que no tengo que tener respuesta para todo...". Esta es una de las reflexiones del escritor catalán Frances Serés, en su último libro El primer año (Ed. Destino, 2026), en que relata la experiencia íntima de la crianza de un hijo a una edad tardía en el mundo actual.
Y es que tener un hijo, a la edad que sea, te cambia la vida. Pero en este Día del Padre de 2026 queremos reflexionar sobre un fenómeno, –aún minoritario pero creciente a medida que aumenta la longevidad–, el de los padres sénior. A todos nos viene a la cabeza rostros de famosos que han sido padres con 55 años o muchos más, como George Clooney (padre a los 64 años), Robert de Niro (padre de su séptimo hijo a los 79 años), o Alberto Núñez Feijóo (padre a los 55 años). Pero también muchas otras personas anónimas, ya que la maternidad y paternidad se están retrasando de manera generalizada en España. Además, la esperanza de vida y los modelos de familia están cambiando, generando nueva oportunidades de ser padres con más edad. Todo ello trae consigo pros y contras, que reabren el debate sobre si debería haber edad máxima para tener descendencia o qué consecuencias puede suponer la paternidad tardía en los hijos.

Los padres sénior duplican su peso en España
Tal como explica Albert Esteve, director del Centro de Estudios Demográficos (CED), entre 2009 y 2024 la cifra de padres de 55 años (otro progenitor) o más ha pasado de 9.716 a 12.142 casos, según datos del Insituto Nacional de Estadística (INE). "Aunque en términos absolutos el aumento puede parecer modesto, su peso relativo sobre el total de padres se ha doblado en ese periodo, pasando del 0,32% al 0,61%, debido a la baja natalidad", explica, mientras lamenta que no sea posible saber si son hijos primerizos. "Lo que sabemos es que hay un retraso generalizado de la fecundidad, que somos el país de Europa donde se tienen los hijos más tarde y que los hombres siempre han sido padres más tarde que las mujeres".
Factores como el retraso de la maternidad y la paternidad por la situación sociolaboral, el aumento de la esperanza de vida y las técnicas de reproducción asistida, podrían estar detrás de estas cifras. También los nuevos modelos de familia. Tal como explica la doctora Elisa Gil, de la Sociedad Española de Fertilidad, "las familias reestructuradas presentan progenitores más mayores, y no es raro encontrarnos con varones de más de 45-50 años que abordan segundas paternidades, pero ocasionalmente también primeras". Respecto a la comparativa generacional, Marta Seiz, investigadora sobre demografía del CSIC, explica que la cifra de padres mayores de 55 años era de tan solo 0,1% en 1980", según el Boletín Estadístico de Partos del Instituto Nacional de Estadística. "A lo largo de los años ha ido aumentando progresivamente, situándose en 0,5% en el año 2019. Es decir, se evidencia un incremento, pero sigue tratándose de un fenómeno muy minoritario".
Nacimientos por grupo de edad del otro progenitor
La polémica sobre si es un acto "egoísta"
Aunque poco a poco haya más padres sénior, estos no dejan de generar polémica como la suscitada por la historia de Pierre Sablé, un francés que a sus 91 años acaba de ser padre por séptima vez. Para algunos, se trata de una decisión individual totalmente respetable, mientras que otros muchos se plantean si es egoísta una paternidad a edades tan avanzadas, por las consecuencias que puede tener en los hijos. Frente a las dudas, la psicóloga Gemma Pérez Rojo, señala que el verdadero reto "no está en la edad, sino en la capacidad de responder de forma sensible y coherente a las necesidades presentes y futuras del hijo. La edad cronológica por sí sola no determina la calidad de la crianza. Lo relevante son las variables psicológicas mediadoras como regulación emocional, apoyo social percibido, creencias parentales, estilo educativo y calidad del vínculo", señala. Y concluye que la paternidad después de los 55 años "no es, en sí misma, un factor de riesgo, ni un factor protector", sino que dependiendo del caso, se puede vivir de forma plena, y en otros, puede requerir mayor ajuste y adaptación.
Aún así, un aspecto en el que coinciden tanto expertos como los propios padres es el sesgo edadista e incluso machista a la hora de juzgar las paternidades tardías. Mientras figuras públicas como Bertín Osborne o Julio Iglesias son celebradas, las mujeres que son madres a edades maduras sufren feroces críticas, como se evidenció en el caso de Ana Obregón. "En este caso hay muchos otros factores, pero sí hay un prejuicio de género que se despliega una vez más en el caso de las madres sénior", señala el sociólogo experto en edadismo, Juan Carlos Pérez, recordando que esto se debe principalmente a los roles tradicionales de cuidados, en los que se presupone que es la mujer la que más los ejercerá, además del componente biológico.

La biología no perdona, pero es más indulgente con ellos
Aún así, los expertos señalan que esto ignora el hecho científico de que la fertilidad masculina también disminuye con la edad y de que existen riesgos de anomalías genéticas o alteraciones de salud en la descendencia cuando el padre es sénior. La investigadora del CSIC Marta Seiz recuerda que "la fertilidad masculina también disminuye progresivamente a partir de los 40 años", aumentando el riesgo de partos prematuros, bajo peso al nacer o anomalías genéticas. "Existe una creencia social errónea de que los hombres pueden concebir hijos sin experimentar dificultades o riesgos a edades avanzadas. Esto no es así; la disminución de la fertilidad masculina y la reducción de la calidad de los gametos masculinos con la edad también son hechos biológicos. La edad del padre – y no solo la de la madre – es un factor que influye en el riesgo de infertilidad y de pérdidas gestacionales, así como de algunas complicaciones de salud para la descendencia".
La Dra. Gil, experta en fertilidad añade que, a partir de los 45-50 años, los varones pueden presentar un empeoramiento seminal. "En la biología masculina, a diferencia de la femenina, el declive de la fertilidad, que existe también, no es tan temprana como en la mujer (en ésta la caída de la curva de fertilidad empieza a los 35 años aproximadamente). Se habla en las últimas investigaciones médicas de que la edad paterna también importa, pero no hay consenso de cuándo se puede hacer relevante. Se sugiere que los varones por encima de 45-50 años pueden presentar valores seminales más alterados fundamentalmente por la presencia de espermatozoides con mayor oxidación de la cadena de ADN".

Más estabilidad y madurez, los puntos positivos
Nos preguntamos también que pros y contras puede tener la paternidad tardía a nivel psicológico y social. Gema Pérez Rojo, catedrática de psicología, defiende que existen ciertas ventajas de ser padre sénior, ya que partir de los 55 años los hombres han consolidado su identidad personal y profesional, lo que favorece "un estilo de crianza más reflexivo, con mayor autorregulación emocional y menor impulsividad". Es lo que en psicología se conoce como "generatividad": el deseo profundo de cuidar y dejar un legado a la siguiente generación. Además señala que "la experiencia vital acumulada puede traducirse en mayor tolerancia a la frustración y en expectativas más realistas sobre el desarrollo infantil".
Por su parte, el demógrafo Rafael Puyol, presidente de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), presidente de honor de SECOT (@Secot_), catedrático de Geografía Humana de la Universidad Complutense de Madrid y rector honorífico, además de miembro del Comité de Expertos de 65YMÁS., coincide en que estos padres sénior tienen la ventaja de tener "consolidada su situación laboral" y "unos ingresos más altos que una persona más joven", lo que facilita el mantenimiento y educación de los hijos. Además, Puyol derriba el mito edadista de que un padre sénior tenga menos energía física: "Dependerá del caso, pero hoy en día a los 55 años no se es viejo ni muchísimo menos. Los 55 son los nuevos 45 años. Generalmente llega con unas condiciones de salud magníficas", apunta.

Los desafíos: brecha generacional y menos tiempo de vida juntos
Sin embargo, la crianza no es únicamente un proceso emocional, sino también relacional, por lo que los expertos señalan que la brecha generacional puede suponer un reto en términos de socialización, especialmente en la adolescencia. Pérez Rojo advierte que las diferencias en el uso de tecnología o valores pueden generar desajustes. Pero quizás el mayor desafío de un padre sénior es que no pasará tanto tiempo con sus hijos como el que los ha tenido más joven y tal como advierte Rafael Puyol, se enfrentan a la desaparición de la tan importante figura del abuelo si las generaciones se siguen espaciando.
Un aspecto en el que que coincide el sociólogo experto en edadismo, Juan Carlos Pérez. "Estos hombres que son padres tardíos, no van a ser abuelos con mucha probabilidad y educan a hijos que corren el riesgo de verse ocupados en el cuidado de padres muy mayores cuando apenas estén en la veintena". Pero según Puyol, dada la baja tasa de fecundidad en España "más vale que haya hijos de padres tardíos que no los haya y en cualquier caso no olvidemos que la juventud biológica dura hoy más que nunca".

Foto cedida por Marc, cuando nació su último hijo
En primera persona: Así lo viven los padres sénior
Para quienes lo experimentan en primera persona, la edad queda a menudo en un segundo plano frente a la vitalidad que aporta la crianza. Francesc Serés, escritor que fue padre por primera vez a los 51 años, recuerda en su libro que se pregunta en su libro dónde estaba su hijo Juli antes, "¿Dónde ha estado todos estos años? Lo había estado esperando, me esperaba él a mí, (...) Mientras escribo esto, tengo una pantallita para vigilar a Juli al lado de la del portátil. Está conectada a una cámara que hay en la habitación", señalando innovaciones tecnológicas de la crianza, impensables hace unas décadas.
Marc (60 años), tuvo a su hijo menor a los 53 años con una nueva pareja, asegura que nunca entendió la obsesión de sus amigos por tener el "nido vacío", explica a 65YMÁS. "Siempre me ha gustado ser padre, lo fui por primera vez en mi treintena y he tenido ya cinco hijos. Ahora, con el menor, de 7 años, de vez en cuando me llaman abuelo, pero la verdad es que no me importa", confiesa. Para él, los factores verdaderamente importantes en la crianza son el niño y la madre, dejando la edad del padre en un lugar secundario.
Por su parte, Ricardo, de 73 años nos cuenta que convive con los hijos adolescentes (de 15 y 18 años) de su segunda mujer. Describe la experiencia como "muy estimulante". "Vivir de cerca debates juveniles sobre bullying, sexismo o redes sociales te obliga a estar plenamente actualizado". Sin embargo, Ricardo no romantiza la situación y advierte de que la paternidad a estas edades "supone un cambio profundo y tienes que estar preparado mentalmente. Tienes que estar en acción siempre", concluye.


