Tecnología

Coronavirus: Respiradores artificiales, ¿cómo funcionan?

Ignacio Casanueva

Viernes 15 de mayo de 2020

2 minutos

Estos aparatos son esenciales para los pacientes graves con insuficiencia respiratoria por COVID-19

Respiradores artificiales, ¿cómo funcionan?

Durante semanas han sido los protagonistas de los debates, noticias y conversaciones tanto entre vecinos como en los hospitales. Y no por una buena causa. Nos referimos a los respiradores para hacer frente al COVID-19. Su escasez, y su eficacia los ha convertido en protagonistas de esta batalla.

Estos aparatos son el salvavidas de los pacientes más críticos al necesitar de ventilación artificial. Se trata de una tecnología muy avanzada cuya fabricación es más compleja de lo que puede parecer a primera vista. Os explicamos su funcionamiento:

El objetivo de un respirador de ventilación artificial es insuflar aire al individuo con una presión por encima de la atmosférica. De esta forma se fuerza a los pulmones, que tienen una presión más baja, a llenarse.

En la actualidad esta respiración se genera con un flujo de aire procedente de una turbina. Solamente es necesaria una corriente eléctrica para crear esta presión positiva. En la mayoría de los casos estas máquinas vienen con una batería de alta capacidad que les garantiza el funcionamiento; así como un sistema duplicado para que, en caso de fallar el primero, se active el segundo. Antes de ello estas máquinas utilizaban pistones de una fuente externa de aire comprimido.

Aunque pueda venir a la mente una máquina que se une al paciente a través de tubos que van directos a los pulmones, no en todos los casos será así. Hay que diferenciar entre los pacientes leves (siempre hablando de los casos graves) y aquellos críticos. Para los primeros se utilizará una mascarilla de “respiración artificial no invasiva”, es decir, no se introduce nada en la persona. Las personas que forman parte del grupo de casos graves sí deberán ser intubados.

Estos respiradores de turbina tienen la opción de regular el flujo y presión de aire, personalizando así “el servicio” a cada persona. Entre las opciones para una pronta recuperación está la mezcla de oxígeno utilizada, los niveles de humedad y la monitorización de los intentos del paciente para respirar por si mismo. En las versiones más modernas los aparatos avisan al personal sanitario con alarmas sobre la presión, los posibles fallos o intentos de movimiento.

Historia

Como ocurre con mucha tecnología que hoy disponemos, hay que remontarse al anterior siglo para ver los primeros prototipos para entender su evolución. A pesar de que puedan parecer aparatos muy rudimentarios, cumplían su función.

Un ejemplo lo podemos ver en esta imagen: una cámara que ocupaba todo el cuerpo del paciente para crear una atmósfera con menor presión, o presión negativa, para que la caja torácica tuviera mayor facilidad para hincharse. El pulmón de acero cayó en desuso a favor de los aparatos de presión positiva más modernos y menos aparatosos.

pulmon acero

 

 

0

No hay comentarios ¿Te animas?