Logran controlar el párkinson de un paciente de 70 años gracias a una técnica innovadora
Gabriel Salazar, experto en párkinson, explica en qué consistió la intervención
Mientras se investigan y desarrollan fármacos que atajen de raíz la enfermedad de Parkinson, la medicina lleva años enfocándose en controlar los síntomas que causa esta patología para garantizar que el paciente pueda tener la mayor calidad de vida y autonomía.
Uno de los últimos avances de interés que se han producido en ese sentido recientemente ha sido el llevado a cabo por el Instituto Clavel, especializado en neurocirugía.
Dicha institución médica ha aplicado, por primera vez en un paciente, una estrategia quirúrgica avanzada basada en la implantación de cuatro electrodos simultáneos.
En concreto, dicha técnica se empleó en un paciente de 70 años con 14 años de evolución de la enfermedad. Tras sufrir fluctuaciones motoras severas, fue intervenido previamente en Estados Unidos mediante estimulación cerebral profunda en el globo pálido interno, pero la mejoría no superó el 30% y continuó sufriendo bloqueos en la marcha y graves dificultades para hablar.
Fue entonces cuando el paciente acudió a España, explica a 65YMÁS Gabriel Salazar, neurólogo experto en trastornos del movimiento del instituto.
El equipo médico decidió replantear la inercia clínica y aplicar una estrategia poco habitual: implantar dos nuevos electrodos en el núcleo subtalámico, manteniendo inicialmente los dos que ya traía de Norteamérica.
La cirugía, ejecutada con éxito en el Instituto Clavel por los doctores Jordi Rumià y Santiago Candela, logró una mejoría inicial del 40% al activar los cuatro dispositivos.
Pero la verdadera clave del éxito llegó a los diez días: los médicos decidieron apagar los electrodos estadounidenses y aumentar progresivamente la estimulación de los nuevos.
Los resultados fueron destacables: una mejoría global cercana al 95%, desaparición total del congelamiento de la marcha y una reducción del 90% de la medicación.

La edad de oro de la neuromodulación
Según explica a este diario el doctor Salazar la estimulación cerebral profunda ha evolucionado a pasos agigantados gracias a mejoras informáticas y de materiales, permitiendo sistemas mucho más pequeños y baterías idénticas a las de un marcapasos que pueden durar hasta 25 años.
Además, la robótica ha permitido reducir el impacto de estas intervenciones: si en 1998 la cirugía podía demorarse hasta 12 horas, hoy "en cuestión de 4 horas el paciente queda completamente implantado" con una precisión milimétrica.
Sin embargo, detalla, el sistema sanitario debe mirar también a aquellos mayores en los que una cirugía abierta está contraindicada por su fragilidad biológica.
Para ellos, Salazar destaca la consolidación del HIFU (ultrasonido focalizado de alta intensidad), un rayo capaz de atravesar el cráneo sin abrirlo para controlar los temblores severos.
A esto se suman alternativas farmacológicas punteras, detalla, como las bombas de perfusión subcutánea de levodopa, que estabilizan al paciente eliminando la medicación oral, y un futuro prometedor, con la inminente llegada de anticuerpos monoclonales diseñados para detener la progresión de la enfermedad atacando la proteína alfa-sinucleína.

Síntomas que avisan 20 años antes
Pero no todos los avances se están haciendo en el tratamiento, también son clave los descubrimientos realizados en el diagnóstico precoz: el párkinson comienza a dar la cara hasta 20 años antes de que aparezca el primer temblor o rigidez.
Estos "chivatos" preclínicos son dolencias cotidianas a las que el sistema a menudo no presta atención: la pérdida de olfato, el estreñimiento severo, la depresión orgánica o los trastornos del sueño REM, que se manifiestan con gritos nocturnos o sonambulismo.
Para anticiparse, la investigación actual se apoya en biomarcadores en líquido cefalorraquídeo, escáneres cerebrales PET y en la ansiada llegada de tests sanguíneos de alta sensibilidad, detalla el médico.
La crisis estructural
Ahora bien, concluye Salazar, de nada sirve todos estos avances si no se trabaja en paralelo en la dimensión social de la patología, es decir, en el cuidado y la prevención.
Por una parte, el doctor recuerda el impacto decisivo de los hábitos de vida como evitar el sedentarismo y, en pacientes, limitar el consumo de proteínas de día a apenas 20 o 30 gramos para mejorar la absorción de los fármacos.
Y, por otra, reclama más inversión para ayudar al paciente cuando sobreviene la dependencia, como ocurre en los estadios más avanzados con dificultades para vestirse, comer o ducharse.
Frente a este abismo, el doctor reclama una inversión urgente en infraestructuras sociales: se necesitan más cuidadores, centros de día, instalaciones de corta estancia y residencias altamente especializadas que blinden la dignidad los pacientes.
"Hemos apostado por una sociedad de mucha edad, lo cual estoy absolutamente de acuerdo, pues tenemos que tener los recursos para atenderlos bien. No solamente se trata de vivir muchos años, sino vivir con buena calidad de vida", finaliza.



