El IX Festival Internacional de Literatura Infantil y Juvenil de Tres Cantos (FESTILIJ3C), que se celebrasen 5 al 8 de febrero, va a entregar a Ricardo Gómez el Premio Honorífico Torre del Agua a la Dedicación a la Literatura Infantil y Juvenil. Todo un reconocimiento que se suma a una larga lista de galardones. “Escribo sobre cosas que me gustan y otras que me hieren, orgulloso de mis libros que me han dado premios y, sobre todo, satisfacciones”, asegura.
Ricardo Gómez ha sido durante muchos años profesor de matemáticas, pero explica que volvió a nacer cuando decidió dedicarse a la escritura. Ahora, con 72 años, afirma que no tiene intención de jubilarse y anima a todos los mayores a escribir, una actividad que considera terapéutica, y porque, según dice, “los mayores tienen mucho que contar y es una lástima que haya historias personales y familiares que se pierdan”.
Hemos hablado con Ricardo Gómez sobre el premio que recogerá en unos días, sobre su escritura, sus libros, las historias que escribe, las causas que le conmueven, y también sobre la jubilación y la edad.
PREGUNTA.- Enhorabuena por este premio honorífico a la dedicación a la literatura infantil y juvenil. ¿Cómo lo has recibido? Supongo que un premio siempre emociona...
RESPUESTA.- Siempre emociona un premio, y eso que yo siempre he dicho que un premio es una responsabilidad. Pero emociona siempre. Y más si es un premio como éste, que es un premio honorífico que reconoce una trayectoria y un tiempo de dedicación. Es lo que tienen los premios que te dan cuando ya tienes una cierta edad, es como el Rolex que se entrega en algunos sitios en la jubilación, que es en agradecimiento a los servicios prestados. Pero vamos, que yo sigo trabajando y peleando, ¿eh?
Pero sí, ha sido muy emocionante saber que me entregarán este premio, sobre todo también porque es un premio que se da en el sector, es un premio colectivo a una persona, pero es un premio colectivo.
P.- En efecto, he visto cómo lo agradecías en redes sociales “a los hombros de gigantes que me han acompañado o precedido en trabajo de dignificar la Literatura Infantil y Juvenil”
R.- Claro, es que este sector, el de la escritura, ilustración y maquetación de literatura infantil y juvenil, hay unas excelentes relaciones, y no solamente entre personas más o menos conocidas, sino también entre desconocidos y con los recién llegados. Es un mundo que acoge muy bien. Yo me sentí muy bien acogido cuando empecé a escribir y creo que es una línea que se sigue en este momento. Con lo cual, es un premio de alguna manera familiar, también.
P.- La organización destacaba que es un reconocimiento a una trayectoria coherente, comprometida con la educación, el pensamiento crítico y la literatura sin barreras de edad. Y, en efecto, viendo tu obra, da la sensación de que no es solo para un público infantil y juvenil, sino para todos, también para un público adulto
R.- Si, así es. Es que yo pienso que en definitiva la literatura no tiene edad. Recuerdo que de niño tuve la suerte de leer bastante y de enfrentarme a obras que no comprendía, pero con las que disfrutaba. Y ahora, cuando escribo, siempre hay un lector imaginado, pero lo cierto es que, sobre todo en algunos libros que podrían calificarse como más juveniles, yo siempre tengo dudas de la barrera, de si ese libro es para un publico juvenil, para un público adulto, porque creo que el lector y la lectora, en definitiva, son únicos. Cada lector lo que hace es leer dentro de sus límites, y quizá una misma obra, pasados 20 años, sencillamente desvela otros aspectos. A mí me gusta esa literatura transversal. Eso dejando aparte que muchos adultos creen que los libros infantiles son exclusivamente para niños, cuando tienen unos personajes y un argumento que hace reflexionar a los adultos también.
P.- Dices que has sido un niño muy lector. Tengo entendido que la afición a la lectura se la debes a un abuelo que te contaba historias “peripatéticas y veraniegas” en los campos de Castilla. ¿Es así? Háblanos de esas historias y de tu abuelo
R.- Si, así es. Mi abuelo era un personaje singular, era un hombre que había estudiado Era de origen muy humilde y estuvo en las guerras de África, y pese a ello, consiguió estudiar. Y recuerdo que en el pueblo al que yo iba de vacaciones en verano, él tenía un baúl con libros, y me los leía y luego, cuando ya tuve edad de leer me los dejaba leer. Pero lo que más recuerdo es, efectivamente, cuando me sacaba a pasear por el campo y me iba contando historias. Esas historias en ocasiones eran cuentos, o yo los reconocía como cuentos, y luego me contaba otras cosas, que no tengo muy claro si eran historias personales, chismes o qué… pero a mí me encantaba oírle y poder hablar con él. Y fue esa narración oral, sin que él fuera consciente, lo que me llevó a leer. De alguna forma la lectura fue una prolongación de esa escucha un poco extasiada de un niño paseando con su abuelo por el campo.
P.- Empezaste a leer muy joven y fuiste un gran lector, pero la escritura no llegaría hasta mucho después. ¿Es cierto que empezaste a escribir pasados los 40?
R.- Si, es cierto. Es verdad que siempre he leído un poco con la fascinación de pensar quién había detrás de la escritura, pero, efectivamente, empecé a escribir pasados los cuarenta. Me decidí a escribir unos primeros cuentos, que tenía como destinatario a un lector adulto, entre comillas, porque también los podían leer jóvenes. Después de esos primeros cuentos, de una primera novela y de un primer libro para niños, es cuando ya decidí dedicarme más intensamente a la escritura. La afición por escribir creo que siempre está ligada a la afición por leer.
La dedicación a la escritura fue tardía… si es que se puede decir eso, porque en realidad pienso que no hay una edad para empezar a escribir.
P.- De hecho, tengo entendido que en cuanto tienes ocasión recomiendas a jóvenes y mayores que lo intenten, que escriban, ¿verdad?
R.- Así es, en todas las ocasiones en que tengo oportunidad, yo siempre invito no solamente a que se lea, sino también a que se escriba. La última ocasión ha sido hace apenas uno días en un taller de lectura con personas mayores dirigido por la narradora Volvoreta. Creo que las personas mayores, independientemente de su formación o vinculación con la literatura, tienen mucho que contar y es una lástima que haya muchas historias personales y familiares que se pierdan. La escritura no tiene por qué ser necesariamente literaria, en el sentido de que no tienen por que convertirse en un libro. La escritura tiene un aspecto que está relacionado con la meditación, con el recuerdo, con la ordenación de pensamientos y de sentimientos y, en definitiva, es un ejercicio terapéutico personal, que también repercute en los demás. Esa escritura, aún cuando sea inconexa, que se puede dar un día sí y tres no, es siempre productiva.
P.- Un profesor de matemáticas supongo que sí se jubila. ¿Y un escritor? ¿Piensa en la jubilación o solo piensa en su próxima historia?
R.- No, no, yo desde luego, en este momento, no tengo ninguna idea de jubilarme como escritor, como uno tampoco se jubila de lector. Otra cosa es que escriba con mayor o con menor intensidad. Llega un momento, o al menos en mi caso, que lo que quiero escribir son cosas que me satisfagan realmente, y hacerlo al ritmo que yo quiera, sin ninguna obligación. Pero sí, yo sigo escribiendo y no tengo intención de jubilarme, a no ser que otras cosas me jubilen, como la pérdida de memoria o de facultades, que espero que no lleguen o tarden mucho en hacerlo.
P.- Viendo tus libros y tus historias, vemos que es una obra, fundamentalmente, comprometida. De modo que, tal y como está el mundo en estos momentos, no te van a faltar historias, ni causas sobre las que llamar la atención
R.- No, desgraciadamente no faltan. A veces digo que escribo sobre las cosas que me duelen y que me llaman la atención. No sé si eso es literatura comprometida o no, pero lo que me gusta es abrir las ventanas y ver lo que ocurre en el mundo, no quedarme encerrado en mi habituación, a pesar de que abrir esas ventanas suponga un cierto pasmo, o incluso dolor.
Es una visión personal que uno pueda tener sobre el mundo y en especial sobre la literatura. Yo considero que la literatura es una forma de entenderse, de entender a otros y de ponerse en la piel de otros. Y cuando escucho las noticias del mundo me pregunto, ¿qué es lo que está ocurriendo en tal sitio, o cómo un niño o un abuelo, o una mujer a punto de dar a luz afronta una situación de dificultad, y a veces de tragedia? Y ese ejercicio de imaginación, que a veces se convierte en una historia me resulta apasionante. A mí me atrae mucho la idea de ponerse en la piel de otros, en la medida en que uno puede hacerlo, porque hay situaciones verdaderamente inimaginables, por mucho que uno trate de colocarse en el lugar de otro.
P.- Veo un compromiso especial por el Sahara y por el pueblo saharaui, que entiendo un poco más cuando has hablado de tu abuelo, que estuvo en las guerras de África y con sus narraciones orales
R.- Precisamente hace unos días estuve en una jornada para celebrar el vigésimo aniversario de la generación de la amistad saharaui, un grupo de poetas saharauis que escriben en español, a veces en hassaniya, se traducen, se publican, etcétera. Si, mis vinculaciones con el Sahara son continuadas y, digamos, en varios frentes. Hay que tener en cuenta que el Sahara es una parte de nosotros. Cuando yo era niño se estudiaba en los libros de geografía el Sahara español porque era una parte de España, una provincia más, de hecho fue la provincia 53, y claro, el abandono español del Sahara es algo que nos concierne a todos. Si visitas los campamentos de refugiados saharauis, puedes conocer a personas mayores que siguen conservando su carnet de identidad español, caducado, claro está, porque no tienen posibilidad de renovarlo. Fueron españoles y ahora viven en un campamento de refugiados. España debería tener un papel más relevante en la resolución del conflicto desde una perspectiva humanitaria y de justicia.
P.- En uno de tus libros, ‘ocho maneras de contar’ planteas a San Pedro y San Juan preguntándote cosas sobre tu escritura, pero después de muerto. ¿Cómo crees que sería esa conversación?
R.- [risas] Ese libro surge en Colombia, en una cena de ocho escritores, y planteamos escribir un libro que contara cómo escribe cada uno. Y a la hora de pensar en mi parte, en explicar cómo escribo, se me imaginé a mí mismo sometiéndome al juicio de los apóstoles, una vez muerto, sobre mi escritura. Y ellos me iban preguntando cómo escribo, cómo concibo los personajes… sí, me someto a juicio por mi escritura después de muerto.
P.- Una cosas más. En tu web recoges el diccionario de Ricardo Gómez, que fue una entrevista que te hicieron y era una forma de acercarse a tí y a tu forma de pensar a través de diferentes definiciones. ¿Te animas a añadir un par de términos más?
R.- Supongo que cuando uno se pone en la tarea de entrevistador, uno debe pensar ¿y qué le pregunto? ¿Sobre qué hablo? Y entonces a Juan Nieto, editor y artista, se le ocurrió este formato de entrevista y me sometió a ese diccionario. Es divertido de modo que… adelante.
P.- Como 65YMÁS es el diario de referencia en el segmento sénior quería proponerte añadir dos términos a tu diccionario relacionado con los mayores: jubilación y envejecer.
R.-Envejecer, ser o hacerse viejo, un término que no debe ser, ni utilizarse de forma despectiva. Al contrario, creo que es motivo de orgullo. Yo diría que el viejo o la viejo es la persona que ha tenido la oportunidad y la suerte de acumular saber, experiencias y aprendizajes. Yo creo que esa sería la definición de viejo. El ser viejo es una suerte, porque al fin y al cabo, la alternativa es mucho peor. Pero debemos procurar llegar a viejos haciendo esa acumulación.
P.- ¿Y jubilación?
R.- Y respecto a la jubilación, ¿qué voy a decir si procede de júbilo y de alegría? La jubilación debería ser -porque no siempre lo es- un premio por una etapa dedicada a trabajar para otros. Y la jubilación debería ser el paso a otra etapa, también dedicada al trabajo, pero para uno mismo, con uno mismo, y con las personas a las que quiere. Y eso implica también tener satisfechas las necesidades básicas, lo que no siempre, por desgracia, es así.
Sobre el autor:
Beatriz Torija
Beatriz Torija es periodista y documentalista, especializada en información económica. Lleva 20 años contando la actualidad de la economía y los mercados financieros a través de la radio, la televisión y la prensa escrita. Además, cocina y fotografía.