Alexandra Concepción Pérez-Mancebo
Alimentación
Ni rosa ni gourmet: esta es la sal que recomiendan los expertos para cocinar
La OCU recuerda que no todas las sales son tan diferentes como parecen
Elegir sal ya no es tan sencillo como antes. Frente a la sal de mesa tradicional, hoy conviven en los estantes opciones más vistosas que prometen mejor sabor, mayor calidad e incluso beneficios extra.
Pero esa promesa no siempre se cumple. Más allá del color o del origen exótico, los expertos de la OCU insisten en que muchas sales no son tan distintas entre sí y que, para el uso diario, la mejor elección no suele ser la más cara ni la más llamativa.
De hecho, la sal recomendada para cocinar a diario es una de las más habituales y menos valoradas: una sal presente en casi todas las cocinas, aunque rara vez se perciba como una opción “especial”.
Todas las sales tienen algo en común
Aunque se presenten en distintos colores, formas o texturas, todas las sales comparten un elemento esencial: el cloruro de sodio. Esa es la base del sabor salado y la sustancia cuyo consumo debe moderarse, independientemente de que la sal sea blanca, rosa, negra o en escamas.
Las diferencias reales están en el proceso de obtención, el tamaño del grano, la presencia de trazas minerales o el aroma, pero eso no convierte a una sal gourmet en una alternativa más saludable para el día a día.
La sal recomendada para cocinar a diario
Para la cocina cotidiana, la recomendación es clara: la sal común o sal de mesa sigue siendo una opción adecuada, práctica y económica. Es una sal refinada, de grano fino, que se disuelve con facilidad y que, en muchos casos, está enriquecida con yodo, un nutriente clave para prevenir problemas de tiroides.

Por su textura y facilidad de uso, es la más indicada para cocinar, sazonar y utilizar en el salero. El verdadero problema no está en este tipo de sal, sino en la cantidad total que se consume a lo largo del día.
Cuándo sí tienen sentido las sales “especiales”
Las sales más apreciadas —como la flor de sal, la sal en escamas o la sal ahumada— no están pensadas para cocinar a diario. Su función es la de sal de acabado, añadida justo antes de servir para aportar un toque de sabor o una textura crujiente.
Otras variedades, como la sal kosher, son muy valoradas por chefs por su manejo y tamaño de grano, especialmente para salar carnes. Las sales condimentadas, por su parte, pueden ayudar a reducir la cantidad total de sal gracias a su aporte extra de sabor.
El verdadero problema no está en el salero
Los expertos recuerdan que la mayor parte del consumo de sal no procede de la que añadimos al cocinar, sino de la que está “oculta” en alimentos procesados, precocinados y productos industriales.
Por eso, incluso usando sales de calidad, es fácil superar las cantidades recomendadas. La Organización Mundial de la Salud aconseja no sobrepasar los cinco gramos de sal al día por adulto, incluyendo toda la sal ingerida, visible o no.
Cómo usar la sal mejor en cada momento
Saber cuándo añadir la sal también importa. En verduras cocidas conviene incorporarla al principio; en guisos y caldos, al final; y en carnes a la plancha, justo antes de servir, para conservar mejor los jugos. Además, aunque la sal no caduca, la humedad puede afectar a su calidad. Guardarla en un lugar fresco y seco ayuda a mantener intactos su textura y su sabor.


