Ciudades y Pueblos

Vigo, un mundo de seducción

Fernando Ónega

Miércoles 18 de diciembre de 2019

2 minutos

Ciudades y pueblos 65ymás: localidades que destacan por su turismo de calidad para los mayores

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A Vigo hay que verla desde arriba, desde la autopista que te lleva a Portugal o desde cualquier mirador en el Monte Alba, en el Monte de A Guía, en el Monte do Castro. Hay que verla desde arriba para deslumbrarse con su belleza. A un lado, el Puente de Rande, prodigio de ingeniería. Al fondo, las Islas Cíes, prodigio de la ingeniería de la naturaleza. En medio, la ría, mítica y épica, la de las grandes batallas, la que cantó la Cantiga medieval (“Ondas do mar de Vigo”), la que vio salir a tantos miles de gallegos con su maleta de madera y sus lágrimas de emigrantes, la que hoy recibe cruceros, la que hizo cantar en las fiestas “na Ría de Vigo non se pode entrar de tantos barquiños que veñen e van”. Y a un lado, abierta al mar cuando luce el sol, recelosa del mar cuando las borrascas, el esplendor de la ciudad.

 
Vigo

 

Por eso a Vigo hay que verla después desde abajo. Para meterse en el casco histórico y encontrar el sabor de la vieja tasca. Para andar bajo los soportales de Beiramar. Para sentir el abrazo del mar en su puerto y en sus playas. Para imaginar leyendas en las viejas casas de pescadores y en el Pazo de Castrelos. Para recorrer Príncipe y la Porta do Sol y encontrar una exhibición comercial. Para admirarse de su arquitectura, con sus grandes edificios y sus casas señoriales; el románico de su entorno, tan abundante que hay un “románico vigués”; la concatedral y las capillas, salpicadas por los pueblos del entorno, y el modernismo de las nuevas construcciones. Para extasiarse en sus playas, allí donde se juntan los pinos del Himno Gallego y el agua de la nécora y el centollo. Para meterte en sus noches, noches de vino y rosas, y las rosas en Vigo son las portentosas camelias. Para cruzar al otro lado, a las Cíes o a Cangas entre delfines que te saludan. Y para contemplar sus puestas de sol gloriosas. 

 

Eso es Vigo a vuelapluma. Si profundizas un poco más, no es solo una ciudad. Es un mundo. Un mundo de trabajo, con su fábrica de coches, con sus astilleros, con su industria pesquera. Un mundo cultural con sus museos y las esculturas que hacen sus calles un museo al aire libre. Un mundo turístico, capital de las Rías Baixas, que son cinco porque Dios apoyó allí su mano para descansar después de construir el universo. Un mundo que no cabe en una ciudad y por eso busca su expansión fuera de su marco tradicional. Un mundo que para un gallego, es una tierra de promisión. Un mundo que, para el resto de la humanidad, es una permanente seducción. 

 

Vigo, un mundo de seducción

 

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Ascen Gómez Hace 26 días
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