La geriatra Cristina Alonso alerta: "Los fármacos se prueban en jóvenes y se prescriben a mayores"

Critica el edadismo que prioriza al paciente ideal en los ensayos clínicos

La geriatra Cristina Alonso alerta: "Los fármacos se prueban en jóvenes y se prescriben a mayores" Miia

La exclusión sistemática de las personas mayores en la investigación médica, en especial, de quienes tienen varias patologías, es una realidad que compromete la salud pública.

Así lo denuncia con rotundidad Cristina Alonso, geriatra del Complejo Hospitalario de Pontevedra y expresidenta de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG).

Para la experta, el actual sistema de ensayos clínicos adolece de un grave "edadismo implícito" que prioriza la búsqueda de un "paciente ideal" –generalmente más joven y sin otras patologías– en claro detrimento de la población real que será la principal consumidora de esos fármacos.

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Cristina Alonso. Fuente: SEMEG. 

 

A la hora de justificar esta histórica exclusión por parte de la industria y los investigadores, Alonso señala motivos metodológicos y económicos.

Por un lado, la metodología se complica enormemente porque los pacientes mayores suelen presentar más enfermedades concomitantes, toman un mayor número de fármacos en su día a día y tienen mayor riesgo de sufrir eventos adversos durante las pruebas.

Por otro lado, incluir a este perfil de la población encarece y alarga significativamente los procesos de investigación, ya que el reclutamiento es logísticamente más complejo, exige más tiempo y la tasa de pérdida de pacientes o abandonos es mucho mayor.

Para ilustrar este abismo entre el laboratorio y la vida real, Alonso hace referencia a un análisis reciente sobre 173 ensayos clínicos dedicados a intervenciones en patología espinal.

El estudio evidenció que entre la edad media de los participantes en los ensayos y la de los pacientes reales en las consultas existía una asombrosa brecha de más de 20 años de diferencia.

De hecho, casi la mitad de los trabajos analizados (un 48%) imponían directamente la edad como criterio de exclusión. Pero el dato más revelador fue comprobar que, incluso en los ensayos que no excluían por edad, los perfiles reclutados seguían siendo muchísimo más jóvenes que los pacientes habituales, independientemente de si la investigación estaba financiada por la industria farmacéutica o por organismos públicos.

La urgencia de buscar validez clínica y equidad

Para la expresidenta de la SEMEG, revertir esta inercia no es un capricho, sino una exigencia de validez clínica. Dado que las personas mayores conforman el grupo demográfico que más medicamentos consume –a menudo varios a la vez, fenómeno conocido como polifarmacia–, resulta "imprescindible saber cómo funcionan realmente en ellas".

Incorporar a este colectivo en las primeras fases de la investigación médica permite mejorar notablemente la seguridad de los tratamientos, detectar a tiempo los efectos adversos y ajustar las dosis precisas teniendo en cuenta que el cuerpo humano cambia con los años.

Más allá de la eficacia, Alonso subraya que se trata de un pilar fundamental de justicia y equidad, ya que "no se puede excluir sistemáticamente a quienes más se van a beneficiar de los avances terapéuticos".

Por ello, la experta propone un giro radical en cómo se diseñan los estudios. Tradicionalmente centrados en reducir la mortalidad o evitar complicaciones médicas muy concretas, los ensayos clínicos deben empezar a medir los resultados que de verdad le importan al mayor en su día a día. Aunque la mortalidad no siempre sea modificable en edades muy avanzadas, sí es crucial investigar si un fármaco logra prevenir caídas, mitigar el dolor, evitar la confusión y frenar el deterioro funcional o cognitivo del paciente.

Un avance demasiado lento y sin fuerza legal

En los últimos años, el debate ha llegado por fin a la agenda pública. A pesar de que el concepto de "diversidad" ha ganado peso en los ensayos clínicos y existe una mayor sensibilidad en las agencias reguladoras, Alonso lamenta que el avance sigue siendo desesperantemente lento.

La raíz de este estancamiento reside, en opinión de la experta, en que los organismos responsables trabajan actualmente sobre la base de "recomendaciones sin carácter vinculante". Al no existir una normativa firme que obligue a incluir porcentajes concretos de personas mayores en los estudios, la infrarrepresentación persiste de manera estructural. Las consecuencias son evidentes: los mayores de 75 u 80 años siguen siendo ignorados.

Edadismo ensayos clínicos

La hoja de ruta para la medicina del futuro

Mirando hacia el futuro, la geriatra del Complejo Hospitalario de Pontevedra marca una hoja de ruta con medidas contundentes. El primer hito debe ser "eliminar los límites de edad arbitrarios" en los protocolos, llegando incluso a regular por ley que cualquier exclusión deba estar estrictamente fundamentada con criterios científicos.

De forma paralela, la experta exige la integración total de la geriatría en la investigación clínica. Solo trabajando codo a codo se lograrán diseñar ensayos más aplicables a la realidad que registren de forma rutinaria factores críticos como la fragilidad clínica del paciente, sus días de ingreso hospitalario, su nivel de institucionalización y, sobre todo, su calidad de vida.

Finalmente, Alonso demanda la creación de incentivos para que la industria farmacéutica y los organismos reguladores asuman el reto. Reclama destinar mayor financiación a ensayos focalizados en la población envejecida, y potenciar estudios de metainvestigación que permitan diseccionar a fondo cómo la edad transforma el impacto de los medicamentos en el cuerpo, garantizando que el sistema sanitario de respuestas verdaderamente seguras y equitativas a los mayores.