Alexandra Concepción Pérez-Mancebo
Longevidad saludable
Un estudio de la Universidad de Yale desafía la idea de que el envejecimiento implica deterioro
Investigadores destacan que tener una actitud positiva ante el envejecimiento es un punto clave
Durante mucho tiempo se ha asumido que envejecer implica inevitablemente un deterioro progresivo: menos memoria, menor fuerza física y una pérdida gradual de autonomía. Esta visión, muy presente en la sociedad, suele presentar la vejez como una etapa marcada únicamente por el declive.
Sin embargo, una investigación realizada por científicos de la Universidad de Yale en Estados Unidos plantea una visión diferente. Según sus resultados, muchas personas mayores no solo mantienen sus capacidades con el paso del tiempo, sino que incluso pueden mejorar en aspectos físicos o cognitivos, y la forma en que perciben el envejecimiento juega un papel clave.
La autora principal del estudio, la investigadora Becca R. Levy, profesora de ciencias sociales y del comportamiento en la Escuela de Salud Pública de Yale, analizó más de una década de datos de un amplio estudio nacional sobre población mayor en Estados Unidos. Los resultados mostraron que casi la mitad de los adultos de 65 años o más experimentaron mejoras medibles en su función cognitiva, física o en ambas.
La investigación, publicada en la revista Geriatrics, se basó en el seguimiento de más de 11.000 participantes del Health and Retirement Study, una encuesta longitudinal financiada por el gobierno estadounidense que analiza la salud y la jubilación de las personas mayores.
Para medir los cambios cognitivos, los investigadores evaluaron el rendimiento mental global de los participantes. En el caso de la capacidad física, analizaron la velocidad al caminar, un indicador que los geriatras consideran un “signo vital” por su relación con la discapacidad, la hospitalización y el riesgo de mortalidad.

Durante un periodo de seguimiento de hasta 12 años, el 45% de los participantes mejoró en al menos uno de los dos aspectos analizados. En concreto, el 32% mostró mejoras cognitivas y el 28% mejoró su capacidad física. Además, si se incluyen las personas cuya función cognitiva se mantuvo estable en lugar de empeorar, más de la mitad de los participantes rompió con la idea de un deterioro inevitable.
Según Levy, estas mejoras suelen pasar desapercibidas cuando solo se observan los promedios generales. “Si se analiza el conjunto de los datos parece que hay un declive, pero cuando se observan las trayectorias individuales aparece una realidad muy diferente”, explica la investigadora.
El estudio también analizó qué factores podían explicar estas diferencias. Uno de los elementos más relevantes fue la actitud de las personas hacia el envejecimiento. Los participantes que tenían una visión más positiva sobre hacerse mayores presentaban una probabilidad significativamente mayor de mejorar tanto en el ámbito cognitivo como en el físico, incluso teniendo en cuenta variables como la edad, el sexo, el nivel educativo o la presencia de enfermedades crónicas.
Estos resultados respaldan la teoría desarrollada por Levy sobre la “encarnación de estereotipos”, según la cual las ideas que la sociedad transmite sobre la edad -a través de la cultura, los medios o la publicidad- pueden influir con el tiempo en la salud y en procesos biológicos.
Investigaciones previas ya habían relacionado las creencias negativas sobre la edad con peor memoria, menor velocidad al caminar, mayor riesgo cardiovascular o biomarcadores vinculados al Alzheimer. En cambio, una percepción positiva del envejecimiento parece favorecer mejores resultados de salud.
Los autores del estudio subrayan que las mejoras no se observaron únicamente en personas que habían sufrido problemas de salud previos. Incluso entre quienes comenzaron el estudio con niveles normales de función física o cognitiva, una parte significativa mostró progresos con el tiempo.
A partir de estos resultados, los investigadores consideran que es necesario replantear la forma en que se entiende el envejecimiento y apostar por políticas de prevención, rehabilitación y promoción de la salud que aprovechen el potencial de resiliencia de las personas mayores.


