Miriam Gómez Sanz
Economía familiar
Donaciones de padres a hijos para vivienda: cómo tributan en Cataluña
La reducción del 95% solo se aplica a los primeros 60.000 euros de la donación familiar
El mapa fiscal de las donaciones de padres a hijos para vivienda: así tributan en cada comunidad
Las donaciones de padres a hijos se han disparado hasta superar las 225.000 operaciones en el último año, según los datos del Consejo General del Notariado. Cada vez más familias recurren a este mecanismo para facilitar el acceso a la primera casa, pero conviene tener claro que ese dinero no está exento de impuestos y que la factura fiscal cambia mucho según la comunidad autónoma.
En el caso de Cataluña, la tributación es más elevada que en buena parte del territorio. Para una donación de 500.000 euros destinada a la compra de una primera vivienda, la cuota a pagar asciende a unos 27.000 euros, lo que sitúa a la comunidad entre las más exigentes en este tipo de operaciones.
La razón está en el diseño de los beneficios fiscales. Cataluña contempla una reducción del 95% para donaciones destinadas a la adquisición de vivienda habitual, pero únicamente sobre un máximo de 60.000 euros. Este umbral se amplía hasta los 120.000 euros cuando el beneficiario tiene reconocida una discapacidad igual o superior al 65%.
Además, este límite es global. Es decir, si ambos progenitores realizan la donación, la suma total que puede beneficiarse de la reducción no puede superar ese máximo. A partir de ahí, el resto del importe tributa conforme a la normativa general, sin bonificaciones adicionales en cuota, lo que eleva de forma significativa el coste final en donaciones de mayor volumen.

A estos límites se suman varios requisitos para poder aplicar la reducción. El receptor debe ser menor de 36 años (salvo en casos de discapacidad) y su base imponible en el IRPF no puede superar los 36.000 euros anuales. Asimismo, la donación debe formalizarse en escritura pública y destinarse a la compra de la vivienda habitual en un plazo máximo de tres meses.
En la práctica, esto implica que, mientras las donaciones de menor cuantía pueden beneficiarse de una fiscalidad relativamente reducida, en operaciones más elevadas la carga impositiva aumenta de forma considerable, lo que obliga a planificar con precisión este tipo de ayudas familiares.


