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'Fiebre en las Gradas' y el retrato del día a día de un futbolero que hizo Nick Hornby

Marco Herrera

Sábado 23 de febrero de 2019

ACTUALIZADO : Jueves 25 de junio de 2020 a las 12:43 H

3 minutos

Recordamos la novela de Hornby, que desgranaba los pormenores diarios de un aficionado al Arsenal

'Fiebre en las Gradas' (1993) (Anagrama)
Marco Herrera

Sábado 23 de febrero de 2019

3 minutos

Corría 1992 cuando salía a la luz Fiebre en las gradas, un retrato tan sarcástico como melancólico del día a día de un apasionado al fútbol, seguidor del Arsenal londinense. En la novela vivimos junto al autor los distintos estados de ánimo por los que un aficionado es capaz de pasar no tan solo en una semana de competición, sino en los 90 minutos que dura un partido.

El autor empieza recordando los primeros partidos como seguidor del Arsenal, cuando era un niño. Y guía al lector a sus primeras visitas con su padre al viejo Highbury, antiguo estadio del conjunto gunner. Tras puntualizar que fue este quien le inculcó la pasión por el deporte rey, el divorcio de sus progenitores y la marcha de su padre para vivir fuera convierten en propia la inquietud por el Arsenal del autor y enseguida te introduce en su universo mental de aficionado obsesivo-compulsivo.

Nick Hornby en la presentación de 'Wild' en Los Ángeles (BigStock)

Experiencia vital

De este modo Hornby cuenta cada partido como una experiencia vital completa, con sus alegrías y sus dramas, en la que el fútbol se convierte en el eje central de su vida y del relato. Los años no van desde enero hasta diciembre, ni son buenos o malos dependiendo de las notas en la universidad o de si te han concedido un ascenso en el trabajo, sino que, como resalta el autor en la novela, los años empiezan en septiembre y acaban en mayo con el calendario del equipo. Al igual que un gran año lo marcará el que tu equipo gane la Liga o la Copa, y no si la relación con una compañera de clase no pudo ir a más.

El escritor inglés lleva a la novela numerosos elementos de la cultura pop (algo que un año más tarde lograría en su máxima plenitud con Alta Fidelidad, 1993) para mezclarlo con el fútbol y la vida diaria de un habitante del norte de Londres que ve y escucha muchos partidos, sí, pero que también es aficionado al cine, a la música, a la literatura y a la cerveza. Y es al introducir el Arsenal y sus victorias o derrotas como pequeñas victorias o derrotas personales, cuando consigue que el lector menos aficionado al fútbol empatice con su causa.

Es temporada tras temporada y un partido significativo tras otro como Hornby articula la novela por capítulos y su vida en general, pasando de verdaderos momentos dramáticos como el de perder una Final de Copa Inglesa en la prórroga en Wembley, al júbilo más absoluto tras ganar la Liga cuando nadie apostaba por el equipo.

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Marco Herrera

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