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Rincones que no debes perderte si vas a visitar un fin de semana Luxemburgo

Victoria Herrero

Foto: Bigstock

Martes 28 de enero de 2020

1 minuto

En la capital de este pequeño país conviven su pasado medieval y su presente financiero y político

Rincones que no debes perderte si vas a visitar un fin de semana Luxemburgo

Luxemburgo, uno de los países más pequeños de Europa y con cuya capital comparte nombre, es un lugar encantador con aires medievales que convive en armonía con esa imagen de centro financiero y político del que hace gala. Lo bueno de este destino, si quieres visitarlo un fin de semana, es que su tamaño lo hace ideal para disfrutar de una escapada de un par de días, en los que no puedes perderte estos rincones imprescindibles.  

Un pasado muy presente

Lo primero que observarás nada más llegar es a la protagonista de la ciudad: una vieja muralla del siglo XVII. Precisamente, este muro de piedra defensivo no está por casualidad, ya que este pequeño país tiene una situación estratégica privilegiada, algo por lo que lucharon siglos atrás franceses, alemanes e incluso españoles. Y es que el Gran Ducado de Luxemburgo estuvo bajo el gobierno de España desde mediados del siglo XVI a principios del XVIII. 

Una fortaleza que resistió a la Primera Guerra Mundial y a la invasión de Alemania y que hoy cobija las sedes de algunas importantes instituciones europeas, como la Corte de Justicia. Siguiendo el recorrido por la muralla, puedes dar un paseo por el Grund, el barrio bajo de la capital junto al río Alxette, con un carácter peculiar y hasta pintoresco.

En este vecindario se encuentran monumentos destacados, como el antiguo Hospital Militar o la Abadía de Neumünster. Pero, sin duda, los dos edificios históricos más importantes de la capital son el Palacio del Gran Duque y la Catedral de Nuestra Señora ,que empezó a construirse a comienzos del año 1613.

Rincones que no debes perderte si vas a visitar un fin de semana Luxemburgo

Pero lo que no puedes dejar escapar es el balcón más bonito de Europa, desde la calle Chermin de la Corniche. El punto perfecto para contemplar a vista de pájaro todo el barrio bajo de Luxemburgo, con la cúpula de la iglesia de Saint Jean como protagonista entre los característicos tejados de pizarra de sus casas de color amarillo.

Tras esta parada, otra buena idea es acercarse hasta el cementerio americano de la Segunda Guerra Mundial donde descansan los restos de más de 5.000 soldados que vinieron del otro lado del Atlántico para combatir. Entre ellos, está enterrado el famoso general Patton.

Precisamente, si te gusta todo lo relacionado con el mundo militar tienes que descubrir las Casemates du Bock: unas galerías subterráneas excavadas con fines bélicos durante la ocupación española. Son las más largas del mundo, superan los 20 kilómetros, y se han convertido en uno de los atractivos turísticos de Luxemburgo. Casi tanto como el paseo por el valle de Pétrusse. Y es que la capital está repleta de ríos y uno de ellos es el que da nombre a este agradable recorrido, que merece la pena hacer sobre todo en primavera

A continuación, nada como reponer fuerzas con los platos más típicos de la gastronomía luxemburguesa. Recetas que tienen una clara influencia de otras naciones europeas, como Bélgica o Francia. Es el caso del kachkéis, un queso local muy popular, o el judd mat gaardebounen, un plato de cerdo ahumado con habas y patatas. Para combatir el frío de la capital, nada como probar otro guiso muy tradicional: el famoso bouneschlupp, con judías verdes acompañadas de tocino o salchichas. Solo apto para los estómagos más valientes.

Rincones que no debemos perdernos si vamos a visitar un fin de semana Luxemburgo

No muy lejos de Luxemburgo

La capital de este pequeño país se ve muy cómodamente y, por eso, si tienes algo de tiempo libre puedes recorrer los 50 kilómetros que te separan de un lugar muy especial: Vianden y su famoso castillo. Un espectáculo histórico que podrás conocer a través de todos sus pasillos y estancias. 

La mejor forma de llegar hasta allí es en coche, pero también se puede optar por el transporte público. Hay autobuses que salen prácticamente cada día y con bastante frecuencia desde la estación central. Una vez en el pueblo que da nombre a esta fortaleza medieval, basta con subir en telesilla. 

Una vez arriba, puedes contemplar la que fue la antigua residencia de los Duques de Vianden hasta que se marcharon a vivir a los Países Bajos. Tras la salida de sus moradores, el castillo quedó a merced de su suerte: fue pasto de las llamas y sufrió un terremoto que lo convirtió en ruinas. Sin embargo, el empeño de otro aristócrata, el Duque de Jean, fue clave para reconstruirlo y convertirlo en lo que hoy puedes visitar y donde el interior es lo que despierta más curiosidad. Un recorrido que te llevará atrás en el tiempo a través de la sala de los caballeros, la capilla, la estancia donde se celebraban fastuosos banquetes o la gran galería monumental. El broche perfecto para tu visita a Luxemburgo. 

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