Anticiparse al cambio de hora

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Anticiparse al cambio de hora Miia

El próximo domingo 25 de octubre volveremos a cambiar la hora. A las tres de la madrugada, los relojes se retrasarán hasta las dos. Una hora más para dormir, pensarán algunos. Sin embargo, este cambio, aparentemente tan sencillo, puede afectar especialmente a las personas mayores, sobre todo a aquellas que presentan fragilidad, enfermedades crónicas o deterioro cognitivo.

Nuestro organismo no funciona con la misma facilidad que las agujas de un reloj. Necesita tiempo para adaptarse. Y es que las rutinas, especialmente cuando nos hacemos mayores, adquieren una importancia especial. Levantarse, desayunar, comer, pasear o acostarse a una hora determinada no son simples costumbres. Son referencias que nos ayudan a organizar el día y a mantener nuestro bienestar físico y emocional.

Ante la llegada del horario de invierno, hay dos aspectos que considero especialmente importantes como geriatra.

El primero es facilitar una adaptación progresiva. Mi recomendación es muy sencilla: no esperemos al domingo. Durante los días previos podemos retrasar unos quince minutos diarios los horarios del desayuno, la comida, la cena e incluso la hora de acostarnos. Por ejemplo, si desayunamos habitualmente a las ocho, podemos hacerlo al día siguiente a las ocho y cuarto, después a las ocho y media, hasta llegar progresivamente a las nueve. Así, cuando el domingo retrasemos los relojes una hora, podremos recuperar nuestros horarios habituales sin que el cambio sea tan brusco. 

El segundo es prestar especial atención al síndrome crepuscular o del atardecer. Con el nuevo horario oscurecerá antes según nuestros relojes y algunas personas con demencia pueden presentar mayor confusión, inquietud o agitación al final de la tarde.  En estas situaciones es importante mantener las rutinas, favorecer un ambiente tranquilo, procurar una iluminación adecuada y consultar con su médico cuando aparezcan cambios de conducta que requieran una valoración individualizada.

Cambiar la hora del reloj apenas cuesta unos segundos. Ayudar a una persona mayor a adaptarse puede necesitar varios días. Y, a veces, cuidar también consiste en algo tan sencillo como anticiparnos.