¡Basta ya!
Cada 15 de junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Hoy sigue siendo necesario decirlo alto y claro: ¡Basta ya! Porque el maltrato a las personas mayores existe, y en la mayoría de las ocasiones, no deja moratones físicos. No, muchas veces adopta formas mucho más silenciosas: el abandono, la soledad, el abuso económico, las decisiones tomadas sin contar con la persona, o algo tan cotidiano como hablarle como si fuera un niño.
El maltrato empieza cuando dejamos de ver a la persona mayor como un adulto con derechos, deseos y capacidad para decidir sobre su propia vida. Esto tiene nombre: edadismo, probablemente una de las formas de discriminación más vigentes en nuestra sociedad.
No todas las personas mayores tienen el mismo riesgo. La vulnerabilidad aumenta especialmente cuando existe dependencia, deterioro cognitivo o aislamiento social. Las mujeres mayores y las personas con demencia constituyen algunos de los grupos más expuestos.
Lo más difícil es que muchas veces este maltrato permanece oculto. No es inhabitual que ocurra en el entorno más cercano: familiares, cuidadores o personas de las que dependen en su día a día, donde quien las sufre sigue queriendo a quienes las ejercen. Durante años he escuchado frases como: “No me dejan decidir”. “Mi hijo controla mi dinero”. “Nunca me preguntan qué quiero”. Y, sin embargo, muchas conversaciones terminan igual: “Pero yo quiero mucho a mis hijos”.
La inmensa mayoría de las familias cuidan y acompañan con generosidad a sus mayores. Lo veo cada día. Pero precisamente por esto debemos atrevernos a reconocer aquellas situaciones que vulneran la dignidad, la autonomía y los derechos de las personas mayores. Porque proteger no es sustituir, porque cuidar no es decidir por alguien, porque envejecer no debería significar perder la voz.
Basta ya de infantilizar a las personas mayores. Basta ya de decidir por ellas sin escucharlas. Basta ya de confundir protección con control.
¡Basta ya de mirar hacia otro lado!
