El valor de ser mayor

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Día de las Personas Mayores Miia

Todos los días deberían ser el Día Internacional de las Personas Mayores. Porque reconocer su lugar en nuestra sociedad, escuchar su voz, respetar sus derechos y valorar todo lo que nos aportan no debería depender de una fecha señalada en el calendario.

Vivimos más años que nunca. Y hablamos mucho de lo que esto supone: más enfermedades crónicas, más dependencia, más necesidad de cuidados, más recursos sanitarios y sociales. Todo esto es cierto. Pero quizás hablamos menos de la otra cara de esta realidad: de todo lo que las personas mayores aportan a nuestra sociedad.

El valor de la experiencia. Los años no conceden automáticamente la razón, pero proporcionan algo que no puede aprenderse en ningún libro. Haber vivido significa haber tenido que decidir, equivocarse, rectificar, perder, volver a empezar y descubrir que algunas cosas que parecían importantísimas quizás no lo eran tanto. Esa experiencia constituye un patrimonio que deberíamos saber escuchar.

El valor de una historia de vida. Cada persona mayor guarda una historia. La suya y, en parte, también la nuestra. Son memoria de nuestras familias y de nuestra sociedad. A través de sus recuerdos podemos conocer de dónde venimos, cómo vivíamos, qué hemos perdido y cuánto nos ha costado conseguir muchas de las cosas que hoy damos por sentadas.

El valor de unir generaciones. Muchas personas mayores continúan siendo el punto de encuentro de sus familias. Alrededor de una mesa consiguen reunir a hijos, nietos y, en ocasiones, bisnietos. Mantienen vínculos, transmiten tradiciones y construyen puentes entre generaciones que viven realidades muy diferentes. En una sociedad en la que tantas veces vivimos cada uno por nuestro lado, esto tiene un enorme valor.

El valor del cuidado. También cuidamos a las personas mayores, por supuesto. Pero quizás olvidamos cuánto siguen cuidando ellas de nosotros. Abuelos que acompañan a sus nietos, personas que cuidan de su pareja, padres que continúan preocupándose por sus hijos aunque estos hayan cumplido sesenta años. Existe una inmensa red de cuidados silenciosos que pocas veces aparece en las estadísticas.

El valor del tiempo. Vivimos deprisa. Quizás demasiado. Y muchas personas mayores pueden enseñarnos otra manera de relacionarnos con el tiempo. Sentarse, conversar, escuchar, esperar. Estar. Después de muchos años de vida, algunas han aprendido algo que a los demás todavía nos cuesta entender: no todo lo urgente es importante y algunas de las cosas verdaderamente importantes necesitan tiempo.

El valor de la perspectiva. Cumplir años permite mirar la vida desde otro lugar. Los problemas no desaparecen, pero algunos adquieren una dimensión diferente. Haber atravesado dificultades, pérdidas y cambios puede ayudar a relativizar y a distinguir mejor aquello que realmente importa.

El valor de transmitir. Una receta, una profesión, una expresión, una tradición familiar, una manera de entender el esfuerzo, una historia que hemos escuchado decenas de veces y que algún día echaremos de menos. Las personas mayores transmiten mucho más que conocimientos. Transmiten una parte de nuestra identidad.

Pero hay algo que no deberíamos olvidar. ¿Qué sucede cuando una persona mayor ya no puede aportar todo esto como antes? ¿Qué ocurre cuando aparece la fragilidad, necesita ayuda para las actividades más sencillas o un deterioro cognitivo empieza  borrar algunos de sus recuerdos? Entonces permanece el valor más importante: el valor de la persona.

Porque nuestra dignidad no depende de cuánto producimos, de cuánto ayudamos a los demás, de si caminamos sin ayuda o de si somos capaces de recordar qué hicimos ayer. Una persona que necesita cuidados sigue teniendo una historia, unos afectos, unas preferencias y unos derechos. Sigue mereciendo ser escuchada, respetada y tenida en cuenta.

Quizás este sea uno de los grandes retos de una sociedad que envejece: no limitarnos a valorar a las personas mayores mientras continúan siendo autónomas, activas y útiles para los demás.

Hoy, 1 de octubre, es el Día Internacional de las Personas Mayores. Mañana ya no lo será. Pero su valor seguirá siendo exactamente el mismo.